lunes, 21 de enero de 2019

Coyote y Correcaminos



Yo creo que bastantes de las 'mejores' clases que he impartido han nacido en mi casa. Es decir, una tarde normal, con los hijos y viendo la tele con ellos, asistimos a una magnífica sesión de dibujos animados.
Concretamente, episodios del "coyote y el correcaminos". Nos reímos con ganas y, de pronto, surge una idea: ¿Y si utilizara las contradicciones físicas que hay en estas películas para las clases?¿Y si hiciera -en física- una especie de comentarios de.. películas sobre las piedras que echa el coyote sobre el correcaminos?¿ Y si....?
Te acuestas dándole vueltas al magín y, al día siguiente -o a los dos o tres días- encuentras la ocasión.
Cuarto de "ESO", tema de iniciación a la Inercia, caída de graves, velocidades, aceleraciones, todo eso.
Impartes el tema, invitas a que saquen conclusiones, encargas que se traigan de casa todas las observaciones que puedan y prometes que, al dia siguiente, van a tener una sorpresa.
Por una intuición que te ronda hace algún tiempo preguntas a la clase si alguien tiene idea de por qué surge la risa ante una serie de situaciones. Hay un bombardeo de ideas, se nos ocurren a todos un montón de cuestiones pintorescas y, al final, sugieres la explicación de Victor Hugo: "el absurdo súbito". Es decir, esa chispa inesperada que sale en una situación normal.
Aclaras algunas cuestiones y pones en el video una selección de "cortos" del Coyote y el Correcaminos.
Desde el principio, lógico, risas desenfadadas, más carreras, más risas, etc.
Pero, en un momento determinado -que he llevado preparado- pausas uno de los "cortos". En él, una piedra que ha arrojado el Coyote sobre el pájaro, y que ha provocado también la caída del Coyote, vemos cómo el animal adelanta a la piedra hasta que se coloca debajo. Claro, le cae encima.
Imagen fija y preguntas, ¿por qué es gracioso?.
Los más atentos -supongo que también han interiorizado leyes y fenómenos que tienen que ver con la gravedad- saltan rápido: ¡es imposible!....
Diálogo divertido con partidarios de una y otra cosa y, de pronto, dice uno de los alumnos más "serios".
"Rafa, es imposible hacer un análisis de estas películas, nos distraen muchísimo las caras divertidas que tienen el Coyote, de malo y el pájaro, de pícaro".

domingo, 20 de enero de 2019

¿Qué es bostezar?

En algún momento he citado que tuve la suerte -grandiosa- de gozar de un grupo de compañeros estudiantiles que, como mal se dice, ' se salían de la media'. Estábamos dispuestos a estudiar todo, a analizar todo y, si no nos lo explicaban en clase, lo buscábamos por nuestro lado. 


Estoy hablando de Bachillerato, Padre Suarez, en los primeros años de los 60.
Pues bien, en uno de nuestros análisis pasilleros, se nos ocurrió -estábamos a punto de entrar en clase de biología- preguntarnos sobre comportamientos de los humanos.

Concretamente, el bostezo ¿Qué era el bostezo?¿para qué le servía al cuerpo?¿Por qué ocurría?¿Por qué era contagioso?.

Y, en esto, suena el timbre y nos disponemos a entrar en clase de biología con un profe que era más serio que los usuales. Algo distante, sabía muchísimo y dictaba unas clases sapientísimas.

Pero, como estabamos muy motivados y siempre había un compañero dispuesto, una vez pasada 'lista', el delegado de curso se levantó y dijo: 

"D.Amadeo, perdone, pero quisiéramos preguntarle algo".
"Ustedes dirán".
"D. Amadeo, ¿qué es un bostezo?"
"¡Un acto de muy mala educación!"
Y, ahí acabó el tema. Nos quedamos sin saber qué era un bostezo.
Y, aún hoy, yo no lo sé.

sábado, 19 de enero de 2019

"Esa", no

En sexto de Bachillerato -ley 57- teníamos una asignatura "gorda", de esas que tenía un libro que impresionaba nada más que verlo. Además, teníamos un profesor que tenía una gran aura como sabio, investigador y orador. D. Antonio Dominguez Ortiz. 
Pero resultó que mi compañero de "banca" Deyhim, y yo, nos resultaba la "historia" infumable o, al menos, difícilmente asumible. 
Malviviendo como podíamos llegamos al final del primer trimestre. Examen. Durante todo este período habíamos procurado enterarnos, leer los temas, hacer resúmenes, en fin, no nos habíamos "matado a estudiar", pero algo habíamos hecho.
Nada, llega el examen y un día antes quedamos Deyhim y yo en hacer una pequeña corruptela. Tú te estudias los tems tales y yo me estudio los cuales.
Llegamos al examen, cinco preguntas. Nos miramos los dos, tú haces las dos primeras y me pasas tu hoja, yo hago las dos últimas y te paso mi hoja. La tercera, la hace cada uno.
En eso convenimos y eso hacemos. 
Al cabo de unos cuantos días llegamos a clase. D. Antonio se pone a dictar las notas -entonces, no se entregaban los exámenes- Vemos con sorpresa que no somos nombrados por orden de lista y nos dejan para el final.
El profesor imposta su voz y dice, tremebundamente. "Flores y Deyhim, se han copiado. Suspensos".
Evidentemente mi amigo y yo estamos de pie, como signo de respeto tradicional. 
Nos mira con mirada inquisidora. Y pasa a leer. "...ustedes dos citan a que D. Enrique el Navegante estableció su escuela de navegantes (o algo así) en el Cabo Finisterre y hay que decir el Cabo San Vicente".
Nos miramos sorprendidos, ¿cómo era posible que la única pregunta en que no nos habíamos copiado dijeramos lo mismo?
El profesor sigue, casi iracundo. "¿Tienen ustedes algo que decir en su favor?"
Y los dos, par de ingenuos, decimos y, además, a la vez: "Don Antonio 'esa' no".
La carcajada de los compañeros fue unánime y estentórea.
El profesor se quedó desconcertado. "¿Qué han dicho?".
Nosotros ya no sabíamos qué decir, acabábamos de "entregarnos" y, entonces salió un compañero en nuestra defensa
"Don Antonio han dicho que aceptan su fallo, que se consideran suspensos".

sábado, 12 de enero de 2019

Los nudos pueden evaluar

No sólo hay humor, bueno o malo, en el tema de qué hacer en el aula, sino también en un montón de tareas y actividades que tienen que ver con la enseñanza.
Así, hace algún tiempo (aproximadamente 40 años, -1978 o por ahí), me encontré con que un compañero, tecnólogo en nuestros Institutos de Formación Profesional, me venía con el siguiente problema.

"Rafa, como sabes, tengo el título de Ingeniero Técnico de Grado Medio y, como también sabes, parece que van a tratar por todos los medios de que el título de referencia para poder impartir las enseñanzas va a ser el de superior. Corro peligro de que me desplacen o me inviten a dejar la tiza.
Es por eso por lo que te voy a pedir el favor de que me ayudes a escribir una memoria para presentarme a Inspector"
.
Este hombre, -gran profesional- era conocido por una serie de reivindicaciones laborales y profesionales que solían tener una línea determinada -en este momento da igual la que fuera- pero, insisto, era muy conocido entre profesores y jerarcas de la actividad docente y también eran estos conocedores de su discurso.
Quedé de acuerdo con él en echar la mano que me pedía, pero, en cuanto empezamos a trabajar al respecto decidimos cambiar -por completo- su propuesta. Ésta iba a ser novedosa y desarrollarse alrededor de estrategias de formación de los docentes, no en atenciones específicas del alumnado, como él venía insistiendo desde antiguo.
O sea, cambiar de papel, de discurso, de rol y de propuesta. Nos parecía muy adecuada para aspirar a ser Inspector de la función docente.
Y, al cabo de un cierto tiempo -poco-, nos dimos cuenta de que, por afinidades políticas, tenía pocas posibilidades de ser designado. Nuestros jefes, en ese momento -como también ha pasado en otros- exigían un sólo color en la administración docente y este hombre no era afín a esas inclinaciones políticas.
No obstante, hicimos la memoria, la trabajamos muchísimo y, satisfechos, la presentamos. Pero, ¡feliz circunstancia!, pedían que el trabajo fuera presentado en forma de legajo. Es decir, los folios estarían encerrados entre unas tapas de cartón y éstas, atadas con unas cintas a propósito.
Nos propusimos investigar si su memoria iba a ser leída o no y, a él se le ocurrió acudir a un señor que sabía de nudos marineros e hicimos unos nudos dignos de un balandro cruzando un temporal en el Pacífico.
Cuando salió la lista de elegidos se confirmaron nuestras sospechas. No estaba elegido y, se decía que había que ir a recoger los trabajos tal día y a tal hora. Hasta tanto llegaba esa ocasión tratamos de preguntar a miembros del comité evaluador qué pensaban de "nuestro" trabajo.
Nos comentaron que el concursante había dicho lo de siempre, que eso era muy manido, que tenía poca originalidad y que no estaba adecuado al momento.
Nos callamos. Fuimos a recoger el trabajo y nos fue entregado por uno de los miembros del comité evaluador.

Al recibir el paquete nos echamos a reír, claramente. Le dijimos: "no habéis abierto el trabajo".
"¿Cómo que no?¿Acaso dudáis de cómo hemos realizado la evaluación?" y, claro, dijimos que sí que no sólo dudábamos de la evaluación sino que manifestábamos que esta no se había realizado.
El evaluador se puso enfadadísimo. "¿¿¿¿cómo podéis decir esa infamia???".
Muy sencillo. Haga usted el favor de deshacer los nudos de las cintas que encierran el trabajo.
Se quedó helado. Miró los nudos y enarcó las cejas. Se sintió pillado y, claro, callado.
Como teníamos todo perdido -políticamente hablando- recogimos el trabajo. Deshicimos los nudos y, ojeando sus páginas -y con evidente sorna, claro- dijimos "esto no lo ha mirado nadie".
Le dirigimos una mirada displicente y nos fuimos.

jueves, 3 de enero de 2019

Gato chico, gato grande

Anécdota paterna: 
Mi padre -profesor donde los hubiera- tenía especial admiración por D. Isaac Newton (el don se lo poníamos en casa como forma de respeto gracioso). 
Pues bien, partiendo de que sabíamos de su admiración por este gran hombre, alguna vez nos contó que, "aún Newton, con su magnífica cabeza, dicen que metió la pata alguna vez. Así, cuando por fin le reconocieron su valía y pudo comprar una casa -de campo- resultó que tenía un gato grande y un gato pequeño. Entonces, le encargó al carpintero que en la puerta del corral hiciera dos agujeros. Uno para el gato grande y otra para el gato pequeño"....
Esto promovía en los hijos y en quien le oyera una sonrisa condescendiente: "Hay que ver, este Newton estaba tonto..." porque era evidente que no hacía falta más que un agujero, jejejeje".
Y, parecía que sabíamos más que un Newton, tonto, claro.
Lo utilicé en clase. Bastante. Contaba la anécdota, los alumnos se reían y, luego, pasaba a encargar ejercicios de física: "A ver: un aparato calefactor tiene dos potencias segúndice el fabricante, una de 1000 w y otra de 2000 w. Se ha roto la toma de corriente, y tengo que comprar una en la tienda de al lado. ¿Para cuántos amperios tengo que encargar la toma?. Hágase el cálculo con una sola operación".
Los chicos hacían dos operaciones: 1000W/220V = 4 y pico A. 2000W/220V = lo que sea.
Preguntaba en voz alta, ¿quién lo ha hecho?.
El más presuroso decía, una toma para 5 amperios y otra para 10, aproximadamente.
La carcajada era general y el apresurado corrector miraba a sus compañeros con sorpresa.
Ellos le decían: "Has hecho dos agujeros, con uno bastaba".
Ciertamente lo pasábamos muy bien, gracias a una 'tontería' de Newton.