martes, 18 de diciembre de 2018

Reflexiones sobre enseñanza -1 (1999)










O.- INTRODUCCIÓN.-

            El presente documento no pretende en modo alguno “llevar razón” al modo y uso de las propuestas analíticas sobre un programa político o un análisis sociológico. Es, de alguna manera, el “vaciado” de sensaciones acumuladas durante demasiado tiempo y que han ido formándose a base de conjeturas personales y de lecturas o interpretaciones de la realidad, que por no estar cotejadas con nadie, pueden ser –evidentemente- una suma de subjetividades más cercanas a una experiencia personal que una reflexión en sí.

            Parece obvio, por lo dicho arriba, que el papel que deben cumplir estas líneas es, primero, una concrección, en la reflexión, segundo, constituir un vehículo de cotejación con alguien más ducho o que tenga una visión más libre de lo que aquí se expone.

            En cualquier caso, lo dicho es sentido, fuertemente.

           

I.- ANTECEDENTES.

            Para el que suscribe, gran parte de los problemas que acontecen hoy día a la LOGSE, el personal docente, dicente y mecanismos sociales correspondientes, nace de la crisis política acontecida en el año 1982, a raíz del cambio de gobierno de la UCD al PSOE.

            Es hecho histórico, un hito, según los entendidos, que pocos países vivieron con más esperanza, ilusión y alegría el acceso democrático de un partido socialista al poder. Es bien cierto de la misma manera que una enorme capa de población estaba dispuesta a prestar ayuda, colaborar, apoyar, o lo que fuera, al nuevo sistema que se parecía vislumbrar.

            Igualmente parece ser cierto que el análisis que había hecho el grupo que se subía al poder, respecto a lo que se podía encontrar en él, tenía la misma distancia que puede haber entre Lepe y Las Antillas; es decir, se había accedido a través de un análisis formado más por ilusiones que por realidades y convocado a la voluntad personal de la misma manera. Pero así estaban las cosas y, ¡qué duda cabe!, no hay sino que congratularse con que las cosas fueran así y, sobre todo, que hayan acabado bien.

            Pero ya entonces empiezan a sentirse  cosas que huelen no del todo bien. De un lado el haber coincidido en ese mismo verano del 82, con grupos de antiguos republicanos en México D.F., que estaban molestos porque –decían- habían ido militantes del PSOE a ver al PRI...., pareciendo fácil establecerse la ‘sensación’ de que más que un servicio político la cosa empezaba por diseñar una perpetuación en el poder y no precisamente con un modelo deseable.

            Al poco de estar funcionando el gobierno socialista, empiezan algunas decepciones y, hasta ahí, todo lógico: no se crean  tan fácilmente 800.000 puestos de trabajo y, quizás lo sabíamos así de claro, pero empieza a existir un principio de realidad.

            Y si eso es en el “pueblo” llano, podemos esperar que en las ‘alturas’, tengan tanta decepción o más. El rol histórico que podría pedírsele a un gobierno socialista es que acudiera, fundamentalmente, hacia un esfuerzo en la repartición de la riqueza, al menos a intentarlo.  Pero esto es más difícil –si es que algo puede hacerse al respecto- y, también es histórico que los partidos de izquierda en el poder –según diseño y análisis posterior- tienen que hacer en muchos casos una política más liberal que los propios de derecha.

            Podría seguirse por estos devenires pero parece urgente acudir a lo que nos interesa. En poco tiempo hay que cambiar el énfasis de atención social y, así, de ser el tema de riqueza/pobreza el principal no posible, hay que derivar hacia otros roles políticos que son posibles y, sobre todo, accesibles.

            Está claro. Los grandes avances de las sociedades socialistas (aunque al pasar el tiempo se le han ido viendo sus debilidades en el terreno del reparto de la riqueza, o lo artificial o inestablemente que estaban  definidas sus bases), eran por los papeles sociales de la salud o la educación.

            Y la lectura de lo posible viene marcada hacia la segunda dado que una gran parte de la colectividad de los enseñantes estábamos “por el cambio” y de ella habían salido una enorme parte de los “cuadros” del partido socialista.

            Éramos, por tanto, un  colectivo sensibilizado y, sobre todo, “dispuesto”.

            Había que hacer, por tanto, el gran cambio en la enseñanza. Que, además de poder venderse como alcance de gestión, era –posiblemente- exportable a otros sectores sociales más remisos a la injerencia de una política socialista (léase ‘médicos’ o ‘jueces’)...

            El poderío alcanzado a través de las votaciones era tal que se permitió algún prócer del partido diseñar una nueva forma de Estado, en absoluto deseable, y que se le toleró por ‘ser vos quien sois’ o por la nueva dinámica de ‘como son de los nuestros, algo de razón tendrá...’.

            ‘Montesquieu ha muerto’. Gravísimo, Pero era de inteligentes, como en el cuentecillo famoso, ver el traje que no llevaba el rey.  Poca gente se atrevía a disentir de lo que se dijera por la izquierda socialista. Éramos viejos compañeros de viaje y había que callarse... o quedar como facha o reaccionario ante una enorme multitud.

            Puedo contar anécdotas al respecto a montones, pero no harían otra cosa sino entretenernos.

            El problema empieza a lo grande. Hay que hacer la revolución en la enseñanza. Hay que hacerla bien y perdurable. Hay que pasar a la historia como el gobierno que más ha hecho por la educación en toda la historia de España.

            Tales fines son laudables, el cómo se hicieran y qué se consiguiera a través de ellos es más discutible. Porque el problema –entre otros- y evidentemente para mí, es que alguien tuvo que descubrir en pocos años que siguen al 82 que, aparte  de todos estos servicios,  podían conseguirse otros papeles políticos de altísimo interés: el consolidarse eternamente. El que accedieran al funcionariado, en sitios claves, un montón de militantes atentos y sumisos al partido al que le deberían estar firmemente agradecidos por mejorar sus condiciones laborales y geográficas.

            Se hacen multitud de cosas, con una ambigüedad política notoria. Se multiplican estructuras del estado,  aún a pesar –y me consta- de que hubo gente que acudía a los próceres a decirles lo disparatado de tal gestión. Se quitan así los ICEs, haciéndoles la competencia con los primitivos C.E.P.s. (Ya me dirán cómo ha acabado la cosa)...

            Lo peor, para mí, es que se hizo un análisis de la L.G.E., que lo iban a entender los inteligentes, es decir, todos. Independientemente de que fuera cierto o no, fuera profesional o no, fuera representativo o no.

            Se acudió así a parámetros parciales que tenían mucha resonancia social y que, por su facilidad de asunción, iban a ser cacareados hasta la saciedad: El enorme “fracaso” escolar de la L.G.E.

            En ningún caso se situó el problema con todas sus implicaciones. El partido había dicho que había “fracaso” y ¡ya está!.

            Aquí no valió que hubiera disidentes, que hubiera gente que pidiera se hicieran las correspondientes cotejaciones con problemas culturales  de las familias de los fracasados, que hubiera una crisis cultural hacia el dinero fácil conseguido a través de algo que hasta entonces no había sido tan significativo: las producciones antiguamente marginales y ahora importantes: grupos de canciones, grandes líderes del deporte, del ocio, de la TV, etc., factores todos que no iban precisamente a motivar hacia el estudio...

            ¡Ah! Y otro fenómeno importante. El acercamiento de los salarios fuera cual fuera la preparación de los trabajadores, conseguido a través de una política, o labor sindical, que es fácil aceptar como justa pero que era difícil ver el papel desmotivador que iba a tener para los estudiantes....

            En cualquier caso, aceptado está: Hay un fracaso escolar que conviene arreglar. Por tanto, como hay fracaso, hagámos –qué menos- una Ley nueva que no tenga ese fracaso.

            El problema es que, además, hay que hacerla de manera ‘democrática’ y ‘participativa’. Se van a admitir ideas-piloto, experiencias al respecto, grupos de renovación pedagógica, y toda la parafernalia al efecto.

            Y, para motivar a la gente a que haga experiencias, nada mejor que ‘pagar’ estos servicios. ¿Cómo?. Es bien fácil, concediendo puntos para traslado o favores para acceder a estructuras que se llenan con designaciones a dedo.

            El funcionariado remiso a tal análisis o a esas estructuras o disidente, a fin de cuentas, empieza a quedarse retrasado....por cumplir la Ley en vigor.

            Podemos tocar aquí el  papel que hacen los sindicatos en cuanto a defensa de los trabajadores.... sumisos a un sistema establecido. Los disidentes...., tienen pocos derechos, son reaccionarios.

            Quede señalado de manera clara una aberración política de primera categoría: se premia a las ilegalidades. Se castiga lo legal. 

            El caso es que tal dinámica dura mucho tiempo. Seis o siete años, más o menos desde el 83 hasta el 89-90. Tanto que clama al cielo el no haber podido llegar a una Ley cuando se lleva anunciando desde tanto tiempo la necesidad de desbancar la Ley franquista que es la L.G.E.

            Lo curioso del caso es que tales años no pueden ser señalados más que como un marasmo de propuestas. Se sabe lo que no se quiere hacer, pero no se concreta en lo que se va a hacer. Véanse cómo los “bonzos” de la pedagogía de estos años no se adscriben más que a críticas y a tímidas propuestas nada estructuradas como edificio global. No se puede ser conductista, pero, entonces ¿qué se es?. No se puede ser dirigista, pero ¿cómo se arregla eso?.... Ni Gimeno, ni Serramona, ni otros que tendría que buscar ahora en la memoria y en la biblioteca dicen nada sobre teorías del aprendizaje... sólo la crítica al conductismo... y  a la enseñanza por objetivos, pero...poco más.

            De pronto ¡oh milagro!. Aparece Coll. ¡Alabado sea!. Y ahora se sabe todo.

            Menos mal porque ya casi no quedan puestos por cubrir y la máquina amenaza colapsarse con experiencias piloto, reformas adelantadas, etc...

            Ahora todos son (somos) cognitivistas. Ya hay una teoría del aprendizaje que  dice  cómo se estructura el “coco” ante la enseñanza. Y no hay más que esa. Todos los temas de todas las materias, en todas las edades, en todas las enseñanzas, han de interpretarse según el esquema cognitivista.

            ¡Y nos gusta a todos! (dicen) , porque, a fin de cuentas, los promotores y vendedores del sistema llegan a decir que ‘es lo que siempre hemos hecho’. Pero ¿no es nuevo?.

            En pocos meses, lo difuso anterior, viene a ser concreto. Ya se sabe cómo se va a legislar, decretar  y ordenar para que no exista el fracaso escolar. Vamos a ser el país de Europa que menos fracaso tiene. (Sigue sin tocarse el tema de las influencias familiares, sociales, etc... pero eso no pertenece a un colectivo sensibilizado... por tanto, no interesa... –por lo visto-).

            ¡Nace la LOGSE!. Octubre 1990 –creo recordar-. Y todo el edificio docente se aclara.

            Se aclara, entre otras cosas, que los 200.000 (tiro corto) funcionarios que pertenecen a la docencia, no estamos preparados para este nuevo esquema cognitivo. Nuestras mentes –salvo los elegidos que  optaron ya por el sistema desde muchos años antes- no están  preparadas para este esquema. Los CEPs adquieren una preponderancia enorme y hay que hacer cursillos de la administración. En ningún caso valen los de Lovaina, Harvard, o Nanterre. Nuestra Junta de Andalucía –por ejemplo- tiene más trayectoria pedagógica que cualquier universidad de reconocido nombre. Así, se premian más los cursos ‘sumisos’ al poder que los auténticamente valiosos. Pero esto es algo conocido de antiguo....(desde el 84, p.ej.).

            Entre las cosas curiosas que tiene la LOGSE es la propuesta de un revolucionario proceso de evaluación. Tanto, que –si se quiere decir de manera simple- deja chico al famoso “artículo 23” que se solía aplicar en casos extremos en algunos centros.

            Se dictan normas –que sería prolijo enumerar aquí- para que la ley sea nueva y revolucionaria.

            A los nueve años de puesta en marcha la Ley, he oído decir de insignes miembros del CEP de Granada que, “evidentemente los parámetros con que se medía el fracaso escolar en la antigua Ley no son aplicables en la nueva” (sic) y que “si se aplicaran los parámetros antiguos a los alumnos de ahora, es probable que se tuviera un mayor fracaso escolar “ (sic).

            Luego lo menos que se puede decir es que ha habido una opción fundamentalmente deshonesta al desmontar la vieja ley y montar la nueva. No se iban a arreglar los problemas de la anterior sino, posiblemente, a hacerla servir a intereses espurios.

            Pero, volveremos sobre ello más adelante. El plan, ahora, es elaborar una propuesta “crítica” (¿no se dice así?) sobre algunos aspectos de la LOGSE que pueden parecer difícilmente aceptables y que, deberán servir ante el colectivo de docentes como  el chico que llegó al pueblo y “vio al Rey desnudo encima del caballo”.

 
            En todo este marasmo hay distintas dinámicas de según qué grupos. Así, he conocido Centros de Bachillerato –ámbitos de antiguos y conocidos resistentes al régimen franquista- que  no plantean ninguna resistencia, crítica ni aportación a lo que se les viene encima. Tan sólo –si acaso- el que no se va a poder conseguir en dos años lo que antes se conseguía en cuatro. El planteamiento ante el cúmulo de sinrazones que confiesan prever en la nueva Ley es, tan sólo, que “haremos lo bueno que hacíamos siempre”. O sea, hay búsquedas individualizadas de insumisión, sin clave política y sin trascendencia social.

            En los antiguos Institutos de F.P., la dinámica es más compleja. De un lado,  un gran grupo de profesores de teóricas preven la posibilidad de ser ¡Profesores de Bachillerato!, así, con mayúscula y esto, ¿qué duca cabe? es altísimamente interesante... Otro grupo, de profesores de las distintas áreas tecnológicas piensan –me parece a mí- lo que los marines americanos en la IIª Guerra Mundial ante el altísimo número de bajas en los desembarcos en el pacífico “a mi no me va a tocar”.... la rebaja sustancial de puestos de trabajo que se puede prever fácilmente y hacen “de su capa un sayo”: “pasan”.

            Pues bien, el “coco” ya está aquí. Ya somos todos “Profesores de Educación Secundaria”, ¡qué alegría!: Empezando por lo bueno diremos que tenemos muchos más puestos a donde concursar por traslado. Así  los antiguos prof., de Bach., que quieren acceder a centros de la capital han ganado oportunidades porque son bastante más antiguos que muchos de los ‘antiguos’ de F.P., y están esas plazas para concursar. Los de F.P., porque ya podemos ir a Institutos de Bachillerato, que visten más ymejor que lo que teníamos. Los profesores habilitados, provenientes de la antigua E.G.B., van a dar clase en Institutos... ¡Todos contentos!.

            ¿Sí?, ¿de verdad?. Veamos algunas cosas de las que tenemos ahora.

            Como había que quitar “cuerpos de élite”, indignos en una organización social igualitaria, se eliminan los “cátedros de 200 temas”... Ya se venía haciendo por unos concursos de acceso de Agregados a Catedráticos, pero ahora es más ‘fina’ la cosa: Se socializa la “catedralicidad”, es decir, “todos” podemos ser catedráticos y se encuentra una forma extraordinariamente inteligente . de verdad. Como quiera que nadie o casi nadie lee los panfletos del Ministerio ni de la Consejería acerca de la nueva Ley, se va a premiar no sólo a aquellos que se los lean, sino a aquellos que  los, repitan, comprendan y proclamen. Aquellos que hagan una “memoria” en donde hayan comprendido el decreto 1007, el libro de Coll, el organigrama del nuevo sistema educativo, establezcan una propuesta (sumisa, sobre todo) del curriculum de su asignatura para Bachillerato... serán “catedráticos”, cobrarán –dijeron- alrededor de 16000 pta al mes más y se podrán hacer tarjetas de visita –cierto, hay casos- con el pomposo título –incierto por otra parte- de ser catedráticos.

            Pues bien, esta habilidosa estratagema, que creo entender sorprendió a sus propios autores por su eficacia  ha tenido un éxito considerable. Es más, ha consolidado –dijimos esto más arriba, ¿no?- más puestos de gente a-crítica con todo el sistema. Lo cual es legítimo, ciertamente,  pero al menos conviene cuestionarselo.

            Por ejemplo, hay análisis sobre las listas de la junta de andalucía, de antes de los recursos, que demuestran cómo se utilizó esta convocatoria no sólo para subida personal, sino para defensas corporativas y defensa de corporaciones políticas. Así, he oido decir, puedo decir dónde y por quien, que como quiera que esto estaba avalado por un Sr., de la Junta que provenía de la F.P.,  “estaba claro que iban a favorecer el que los de este sector llegaran al puesto de Catedrático”, lo cual les avalaba moralmente el que hicieran –los de Bachillerato- lo que estuviera de su mano para ‘compensar’ tal premisa. Y así fue en el terreno corporativo: Ganaron los de Bachillerato.

            Pero no sólo esto, sino que había otro sector significativo que concurría a la convocatoria: los antiguos Centros Sindicales. Estos, cuando estuvieron “descolocados” en el organigrama educativo, se sintieron desamparados por razones lógicas y obvias. Se apuntaron mayoritariamente entonces a la FETE-UGT, porque previeron que era el sindicato que más amparo les iba a ofrecer para su inserción en el Ministerio de Educación. Lo cual era lectura política obligada dada las circunstancias y del todo correcta, estratégicamente hablando. Pues bien, este sector salió igualmente beneficiado “comiendo” tanto bocado a los Institutos de F.P., como el que le había cogido bachillerato en su “legítima defensa”.

            ¿Cómo se podía hacer eso?. Bien claro está. En la primera convocatoria se puntuó sobre 4 el valor de la “memoria”. Las materias de Bachillerato y a las de F.P., que no competían entre sí, p.ej., Derecho, se puede pensar que las calificaciones no estuvieron presionadas por intereses de cuerpos ajenos a los que concursaban. Así, otro ejemplo, la filosofía o el griego. En ellas los tribunales tenían gente –digamoslo así- sólo de griego, filosofía o derecho, y sólo tenían que concursar y calificar.

            Las materias “comunes” eran más complicadas. Había que ver que materias tales como el Inglés, donde había profesores más ‘antiguos’ en F.P., que en Bachillerato, hubo que calificar a los primeros con “0” (cero) en la memoria, porque a poco que les pusieran ya superaban a muchos de los de Bachillerato. Y “i want think”  que muchos profesores de inglés no son tontos del todo.

            También, es curioso ver cómo militantes conocidos de FETE-PSOE-UGT, sacaban un 4 en las memorias, porque, si sacaban un 3,70 –que es también una muy buena nota- no accedían a la “condición”.

            De lo anterior tengo datos, nombres y estadísticas, que lamentablemente no tengo al día del todo porque soy incapaz por el momento de estar al día de los resultados de los recursos habidos y por haber.

            En cualquier caso lo descrito sigue formando parte del marasmo que me han permitido llenar 4 folios y medio por el momento.

            ¿Y la situación actual?.

            Esto está escrito en noviembre/diciembre del 99.

Reflexiones acerca de la implantación Logse



Reflexiones acerca de la problemática que puede hacernos interpretar la LOGSE y sus consecuencias. Jalones para su posible interpretación desde el punto de vista del aprovechamiento sindical y sugerencias de posibles acciones conceptuales a medio y largo plazo





I.- ANTECEDENTES HISTORICOS.-

I.1.- Postrimerías de los años 60

                La razón para nombrar esta época no es otra que la de señalar que los promotores, autores, gestores y ejecutores de la nueva Ley de Educación del año 90, son personas que, en los años citados estaban en pleno período de formación.

                Al menos, en una lectura positiva desde el punto de vista político, queremos creer que fueron gente comprometida, porque -de lo contrario- no nos cabe pensar que sean más que jóvenes que pretenden "epatar" a la pedagogía o visionarios de un mundo pedagógico-educativo en el que pretenden pasar a la historia.

                Esos años se caracterizan porque el grupo humano pertenece a una cultura bastante simplista. Existe el franquismo, al que se le atribuye la cualidad de intrínsecamente perverso y, por ello, toda acción contra él, es necesariamente buena.

                Como quiera que el franquismo es intrínsecamente perverso no puede hacer nada bueno, en absoluto, todo habrá que renovarse, cuando esta generación llegue al poder...

                Otra de las caracteríticas de este grupo humano, por el hecho del momento que le ha tocado vivir es la característica generalizada de los años 60, internacionalistas, interculturalistas, en el que se vislumbra "el final de la utopía" en el que, por fin, se podrán arreglar todos los problemas del humano sobre el planeta.

                Asímismo, se tambalean los mundos coloniales que quedan, se tambalea el gran imperio de los USA y, a fin de cuentas, se asume -como dogma de fé- que "el pueblo unido, jamás será vencido"...

                La generación de políticos que dió lugar esta época es fundamentalmente más hacia la vena moralista que técnica. Es decir, dado que se presuponía a nuestra organización social como corrupta e inmoral, nosotros, la llevaríamos a sus más altas cotas de moralidad e intachabilidad.... ¡Pobres!.

                Los grandes grupos políticos, marcados más por una línea de disciplina unos y de utopía otros, no se plantean en ningún momento el posibilismo político. Es decir, nadie de los políticos comprometidos de entonces (o casi nadie), podía atender a cómo se organizaba, concretamente, cualquier parcela del estado. SE despreciaba el mundo jurídico y, dado que el franquismo se aventuró a definirse como un "estado social y de derecho", hasta el concepto "estado de derecho", quedaba en alguna manera desvirtuado.

I.2.- La "Ley General de Educción"

                Llegado el año 1968, cuando vivimos con envidia, estupor y desconcierto lo que había pasado en Francia, y que hay que admitir que vimos más la vena folclórica que real, y aún más, la interpretamos de una manera totalmente utópica si es que llegó a algún punto la interpretación, aparece un 'engendro', cual es el "Libro Blanco de la Educación" del famoso Villar Palasí-Diez Hotchleiner.

                Educadores que nos hablaban de este famoso libro decían de él algunas cosas  que el tiempo ha vuelto tremendamente vitales. A saber, entre otras,

                * que era una "Ley General", que recogía, por tanto, todo el organigrama del sistema educativo. Es decir, se regulaban relaciones académicas, institucionales, jerárquicas de formación e importancia desde la más tierna infancia hasta los estudios de post-grado.
                                Cabía pensar, por tanto de él, que daba una estructura bastante congruente a todo el sistema educativo. Los licenciados que salían de él, sabían a quienes podían instruir y bajo qué forma se insrtaban los de una línea educativa en cualquiera de los 'líneas'- que ahora llaman- educativas.

                                Es más, preveía, de alguna manera que aquellos que, circunstancialmente, hubieran empezado algún tipo de estudios, a base de pruebas, cursos puentes u homologaciones, corrigieran su 'error' y fueran hasta buen puerto, por otros sitios.

                * Pero, además, avanzaba en bastantes campos respecto a la Ley 57 en muchas cosas. Por ejemplo:
                                - quitaba las puñeteras notas tales como 4,35.
                                - quitaba la manía de hacer 'medias' más que discutibles desde el punto de vista matemático
                                - impedía que se suspendiera a nadie por 'mala conducta', haciendo que se separara la nota de conocimientos de la de actitud.
                                - empezaba a hablarse seriamente de la superación de los exámenes memorísticos y se atendía a la evaluación continua.
                                - se hacía un registro de todos los incidentes del alumno, llevado adelante por el tutor bajo la forma del famoso ERPA, en el que dberían apuntarse todos los avances, estrategias formativs, etc. que hubiera sufrido o gozado el alumno.
                                - se instautaba un sistema de reunirse en grupo para estudiar cómo funcionaban los alumnos bajo la forma de sesión de evaluación a la que se le adjudicaron no pocas esperanzas.
                                - permitía una serie de innovaciones procedimentales que eran auténticamente revolucionarias.
                                - promovió en lo que pudo la "educación individualizada", aunque bien es verdad que no pudo superar el cuestionamiento de si había que darle a cada uno la nota según sus merecimientos o según las necesidades que la sociedad tuviera de él...
                                (pero esto, todavía -como otras muchas cosas- está por resolver....)
                                - hizo que algunos estudios desmembrados de distintas instituciones se agruparan bajo lo que parecía que era deseable: que la parte de Estado que se encarga de la enseñanza/educación, regulara y coordinara todo.
                                - hizo que algunos estudios excesivamente parciales y excesivamente 'pragmáticos (podríamos decir) ampliaran sus capacidades hacia campos humanísticos. Así la antigua Oficialía y Maestría Industrial, que hacían demasiado hincapié en la formación técnica, se abrieran a estudios de lengua, humanidades, etc. (hasta psicología, p.ej.) que harían que ese mundo de población que se reinsertaría en la población laboral estuviera bastante mejor formado... y esto se consideró altamente progresista (aunque no se pudiera decir, porque.... lo había hecho el franquismo).
                                -... luego saldrán más cosas.

                                - ¡Ah!, lo que es más importante, desde lo que ahora vivimos: Instauró la Educación Obligatoria hasta los 16 años, bajo dos formas: o bien prolongación de la EGB hasta los 16 (que sólo estaría exento si los cursos de 7 y/o 8º estaban llenos en ese centro y que ¡qué casualidad!: siempre todos estaban llenos), o bien bajo la forma de Formación Profesional de Primer Grado, que era obligatoria y gratuita. Hasta el punto de que no lo entendíamos: Tuvimos que indagar bastante para poder decirle a los padres que lo que significaba era que no podían disponer de sus hijos hasta que no tuvieran 16 años y que, por tanto era obligatorio que estuvieran en los Centros de F.P.


                No obstante lo anterior, la Ley tuvo bastantes críticas:

                                - Por ejemplo, se dijo que si tenía mejoras era porque nos estábamos quedando atrasados respecto al mundo moderno y que había que actualizar nuestros cuadros laborales, técnicos y superiores a las necesidades del capitalismo multinacional... Pues qué bien...
                                - Por ejemplo que, al prolongar la EGB hasta los '14 años' (mírese lo anterior), se quedaban desplazados un montón de licenciados, con lo que se denotaba fácilmente que el gobierno, lo que pretendía, era abaratar la formación de los cuadros docentes....
                                - Se había bajado mucho el nivel de exigencia en los estudios: la evaluación continua desfiguraba los resultados y tapaba malas notas. Siempre había algo que compensara las notas. (Ello era cierto en un uso altamente curioso, la inmensa mayor parte de los profesores tendía, en la duda, a jugar siempre con la banda media de las notas: ¡habían desaparecido los Sob y los MD  como por arte de magia!.
                                - Se dijo que al tratar de extender la educación a grandes masas de población, se perdería -necesariamente- en calidad de la mism....
                                - A fin de cuentas, a falta d eotras críticas, tenía un problema intrínseco... era franquista. ¡Ah! y tecnocrática.
                                - Un defecto, no de la Ley pero sí del entorno del mundo educativo fue el hecho de que todas (o casi) las generaciones que tuvieron inquietudes políticas en las facultades, acabamos todos en la tiza. Estaba claro, era el mundo en el que había más tiempo libre, se podía uno dedicar a otras actividades clandestinas y, en cierta forma, sembraba las nuevas generaciones futuras. Cuantos de nosotros oimos decir, entonces, que el objetivo de la formación era "hacer comunistas" (sic).
                                - Su sustento epistemológico era discutible por cuanto se le suponía a la ley un sustento conductista en su metodología y esto, para la izquierda de aquel entonces era clara y absolutamente negativo.


                Pero tenía, nadie lo duda, avances innegables:

                                Instituciones creadas al amparo de la nueva Ley permitieron la creación y funcionamiento de Institutos de Ciencias de la Educación, dependientes de la Universidd formalmente, pero que en realidad lo hacían de su director y de la dinámica que este quisiera darle. Así, fueron particularmente dinámicos en el ámbito de los ICES privados, los de los Deusto (de los Jesuitas), de la Universidad de Navarra (del Opus) y, creo recordar -aunque con dudas- otro que tenían los Calasancios o los Salesianos.
                                En el ámbito de los ICEs públicos, las Universiddes Politécnicas tuvieron gran auge y equipos dinámicos, así el de Madrid, el de Valencia y muchos más que no puedo recordar o no sé hacerlo.

                                Estos ICEs, que también algunos fueron de infausta memoria, cubrieron un papel importante a la hora de cambiar modos y hábitos de muchos de los profesores. Se dieron cursos buenos y malos, "CC.AA.PP" presentables e infumables, pero es cierto que, al menos la cultura general pedagógica de la colectividad de enseñantes creció notoriamente.

                                -

I.3.- El Cambio democrático.

                Contando con la realidad de la población docente en España hay que decir que en estos tiempos (del 70 al 74/75) creció de manera notable: No recuerdo si Agroman o Entrecanales y Tavora llegó a ofrecerle al gobierno que podían hacer no sé cuantos de cientos de Institutos en España en seis meses, a lo que el gobierno sólo pudo responder con que no podía llenar de profesores esos centros a ese ritmo.
               
                En cualquier modo, los institutos crecieron, basándose en los C.L.A. de pueblos de más de tres mil habitantes y dando clase gente que ni tenía titulación se llegó a una población de bachilleres enorme... en un mundo que partió de una propaganda de que... todo el mundo podría ir a la Universidad.

                Esto podría ser objeto de otro análisis complementario.

                Pero había un dato fundamental. El mundo de los docentes estaba formado por dos grupos tremendamente delimitado: el de los viejos carcas que había en cada centro. Profesionales con muchísimos años que llevaban una vida dando clase desde su juventud, que también era normal que dieran clase en academias privadas o en otros centros y... los jóvenes que llegábamos sabiendo más que nadie y comiéndonos el mundo. Entre otros, muchos de esos jóvenes son los que después han sido padres, gestores y ejecutores de la nueva Ley "LOGSE".

                El mundo era fácil vivirlo así: nosotros éramos los buenos, los progres, los que sabíamos cómo había que hacer las cosas. Además, eramos "anticorporativos", "obreristas", promotores de la participación del alumnado, fuera esta legal o no, algo así como el profesor que sale en la película de "el club de los poetas muertos"... con la ventaja de que los carcas eran... como los compañeros de éste. O sea, malos, poco menos que feos, dictadores, conservadores, etc...

                Está claro, esto es fácil vivirlo así.

                Pero se muere Franco, y empieza a tener que concretarse el cómo hacemos el país, qué estructuras cambiamos y cuales no, qué cosas hay que hacer, etc.

                Una cosa aparece de inmediato: contra Franco vivíamos mejor. Es decir, ya no hay tanta unidad, hay versiones sobre qué y cómo hacer, sobre por dónde empezar, etc. Y, surgen, entre otras cosas, la división entre los que ven una posible concrección personal en la política y los que van a seguir siendo sólo lo que eran, enseñantes.

                Es más, la victoria de UCD en los primeros tiempos hacen que los que vislumbran su mundo político, sigan trabajando en ello. Más peleados que cuando vivía Franco, pero sigue siendo su actividad principal la política.

                Los que, por el contrario aún viniendo de orígenes comunes con los políticos, no vislumbraron un mundo profesional en ello, se dedicaron con màs hincapié a la docencia. Y ello fue en cierta forma terrible: Ya no estaba claro quien era el del club de los poetas muertos o vivos. No era tan deseable que, para que un profesor fuera bueno, tenían que ser el resto un hatajo de cabrones, no era tan bueno que un profesor subiera a los alumnos en su coche. No era tan progre que, por cojones, te llamaran de tú... Y tantas y tantas cosas.

                Normal: lo de que ya se ha alcanzado (o se va a alcanzar) un estado democrático y de derecho (aparte de social, pero eso ya lo decía Franco, también) y, por tanto, no es tarea sacrosanta dedicarse a la política.

                Se concretan algunos puntos de anticorporativismo. Se actúa fuertemente contra las oposiciones, por considerarlo un método trasnochado e inútil, se agrupan los sindicatos en una especie de intersindical que convocaba a montones de gente en Madrid cada dos por tres.... No estaba mal aquel ambiente, no, pero lo mejor es que en los centros, las discusiones sobre qué y cómo hacer dentro de la docencia, iban dando (para los que se habían quedado en la docencia de manera fundamental) la idea de que la L.G.E. era aprovechable en un mundo democrático y que la pretendida formación integral que también esta Ley pretendía se podría conseguir a partir de ella.

                Iniciativas variadas que habían comenzado en la clandestinidad bajo el franquismo de reformas pedgógicas iban tomando forma, se trabajaba bajo ellas y no era raro que hubiera centros en los que los alumnos que, anteriormente, ya habían participado en sesiones de evaluación, claustros, etc ahora lo pudieran hacer sin 'aspavientos progresistas'.

                Pero, claro, al despolitizarse (clandestinamente) la sociedad, la tensión humana hacia tales actividades decaía ostensiblemente. Los delegados ya no iban a las sesiones de evaluación o había que cazarlos a lazo....

                Pero, bueno, se sigue trabajando y se hacen centros grandes en los que va un montón de gente y se funciona bastante bien -dentro de los fallos estructurales que toda estructura, por el mero hecho de serlo, tiene que tener-.

                Empiezan las autonomías y se sabe que, tarde o temprano, una de las competencias que van a tener éstas será la de la enseñanza. Se empiezan a pensar los rasgos diferenciales de cada una y, particularmente la nuestra -la andaluza- al no poder argüir el caló como propio (p.ej), lo cual le hubiera ido mucho mejor se empieza a temer que se quede marginada frente a las llamadas "históricas". En cualquier caso no es demasiado problema... se tratará de reivindicar lo mismo que hagan los vascos o, mejor, los catalanes...

                La UCD inaugura otras instituciones que las malas lenguas dicen que es para su provecho. Así los Consejos de Dirección empiezan a funcionar y sigue siendo farragoso el problema del nombramiento de director de los centros. (Quiero decir que nunca fue sencillo, nunca -o por muy poco espacio de tiempo- al que eligiera el claustro era el director ***)

                Las luchas políticas que mantienen los grupos que se han profesionalizado como tales hacen augurar que los grandes problemas sociales no van a ser fáciles de arreglar. El reparto de la riqueza, la igualdad de oportunidades, las grandes leyes sociales ni de infraestructura del estado... van a estar a la vuelta de la esquina para conducirnos al mundo idílico que habíamos soñado.

                Por decirlo de una manera fácil, el que hubiera venido la democracia no arreglaba el clima, los problemas de tráfico o la masificación en las aulas. Había que seguir trabajando.

                Y, en esto...

I.4.-  Los Socialistas ganan las elecciones.

                Año 1982. Euforia social. 10 millones de votos y la gente crea -porque necesitamos crearla- una esperanza que no habrá existido en la faz de este país.

                De ellos se espera todo. Poco menos hasta que arreglen el clima. Convocan a tirios y troyanos a su causa, estén apuntados o no, los oyen o dicen oirlos... hasta que ven que tienen menos militantes que los deseables para mantener el formidable estructurón que se les viene encima. cierran puertas y empiezan a llamar a sus propios militantes.

                ¿Qué hacer?. ¿Harán la Revolución Social?. Ciertamente no. Quizás ni se les pidió tanto, pero sí que dieran cauces de solución a los grandes problemas que puede combatir el socialismo clásico: el reparto de la riqueza y la igualdad de oportunidades.

                Sobre el primero poco se sabe y se puede hacer. No se pueden hacer grandes nacionalizaciones por razones obvias. Se le dá un tirón de orejas a un tipo de Banca y finanzas que provoca descontento en la gente y así se cumple el aviso a los grandes grupos de poder financiero del país. La banca toma nota de lo que le ha pasado a Rumasa y tiene cuidado con un señor con gafas que se ha casado con una china...

                Pero en lo segundo sí que quiere, puede y va a hacer. Es bastante sencillo. Los polítcos docentes, formados por los docentes que fueron siempre más políticos que docentes tienen un gran campo abonado: el gran grupo de profesores es ya anticorporativo, antiseñorito, todos somos iguales, estamos dispuestos a formar un cuerpo único, todos iguales ante igual trabajo, o sea, fenomenal...

                Pues ya está, hay que hacer una nueva Ley de Educación y, para hacerlo mejor que Hotchleiner y su cuadrilla, ahora se va  a hacer con la participación de los enseñantes... Se comienzan las experiencias pedagógicas.

                Claro, acuden, en principio, los militantes y simpatizantes amén de los que creen que ahora sí que va de veras, que se va a hacer una educación para todos.

                Pero también surgen en ese momento sectores críticos. Y, lo más curioso  es que quienes siembran los escepticismo son los mismo promotores del PSOE cuando al propugnar su esquema dicen auténticos disparates.

                Por ejemplo:

                # al retomar la construcción del estado de las autonomías ponen especial énfasis en dar más valor a los cursos que dé el gobierno autónomo que cualquer otra entidad de prestigio y abolengo.

                # montan un discurso escepcionalmente fácil. Para decir todo lo bueno que van a hacer se basan en todo lo malo que... adjudican...  que está hecho. Tanto que, si te levantas y dices que no llevan razón... ¡Anatema sit!.

                # Un ejemplo: nunca aceptaron que en la Ley General estaba recogida la escolaridad hasta los 16 años. Todavía hoy hay muchos que no la aceptan....

                # La formación de los curriculum (que se dice así ahora) hace privar lo particular sobre lo universal, de donde se deduce que lo congruente sería cargarse el concepto de universidades, por lo menos. Pero, en cualquir caso, a muchos de nosotros tal concepto nos parece llevar a la pacatería y al conocimiento del terruño.
                Un ejemplo: cuando en los años 60 y 70 reivindicábamos el derecho a no emigrar, no no s podríamos dar cuenta nunca que una política pacata,... podría llevar a la gente a no poder... ni emigrar.

                # Es curioso, un discurso socialista, por tanto laboralista o al menos se le ha de suponer eso, hace que todos aquellos que se someten a su esquema... empiezan a ganar puntos sobre los que no lo acepten. Aquellos que, desde un prinpio fueron promotores y se apuntaron al esquema ganan puntos a punta de pala para concursos de traslados, envíos a comisiones de servicios, etc., frente a los que disienten o no ven en su papel social el tener que hacer esas tareas de forma voluntaria.

                # Pero, no hay problema, dicen saber lo que hacen y se supone que, al ser ellos los que llevan razón todo lo que hacen es bueno. Por ejemplo: tratan al profesorado como auténticos carcamales que no tuviéramos prácticas de uso democrático... desde hace más años que los que ellos llevan en el poder: sacan (el Rubalcaba) decretos y órdenes en los que pretenden obligarnos a enseñar los exámenes a los chicos, como si ello no fuera una práctica habitual vieja ya en la mayoría de los centros.

                # Instauran ahora los "Consejos Escolares" en un momento curioso en el que, ¡olé la participación democrática! ¡todos somos electores y elegibles por encima de nuestra voluntad...!. Estos Consejos Escolares son los que eligen ahora a los directores, bajo un discurso demagógico que no resiste ninguna crítica medianamente tranquila, pero que hace que con el espaldarazon "democrático", salgan directores por clara minoría y que está claro que no hubieran salido nunca bajo votación directa del grupo de humanos al que ha de dirigir. Es, por tanto, una lectura de hasta qué punto se aplican criterios y estrategias intrínsecamente políticas a la enseñanza.

                # Quienes estuvimos metidos en los ICEs nos llamó la atención con qué prisa los desmantelaron, qué desperdicio de medios humanos y materiales se llevó a cabo... para crear otras estructuras que, a fin de cuentas, iban a adolecer de los mismos fallos que las anteriores y que, ahora, lo único bueno que iban a tener es que los iban a ocupar adeptos al partido en el gobierno.

                # Más todavía. Siguiendo la temática oportuna de todo lo que se daba, entonces, en llamar tecnología educativa, nos llamó la atención que, el año 1985 (tres años después de su toma de poder), los grandes maestros de la pedagogía que parecía iban a dirigir esta temática en la nueva Ley que se estaba gestando... no se decantan por ninguna escuela de psicología del aprendizaje. No se definen sobre cómose produce el aprendizaje. Aceptan, como se debe seguir haciendo -a nuestro juicio- que no se sabe exista una relación causa-efecto entre lo que yo provoco y lo que consigo en el acto educativo. Tiene que ser ya en el año 90, cuando no les queda más remedio que inventar la Ley en concreto cuando S.Jose Luis Coll les salva del impasse y propone unos esquemas -que podrían haber sido otros cualesquiera- para decir cómo se hacen los curriculum de centro, objetivos de área.... etc. Cosas que, en bastante forma algunos centros privados ya ensayaron con éxito a principios de los años 70.

                # Perdón, hay más. Dicen basarse en la metodología "significativa" de la psicología cognitiva. ¡Qué engaño!. Hasta ahora, los fisiólogos cognitivos han estudiado gracias a las técnicas de resonancia magnética o positrones que determinadas áreas del cerebro responde (se excitan) de forma distinta según el mensaje que se le dé al sujeto sea legible (lógico o existente o no) o no se pueda leer.
                De ahí a sacar que únicamente lo que se aprende es lo que le es significativo al sujeto va un trecho que supone haber efectuado un salto en el vacío más grande que el viaje a marte.

                # Sigo: En cualquier estado moderno, regido por una democracia y sistema jurídico de derecho, creo sinceramente, parece ser que es deseable que lo común a todos sea el derecho y lo que lo configura.
                Aquí no, El Ministerio de Educación Socialista gestó una confusión monstruosa basándose en confundir fin con medios a través de su interpretación de cómo se produce el aprendizaje vs curriculum que conforman cada nivel educativo. Así, todos los profesores tenemos que hacer que nuestras enseñanzas estén basadas en una interpretación coyuntural llevada a ley universal de cómo se produce el aprendizaje (es decir el cognitivismo) en tanto que lo que va a configurar el derecho civil que se emane de las titulaciones será distinto en cada autonomía del "estado".
                Lo explico más sencillo: Parece más congruente con lo que decíamos antes del estado moderno que lo que el gobierno del estado deberá hacer es decir cómo se configuran las titulaciones (curriculum finales) de cada profesión cuya titulación otorgue un derecho laboral. Después cada profesor, en su libertad de cátedra (que encierra la interpretación reflexiva de cómo hacerlo mejor) usa las epistemologías que crea necesarias para cada materia, para cada. ¿Quién se puede tragar que el tema 14 de Física -sea el que sea- y el 22 de Historia han de responder a la misma estructura cognoscitiva para aprenderse?.¿Quién puede sostener que, aún dentro de un mismo tema, de una misma materia la cuestión 1ª y la 7ª necesitan el mismo esquema mental?.

                # Pero en el mismo discurso oficial estaban presentes las razones de su futuro caos: Empezaron diciendo que se pretendía combatir el fracaso escolar. Perdónenme. Los profesores de F.P., a quienes llegaron durante mucho tiempo alumnos de 16 años con 5º de EGB 'aprobado', o sea alumnos fracasados, han estado sacando mal que bien provecho de ellos. Por qué no se hace justicia y se dice que había a la vez fracasos y triunfos.

                Pero es más. El consabido discurso del fracaso, que es ampliamente discutible (por ejemplo, el área del gobierno que tutelara derechos y deberes familiares, ¿atendió alguna vez a las familias en sus deberes para con sus hijos -entre otros el de hacerles estudiar en edades determinadas?).
                A decir verdad, nos dejaron solos ante las crisis familiares, sociales, institucionales y era fácil echarnos la culpa porque el sector docente -se me había olvidado decirlo antes- también tenía como caracterítica importante la propia neurosis y autoculpabilidad.

                Otro error del discurso del fracaso  y al cual apoyaba indefectiblemente era el de que los estudios estaban haciendose en un ambiente de demasiada competitividad. Pues bien, lamentamos decirnos pero no seré yo el único que diga que, durante grandes épocas de los 80 los alumnos pasaban hasta tal punto que, aún teniendo oportunidad de hacerlo ¡ni se copiaban en los exámenes!. No, no hay tal competitividad, pero, además, póngase por caso el del centro rural en el que sí la hubiera, no garantizaría ello, adecuadamente encaminado que salieran los más capaces de los alumnos fueran cual fuera su extracción social. ¿No se construiría así mejor la igualdad de oportunidades o bien este sería un acicate de la misma?.
                Además, cuando desde centros marginales y marginados se ha pedido a la administración educativa criterios correctores para ayudar a compensar las deficiencias formativas que traen los alumnos de sectores marginados han sido contestados con una simplista "igualdad de cupo, de pesetas y de material" que otros centros que atienden a sectores sociales más boyantes.

                # Si el discurso del fracaso y la competitividad era por absurdo, indeseable, ¿qué decir de la burrada -no tiene otro nombre- de la normativa que regula o va a regular cómo se han de hacer las sesiones de evaluación?.
                Sucede, si la lógica no me abandona en este momento, que cada profesor es un ciudadano al cual dos instituciones del estado le han conformado el papel que ocupa: de una la universidad cuando le dió su certificado como apto para desempeñar el papel social de conocedor de tal o cual materia. De otra el estado mismo, a través de su ministerio de educación, cuando a través de oposiciones le dice que es aceptado para impartir docencia.
                Pues bien este/a señor/a, cuando dá unas notas finales y con su firma avala las mismas en un acta final, manifiesta públicamente la situación de cada uno de los sujetos alumnos frente a la asignatura (perdón frente a los conceptos adquiridos, los procedimientos superados y las actitudes alcanzadas en cada materia).
                Pues bien, sucede que el equipo de evaluación, a quienes ni individual ni grupalmente nadie le ha avalado para emitir juicios sobre conceptos procedimientos  y actitudes de una materia dá una valoración positiva a esa materia y a juicio del equipo evaluativo da por apto a un/a señor/ita, ¿con qué firma avala este derecho otorgado?, porque lo lógico es que el profesor que en principio la daba por suspensa no tiene por qué firmar algo que va contra sus creencias y apreciaciones....

                # Los propios sistemas de evaluación son claramente deleznables desde el punto de vista de lo que es una organización social, de lo que constituye el estado.
                Si nos leemos el montón de papeles que sobre el tema evaluativo nos envía la junta comprobaremos que se ha olvidado todo lo que configura el binomio derecho/deber del ciudadano.
                Leamos esto en clave de los estudios técnicos derivados de la Formación Profesional y ciclos formativos que la sustituyan.
                Si se hace caso a la entelequia que se propugna como evaluación, no hay garantía de que al dar una calificación positiva al final de los estudios, el sujeto que la reciba pueda responder al derecho de otro ciudadano que lo contrate para prestar determinados servicios.  Un electricista que adolezca de una serie de conocimientos y que ha alcanzado el título porque el conjunto de sus actitudes, procedimientos y estrategias docentes  llevadas a cabo ha sido valorado como positivo, puede no estar capacitado para hacer que al ciudadano que demande sus servicios se le atienda en la mejor de las posibilidades técnicas, lo cual, cuando menos tiene figura de fraude o estafa.

                # Una muestra d eincongruencia de la gestión se citó a principio de estas líneas: cuando la L.G.E. era -ahora hay que repetirlo aquí "General"- la LOGSE, a pesar de, también, tener una G en su acrónimo, no lo es. Tanto que resultaba que los profesores de EGB que han ido egresando de las Escuelas de Magisterio de estos últimos años... no estaban preparados para impartir los curriculum que se le demandaban en sus propias oposiciones.
                Parece además, por lógica de la propia universidad que, antes que la LOGSE prevea para esas propias escuelas de magisterio o facultades de ciencias de la información el que se impartan bajo un solo esquema epistemológico, que sea deseable que este mundo universal  (de la universidd, decimos) imparta varios actualizados, de manera que la inversión que hace en formación sea multiforme y polivalente. Que nadie piense que un esquema de una tecnica o tecnología no causal-positiva, vaya a durar para las siguientes leyes educativas...


                # En líneas más arriba citábamos el modo que se nombraron directores bajo votaciones minoritarias, dispersas y en algunos casos manejadas. Unos años más tarde, hace ahora aproximadamente dos, ratifican a esos antiguos directores como que son los únicos aptos para poderlo ser otra vez. ¿Habráse visto tamaña desfachatez?. ¿Cómo es posible dar de lado a grupos mayoritarios de los centros que su único defecto es no haber pasado nunca por la dirección?.
                (Habría que hacer, en algún sitio, la consideracion sobre la incongruencia de que se ha vendido los Consejos escolares como organos de participación social y sólo se hacen en la enseñanza, cuando a lo mejor hubiera sido reivindicable que se instauraran en la sanidad o en distintos organismos sociales a los que, de una forma u otra pertenecemos todos...)

                #Modernamente han aparecido multitud de escuelas... las escuelas taller.

                # el gobierno/estado no ha podido meter en cintura sistemas educativos que tenían que pertenecer a la enseñanza reglada y que se salen fuera por ¿procesos mafiosos?: los controladores aéreos y las escuelas de conductores.... (además de las escuelas taller).