jueves, 30 de abril de 2015
las ponderaciones de papá....-1-
Estoy pensando en hacer relatos cortos que recuerden conversaciones con mi padre. He aquí uno.
Viene a cuento porque veo con preocupación el maximalismo en el que caemos de manera continua. Parece que, cualquiera de nosotros, tiene UNA solución, y SENCILLA, para casi cualquier cosa que nos rodee. Yo era -a lo mejor, sigo siendo- así. Por ejemplo, en mi adolescencia "revolucionaria", creía saber de todo y tenía solución para casi todo (ya no, felizmente, creo). Entonces, en una conversación con papá, me preguntó: "Rafa, ¿te sabes la ecuación de Newton? - Sí, claro... ¿cuantas variables tiene?....- cuento F (fuerza) G (una constante, de "ajuste"), masas y distancia.... Y dice mi padre: ¿Vale para todo el ámbito universal?... Digo, sí, creo. Me corrige, No, recuerda que en el ámbito intraatómico no funciona y.... no tenemos constancia de que funcione, realmente, en distancias intergalácticas....Me quedé callado porque preví el final.... "O sea, que una ecuación - de carácter unversal- con cuatro variables... TIENE LÍMITES", "¿tu crees que una solución -se refería al ámbito político, social, con un montón enorme de variables, tiene una 'tiene UNA SOLUCIÓN SENCILLA.... de ámbito universal"?. Mi respuesta: silencio.
martes, 7 de abril de 2015
¡Gazofiláceo!
Tengamos la suerte de tener parientes cultivados y originales. Un hermano de mi madre, o sea, tío natural, era un hombre realmente excepcional, médico -de todos y para todos-, artista -dibujante de tronío y soltura-, simpático, agradable, cariñoso, etc.etc.
Pues bien, una de las cualidades más significativas de este hombre, era su originalidad. Usaba términos que, por su sonoridad y extrañeza, llamaban mucho la atención. Una de ellas era la que da lugar a este artículo. La utilizaba, por ejemplo, para regañarnos: "rafalillo, ¡eres un gazofiláceo!" y, uno, sorprendido por el término y asustado por lo que éste pudiera describir.... se portaba bien.
Con el tiempo, aprendí su significado así como otros términos que, como se verá, resultaban muy útiles para determinados usos.
Ya profesor, alguien me indicó -supongo que alguno de letras-, el sentido de que los tacos y los insultos tuvieran vocales fuertes, consonantes sonoras y, de alguna manera, fueran términos muy llamativos. Pues bien, en determinado momento, ante un pequeño jaleo en clase y, como es lógico, con ánimo de tranquilizar a la colectividad, dije con una intensidad de voz más o menos adecuada: "chicos, sois unos gazofiláceos".
No tenía que haber usado el término en ese grupo porque resultó tremendamente eficaz: silencio, puesta en marcha de libretas o libros y, el problema ".... fuese y no hubo nada".
Pero, al día siguiente o un par de días más tarde, llega una compañera, tutora del grupo al que refiero la anécdota y, con voz algo seria dice : "Rafa, no sé qué es lo que has liado, pero hay ahí un padre que viene a quejarse de que has insultado a su hijo"....
Parece interesante señalar que mis relaciones con la compañera no eran, precisamente empáticas. Es decir, ambos -cada uno por su lado-, pertenecíamos a grupos de colegas no muy afines y, por tanto, digamos, el tono con que me fue dicha la frase entrecomillada de arriba, tenía más de regaño que de aviso. Algo así como "te he pillado has tenido un fallo que... podré utilizar alguna vez".
Acompañé a mi colega hasta el padre y, claro, me iba riendo por dentro así como preparándome para la seriedad del momento...
El padre me saluda, muy serio -la colega también lo estaba, claro- y, después de las salutaciones de rigor, describe la situación de que "el otro día se enfadó usted con los chicos y los insultó".
Pido descripción del insulto y lo suelta: "dijo ud., que eran unos gazofiláceos".
Pues sí, señor, le contesto, me ratifico en el término, a la vez que pongo encima de la mesa un tomo de la Enciclopedia Larousse que corresponde al término tan traído y llevado.
Le doy a leer el termino y, con cara de asombro, lee algo así -cito de memoria- "lugar que, en el Templo de Salomón, se recogían las ofrendas de los fieles".
Me echo a reir y le digo: Mire usted, en los momentos en que hay que imponerse -ya seamos padres o profesores-, hay que decir términos que sean sonoros y, al menos, parezcan importantes. Ahí tiene uno. Los críos respondieron y el término sirvió. No era congruente con el problema, no hería a nadie, no significaba nada que tuviera que ver con valoraciones... pero sirvió. ¿Qué más quiere?.
Lógicamente, se acabó el problema, balbució una disculpa y fuese, pero sí hubo algo...
Le dije a la colega que había metido la pata. Que estaba bien que no fuéramos empáticos, pero no tenía por qué alegrarse por "haberme pillado". No me había pillado.
Nota.- Cuando usar términos así se convirtió en una costumbre para mí, traté de corregir su dicción ya que me había dado cuenta de que, en este caso, es más correcto -aunque hay versiones- decir "gazofilacio". No obstante, si alguien quisiera utilizarlo, le recomiendo poner acento y cambiar la i -más suave- por una e, es decir, como mi tío.
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