jueves, 30 de enero de 2025

Más de incordio entre profes

 Como cualquier grupo humano, y más cuanto más grupo grande sea, más fácil es que haya grandes empatías y no tantas.

Esta es una historiquilla de esas.

Empezó, creo yo porque se me ocurrió comentar a un colega que en el tema de eficacia entre la educación y los resultados que se podrían obtener, convendría preguntar a los curas, que -según creía- llevaban años y años "enseñando" y, a la historia observando resultdos.

Pero... caí en desgracia. Eso de "preguntar a los curas" me hizo ser catalogado como un reaccionario compulsivo.

Y se las arregló el tal colega -que, para mí dejó de serlo porque, evidentemente, noleíamos lo mismo- para que cada vez que le venía a cuento, me señalaba como indeseable conceptualmente.

Y llegó otro.

Que empatizó con él y, claro, fui un reaccionario compulsivo a los ojos de dos ¿cómo llamarlos? co-profesores, que es un decir.

Un día, entra en clase una alumna que, curiosamente era una persona fuera de lo común.

Viene riéndose y con un papel en la mano. 

Dice que venía de clase con el "colega-2" y que éste está montando un pequeño homenaje a las mujeres comprometidas que existieron en los años 30-40. Que va a promover una lectura de textos y/o poesías de tales mujeres y que, (dice ella que con cierta sorna), ha manifestado. "¡Hombre, podíamos decirle a Rafa Flores que lea esto!".

Mi alumna ha saltado a recogerlo y le anunció que ella se encargaba de traérmelo.

Nos estuvimos riendo un buen rato. Nos conocíamos lo suficiente como para ella saber lo que hacía y el resultado que podía tener.

El texto era uno de Margarita Nelken.

Pues bien, el día de marras, llegamos al aula. Cada profe -yo creo que era el único convocado- pero el titular estaba en su puesto, y cada cual con su papelito.

Van leyendo hasta que me toca.

Lo leo. No recuerdo la categoría moral, conceptual o política del tema, pero me traía sin cuidado y, acaba el acto. 

Bueno, no acaba, aprovecho el silencio final para invitar a los asistentes a que sigamos. 

Digo. "Tengo la suerte de tener contacto directo e inmediato con la familia de Margarita Nelken, en México, propongo llamarlos, decirles que hemos realizado este acto e invitarles a que digan algo al respecto".

El profe, que me catalogaba de reaccionario me mira entre sorprendido y socarrón. 

Por ello, me levanto, lo cojo del brazo y vamos a Secretaría del Inst.

He calculado que mis amigos Mexicas, están levantados o a punto de hacerlo y llamo al D.F., se pone una familiar directa de la citada y me dice que, como está allí Paul Preston, que hable con él y digamos lo que queramos.

Le paso el teléfono al colega "insultador" y, éste, balbucea, no sabe qué decir. Corto la comunicación y lo miro con cara de de-precio que, creo que me-rece. 

Nos fuimos, mi alumna y yo a la calle, a soltar toda la risa que teníamos acumulada.


jueves, 23 de enero de 2025

La no concordia entre profesores.

 Los profes y las profas somos tan humanos como cualquier hijo de vecino.

Y eso es obvio.

Por consiguiente parece ser bueno advertir que, cuando llegas a un cole vas a tener amigos y no amigos a prior. Tanto como en cualquier grupo de trabajo.

Si, además, por las circunstancias de clase, grupo, género y lo que sea, se añaden especiales características, hay que esperar mayores complejidades.

Por ejemplo, en el pueblo de la Vega de Granada, donde he estado 28 años destinado, y que empezamos un pequeñísimo grupo de profes -9- a formar nuestro Insti, fuimos pasando a mayores complejidades.

Así, algunas mujeres que vinieron al grupo bastante consolidado se mostraron paladinas de la nueva femineidad. No sé para qué porque nadie -me parece a mí- les había pedido tal papel.

Con  una de ellas aconteció un suceso que me parece divertido.

Un día, estando de guardia, advertí que un grupo de clase no tenía profe. Se oía desde el pasillo que en un aula había poco 'orden'. Entré y, ciertamente, todos los alumnoas estaban hablando sin control, levantados  y cosas así. 

Claro, el tema era conseguir bajar el ruido, sentarlos  u ordenarlos y dejar aquello pacificado. 

Mandé silencio y, ante sus reticencias, vertí el nuevo "insulto" que un tío mío había propuesto en la familia: Les dije "¡no seáis GAZOFILÁCEOS!. Así, como suena. 

Tal propuesta había partido mi tío en una conversación familiar en la que proponía inventar usos de palabras -lo más inocuas posibles- para ser usadas como amenazas, coacciones o demás. 

Pues, a mí se me quedó. Y la utilicé:

Pero, aclaremos: Según el DLE: "Gazifilacio", es m. Lugar donde se recogían las limosnas, rentas y riquezas del templo de Jerusalén.

Como era sonora, fuerte, de vocales importantes... resultó: se callaron.

Bueno, pues asunto solucionado. ¿Solucionado?.

Ni hablar.

A los dos o  tres días, estando en la "sala de profesores", viene mi compañera -que no amiga, entonces, (luego nos hicimos muy buenos amigos)- y dice con retintín "Rafa, la has liado, abajo hay un padre de un alumno que viene a quejarse de que el otro día insultastes a su hijo".

Como no me extrañó, pasé por la estantería de la sala donde estaba el "Larousse" y cogí el tomo que correspondía a la "Ga...".

Baje, con la profa, a la sala de visitas. 

El padre, diplomático, pero tenso: "... hombre, D. Rafael, hay que ver, que sabemos lo bien que se lleva con los alumnos, ¿cómo ha podido insultar a los chicos?..."

Le insté a que me dijera bajo qué términos y soltó la palabra, y yo el tomo del diccionario.

Miró la entrada. Levantó la vista del libro con una sensación de desconcierto: "Pero, entonces, ¡no era un insulto!".

Y, le expliqué: "No, era una palabra extraña, fuerte y que llamaba la atención. Consiguió el papel que se le adjudicaba, parar un jaleo, y ahí debía de haber acabado".

Me pidió perdón y acabó la cuestión. 

Marchó y me volví a la colega: Le dije "¿Te ha salido mal?. Esperabas poder hacerme pasar un mal rato y... no ha funcionado. Así no vamos a muchos sitios".

Con el paso del tiempo y conste, no demasiado. Nos hicimos muy amigos. 

Otra palabra que tenía mi tío para usar en sitios y ocasiones adecuadas era "tatarabito". Pero ni sé qué significa, ni es demasiado fuerte para controlar nada.