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O.-
INTRODUCCIÓN.-
El presente documento no pretende en
modo alguno “llevar razón” al modo y uso de las propuestas analíticas sobre un
programa político o un análisis sociológico. Es, de alguna manera, el “vaciado”
de sensaciones acumuladas durante demasiado tiempo y que han ido formándose a
base de conjeturas personales y de lecturas o interpretaciones de la realidad,
que por no estar cotejadas con nadie, pueden ser –evidentemente- una suma de
subjetividades más cercanas a una experiencia personal que una reflexión en sí.
Parece
obvio, por lo dicho arriba, que el papel que deben cumplir estas líneas es,
primero, una concrección, en la reflexión, segundo, constituir un vehículo de
cotejación con alguien más ducho o que tenga una visión más libre de lo que
aquí se expone.
En
cualquier caso, lo dicho es sentido, fuertemente.
I.- ANTECEDENTES.
Para el que
suscribe, gran parte de los problemas que acontecen hoy día a la LOGSE, el
personal docente, dicente y mecanismos sociales correspondientes, nace de la
crisis política acontecida en el año 1982, a raíz del cambio de gobierno de la
UCD al PSOE.
Es hecho
histórico, un hito, según los entendidos, que pocos países vivieron con más
esperanza, ilusión y alegría el acceso democrático de un partido socialista al
poder. Es bien cierto de la misma manera que una enorme capa de población
estaba dispuesta a prestar ayuda, colaborar, apoyar, o lo que fuera, al nuevo
sistema que se parecía vislumbrar.
Igualmente
parece ser cierto que el análisis que había hecho el grupo que se subía al
poder, respecto a lo que se podía encontrar en él, tenía la misma distancia que
puede haber entre Lepe y Las Antillas; es decir, se había accedido a través de
un análisis formado más por ilusiones que por realidades y convocado a la
voluntad personal de la misma manera. Pero así estaban las cosas y, ¡qué duda
cabe!, no hay sino que congratularse con que las cosas fueran así y, sobre
todo, que hayan acabado bien.
Pero ya
entonces empiezan a sentirse
cosas que huelen no del todo bien. De un lado el haber coincidido en ese
mismo verano del 82, con grupos de antiguos republicanos en México D.F., que
estaban molestos porque –decían- habían ido militantes del PSOE a ver al
PRI...., pareciendo fácil establecerse la ‘sensación’ de que más que un
servicio político la cosa empezaba por diseñar una perpetuación en el poder y
no precisamente con un modelo deseable.
Al poco de
estar funcionando el gobierno socialista, empiezan algunas decepciones y, hasta
ahí, todo lógico: no se crean tan
fácilmente 800.000 puestos de trabajo y, quizás lo sabíamos así de claro, pero
empieza a existir un principio de realidad.
Y si eso es
en el “pueblo” llano, podemos esperar que en las ‘alturas’, tengan tanta
decepción o más. El rol histórico que podría pedírsele a un gobierno socialista
es que acudiera, fundamentalmente, hacia un esfuerzo en la repartición de la
riqueza, al menos a intentarlo. Pero
esto es más difícil –si es que algo puede hacerse al respecto- y, también es
histórico que los partidos de izquierda en el poder –según diseño y análisis
posterior- tienen que hacer en muchos casos una política más liberal que los
propios de derecha.
Podría
seguirse por estos devenires pero parece urgente acudir a lo que nos interesa.
En poco tiempo hay que cambiar el énfasis de atención social y, así, de ser el
tema de riqueza/pobreza el principal no posible, hay que derivar hacia otros
roles políticos que son posibles y, sobre todo, accesibles.
Está claro.
Los grandes avances de las sociedades socialistas (aunque al pasar el tiempo se
le han ido viendo sus debilidades en el terreno del reparto de la riqueza, o lo
artificial o inestablemente que estaban
definidas sus bases), eran por los papeles sociales de la salud o la
educación.
Y la
lectura de lo posible viene marcada hacia la segunda dado que una gran parte de
la colectividad de los enseñantes estábamos “por el cambio” y de ella habían
salido una enorme parte de los “cuadros” del partido socialista.
Éramos, por
tanto, un colectivo sensibilizado y,
sobre todo, “dispuesto”.
Había que
hacer, por tanto, el gran cambio en la enseñanza. Que, además
de poder venderse como alcance de gestión, era –posiblemente- exportable a
otros sectores sociales más remisos a la injerencia de una política socialista
(léase ‘médicos’ o ‘jueces’)...
El poderío
alcanzado a través de las votaciones era tal que se permitió algún prócer del
partido diseñar una nueva forma de Estado, en absoluto deseable, y que se le
toleró por ‘ser vos quien sois’ o por la nueva dinámica de ‘como son de los
nuestros, algo de razón tendrá...’.
‘Montesquieu
ha muerto’. Gravísimo, Pero era de inteligentes, como en el cuentecillo famoso,
ver el traje que no llevaba el rey. Poca
gente se atrevía a disentir de lo que se dijera por la izquierda socialista.
Éramos viejos compañeros de viaje y había que callarse... o quedar como facha o
reaccionario ante una enorme multitud.
Puedo
contar anécdotas al respecto a montones, pero no harían otra cosa sino
entretenernos.
El problema
empieza a lo grande. Hay que hacer la revolución en la enseñanza. Hay que
hacerla bien y perdurable. Hay que pasar a la historia como el gobierno que más
ha hecho por la educación en toda la historia de España.
Tales fines
son laudables, el cómo se hicieran y qué se consiguiera a través de ellos es
más discutible. Porque el problema –entre otros- y evidentemente para mí, es
que alguien tuvo que descubrir en pocos años que siguen al 82 que, aparte de todos estos servicios, podían conseguirse otros papeles políticos de
altísimo interés: el consolidarse eternamente. El que accedieran al
funcionariado, en sitios claves, un montón de militantes atentos y sumisos al
partido al que le deberían estar firmemente agradecidos por mejorar sus
condiciones laborales y geográficas.
Se hacen
multitud de cosas, con una ambigüedad política notoria. Se multiplican
estructuras del estado, aún a pesar –y
me consta- de que hubo gente que acudía a los próceres a decirles lo
disparatado de tal gestión. Se quitan así los ICEs, haciéndoles la competencia
con los primitivos C.E.P.s. (Ya me dirán cómo ha acabado la cosa)...
Lo peor,
para mí, es que se hizo un análisis de la L.G.E., que lo iban a entender los
inteligentes, es decir, todos. Independientemente de que fuera cierto o no,
fuera profesional o no, fuera representativo o no.
Se acudió
así a parámetros parciales que tenían mucha resonancia social y que, por su
facilidad de asunción, iban a ser cacareados hasta la saciedad: El enorme
“fracaso” escolar de la L.G.E.
En ningún
caso se situó el problema con todas sus implicaciones. El partido había dicho
que había “fracaso” y ¡ya está!.
Aquí no
valió que hubiera disidentes, que hubiera gente que pidiera se hicieran las
correspondientes cotejaciones con problemas culturales de las familias de los fracasados, que
hubiera una crisis cultural hacia el dinero fácil conseguido a través de algo
que hasta entonces no había sido tan significativo: las producciones
antiguamente marginales y ahora importantes: grupos de canciones, grandes líderes
del deporte, del ocio, de la TV, etc., factores todos que no iban precisamente
a motivar hacia el estudio...
¡Ah! Y otro
fenómeno importante. El acercamiento de los salarios fuera cual fuera la
preparación de los trabajadores, conseguido a través de una política, o labor
sindical, que es fácil aceptar como justa pero que era difícil ver el papel
desmotivador que iba a tener para los estudiantes....
En
cualquier caso, aceptado está: Hay un fracaso escolar que conviene arreglar.
Por tanto, como hay fracaso, hagámos –qué menos- una Ley nueva que no tenga ese
fracaso.
El problema
es que, además, hay que hacerla de manera ‘democrática’ y ‘participativa’. Se
van a admitir ideas-piloto, experiencias al respecto, grupos de renovación
pedagógica, y toda la parafernalia al efecto.
Y, para
motivar a la gente a que haga experiencias, nada mejor que ‘pagar’ estos
servicios. ¿Cómo?. Es bien fácil, concediendo puntos para traslado o favores
para acceder a estructuras que se llenan con designaciones a dedo.
El
funcionariado remiso a tal análisis o a esas estructuras o disidente, a fin de
cuentas, empieza a quedarse retrasado....por cumplir la Ley en vigor.
Podemos
tocar aquí el papel que hacen los
sindicatos en cuanto a defensa de los trabajadores.... sumisos a un sistema
establecido. Los disidentes...., tienen pocos derechos, son reaccionarios.
Quede
señalado de manera clara una aberración política de primera categoría: se
premia a las ilegalidades. Se castiga lo legal.
El caso es
que tal dinámica dura mucho tiempo. Seis o siete años, más o menos desde el 83
hasta el 89-90. Tanto que clama al cielo el no haber podido llegar a una Ley
cuando se lleva anunciando desde tanto tiempo la necesidad de desbancar la Ley
franquista que es la L.G.E.
Lo curioso
del caso es que tales años no pueden ser señalados más que como un marasmo de
propuestas. Se sabe lo que no se quiere hacer, pero no se concreta en lo que se
va a hacer. Véanse cómo los “bonzos” de la pedagogía de estos años no se
adscriben más que a críticas y a tímidas propuestas nada estructuradas como
edificio global. No se puede ser conductista, pero, entonces ¿qué se es?. No se
puede ser dirigista, pero ¿cómo se arregla eso?.... Ni Gimeno, ni Serramona, ni
otros que tendría que buscar ahora en la memoria y en la biblioteca dicen nada
sobre teorías del aprendizaje... sólo la crítica al conductismo... y a la enseñanza por objetivos, pero...poco
más.
De pronto
¡oh milagro!. Aparece Coll. ¡Alabado sea!. Y ahora se sabe todo.
Menos mal
porque ya casi no quedan puestos por cubrir y la máquina amenaza colapsarse con
experiencias piloto, reformas adelantadas, etc...
Ahora todos
son (somos) cognitivistas. Ya hay una teoría del aprendizaje que dice
cómo se estructura el “coco” ante la enseñanza. Y no hay más que esa.
Todos los temas de todas las materias, en todas las edades, en todas las
enseñanzas, han de interpretarse según el esquema cognitivista.
¡Y nos
gusta a todos! (dicen) , porque, a fin de cuentas, los promotores y vendedores
del sistema llegan a decir que ‘es lo que siempre hemos hecho’. Pero ¿no es
nuevo?.
En pocos
meses, lo difuso anterior, viene a ser concreto. Ya se sabe cómo se va a
legislar, decretar y ordenar para que no
exista el fracaso escolar. Vamos a ser el país de Europa que menos fracaso
tiene. (Sigue sin tocarse el tema de las influencias familiares, sociales,
etc... pero eso no pertenece a un colectivo sensibilizado... por tanto, no
interesa... –por lo visto-).
¡Nace la
LOGSE!. Octubre 1990 –creo recordar-. Y todo el edificio docente se aclara.
Se aclara,
entre otras cosas, que los 200.000 (tiro corto) funcionarios que pertenecen a
la docencia, no estamos preparados para este nuevo esquema cognitivo. Nuestras
mentes –salvo los elegidos que optaron
ya por el sistema desde muchos años antes- no están preparadas para este esquema. Los CEPs
adquieren una preponderancia enorme y hay que hacer cursillos de la
administración. En ningún caso valen los de Lovaina, Harvard, o Nanterre. Nuestra
Junta de Andalucía –por ejemplo- tiene más trayectoria pedagógica que cualquier
universidad de reconocido nombre. Así, se premian más los cursos ‘sumisos’ al
poder que los auténticamente valiosos. Pero esto es algo conocido de
antiguo....(desde el 84, p.ej.).
Entre las
cosas curiosas que tiene la LOGSE es la propuesta de un revolucionario proceso
de evaluación. Tanto, que –si se quiere decir de manera simple- deja chico al
famoso “artículo 23” que se solía aplicar en casos extremos en algunos centros.
Se dictan
normas –que sería prolijo enumerar aquí- para que la ley sea nueva y
revolucionaria.
A los nueve
años de puesta en marcha la Ley, he oído decir de insignes miembros del CEP de
Granada que, “evidentemente los parámetros con que se medía el fracaso escolar
en la antigua Ley no son aplicables en la nueva” (sic) y que “si se aplicaran
los parámetros antiguos a los alumnos de ahora, es probable que se tuviera un
mayor fracaso escolar “ (sic).
Luego lo
menos que se puede decir es que ha habido una opción fundamentalmente deshonesta
al desmontar la vieja ley y montar la nueva. No se iban a arreglar los
problemas de la anterior sino, posiblemente, a hacerla servir a intereses
espurios.
Pero,
volveremos sobre ello más adelante. El plan, ahora, es elaborar una propuesta
“crítica” (¿no se dice así?) sobre algunos aspectos de la LOGSE que pueden
parecer difícilmente aceptables y que, deberán servir ante el colectivo de
docentes como el chico que llegó al
pueblo y “vio al Rey desnudo encima del caballo”.
En todo
este marasmo hay distintas dinámicas de según qué grupos. Así, he conocido
Centros de Bachillerato –ámbitos de antiguos y conocidos resistentes al régimen
franquista- que no plantean ninguna
resistencia, crítica ni aportación a lo que se les viene encima. Tan sólo –si
acaso- el que no se va a poder conseguir en dos años lo que antes se conseguía
en cuatro. El planteamiento ante el cúmulo de sinrazones que confiesan prever
en la nueva Ley es, tan sólo, que “haremos lo bueno que hacíamos siempre”. O
sea, hay búsquedas individualizadas de insumisión, sin clave política y sin
trascendencia social.
En los
antiguos Institutos de F.P., la dinámica es más compleja. De un lado, un gran grupo de profesores de teóricas
preven la posibilidad de ser ¡Profesores de Bachillerato!, así, con mayúscula y
esto, ¿qué duca cabe? es altísimamente interesante... Otro grupo, de profesores
de las distintas áreas tecnológicas piensan –me parece a mí- lo que los marines
americanos en la IIª Guerra Mundial ante el altísimo número de bajas en los desembarcos
en el pacífico “a mi no me va a tocar”.... la rebaja sustancial de puestos de
trabajo que se puede prever fácilmente y hacen “de su capa un sayo”: “pasan”.
Pues bien,
el “coco” ya está aquí. Ya somos todos “Profesores de Educación Secundaria”, ¡qué
alegría!: Empezando por lo bueno diremos que tenemos muchos más puestos a donde
concursar por traslado. Así los antiguos
prof., de Bach., que quieren acceder a centros de la capital han ganado
oportunidades porque son bastante más antiguos que muchos de los ‘antiguos’ de
F.P., y están esas plazas para concursar. Los de F.P., porque ya podemos ir a
Institutos de Bachillerato, que visten más ymejor que lo que teníamos. Los
profesores habilitados, provenientes de la antigua E.G.B., van a dar clase en
Institutos... ¡Todos contentos!.
¿Sí?, ¿de
verdad?. Veamos algunas cosas de las que tenemos ahora.
Como había
que quitar “cuerpos de élite”, indignos en una organización social igualitaria,
se eliminan los “cátedros de 200 temas”... Ya se venía haciendo por unos
concursos de acceso de Agregados a Catedráticos, pero ahora es más ‘fina’ la
cosa: Se socializa la “catedralicidad”, es decir, “todos” podemos ser
catedráticos y se encuentra una forma extraordinariamente inteligente . de
verdad. Como quiera que nadie o casi nadie lee los panfletos del Ministerio ni
de la Consejería acerca de la nueva Ley, se va a premiar no sólo a aquellos que
se los lean, sino a aquellos que los,
repitan, comprendan y proclamen. Aquellos que hagan una “memoria” en donde
hayan comprendido el decreto 1007, el libro de Coll, el organigrama del nuevo
sistema educativo, establezcan una propuesta (sumisa, sobre todo) del
curriculum de su asignatura para Bachillerato... serán “catedráticos”, cobrarán
–dijeron- alrededor de 16000 pta al mes más y se podrán hacer tarjetas de
visita –cierto, hay casos- con el pomposo título –incierto por otra parte- de
ser catedráticos.
Pues bien,
esta habilidosa estratagema, que creo entender sorprendió a sus propios autores
por su eficacia ha tenido un éxito
considerable. Es más, ha consolidado –dijimos esto más arriba, ¿no?- más
puestos de gente a-crítica con todo el sistema. Lo cual es legítimo,
ciertamente, pero al menos conviene
cuestionarselo.
Por
ejemplo, hay análisis sobre las listas de la junta de andalucía, de antes de
los recursos, que demuestran cómo se utilizó esta convocatoria no sólo para
subida personal, sino para defensas corporativas y defensa de corporaciones
políticas. Así, he oido decir, puedo decir dónde y por quien, que como quiera que
esto estaba avalado por un Sr., de la Junta que provenía de la F.P., “estaba claro que iban a favorecer el que los
de este sector llegaran al puesto de Catedrático”, lo cual les avalaba
moralmente el que hicieran –los de Bachillerato- lo que estuviera de su mano
para ‘compensar’ tal premisa. Y así fue en el terreno corporativo: Ganaron los
de Bachillerato.
Pero no
sólo esto, sino que había otro sector significativo que concurría a la
convocatoria: los antiguos Centros Sindicales. Estos, cuando estuvieron
“descolocados” en el organigrama educativo, se sintieron desamparados por
razones lógicas y obvias. Se apuntaron mayoritariamente entonces a la FETE-UGT,
porque previeron que era el sindicato que más amparo les iba a ofrecer para su
inserción en el Ministerio de Educación. Lo cual era lectura política obligada
dada las circunstancias y del todo correcta, estratégicamente hablando. Pues
bien, este sector salió igualmente beneficiado “comiendo” tanto bocado a los
Institutos de F.P., como el que le había cogido bachillerato en su “legítima
defensa”.
¿Cómo se
podía hacer eso?. Bien claro está. En la primera convocatoria se puntuó sobre 4
el valor de la “memoria”. Las materias de Bachillerato y a las de F.P., que no
competían entre sí, p.ej., Derecho, se puede pensar que las calificaciones no
estuvieron presionadas por intereses de cuerpos ajenos a los que concursaban.
Así, otro ejemplo, la filosofía o el griego. En ellas los tribunales tenían
gente –digamoslo así- sólo de griego, filosofía o derecho, y sólo tenían que
concursar y calificar.
Las
materias “comunes” eran más complicadas. Había que ver que materias tales como
el Inglés, donde había profesores más ‘antiguos’ en F.P., que en Bachillerato,
hubo que calificar a los primeros con “0” (cero) en la memoria, porque a poco
que les pusieran ya superaban a muchos de los de Bachillerato. Y “i want
think” que muchos profesores de inglés
no son tontos del todo.
También, es
curioso ver cómo militantes conocidos de FETE-PSOE-UGT, sacaban un 4 en las
memorias, porque, si sacaban un 3,70 –que es también una muy buena nota- no
accedían a la “condición”.
De lo
anterior tengo datos, nombres y estadísticas, que lamentablemente no tengo al
día del todo porque soy incapaz por el momento de estar al día de los resultados
de los recursos habidos y por haber.
En
cualquier caso lo descrito sigue formando parte del marasmo que me han
permitido llenar 4 folios y medio por el momento.
¿Y la
situación actual?.
Esto está
escrito en noviembre/diciembre del 99.
