lunes, 23 de septiembre de 2019

objetivos educativos orgásmicos

Sigo con el tema de los objetios educativos.
Este tema fue uno de los caballos de batalla de la L.G. de Educación de los años 70. En aquellos entonces, los Institutos de Ciencias de la Educación, la bibliografía al uso y la práctica de los docentes, nos llevaba a ir perfilando qué frase podía servir para describir un objetio y cuál no. Estaba un libro -de Mager- que fue muy referenciado y, claro, Bloom y Kratwhorl (supongo que se escribe así) para ayudar a sistematizarlos.
También el que discutiéramos los profes sobre si eran objetivos generales, operativos, de tendencia, en fin, objetivos bajo varios epítetos.
A mí me gustaba el tema. Creí entonces haber alcanzado un grado suficiente de eficiencia al respecto y los utilizaba tanto para las programaciones como para enunciarles a los chicos las pistas sobre su aprendizaje.
Asi, los viejos docentes, de alrededor de 12 - 15 años de experiencia, por lo menos, no pudimos hacer otra cosa que sorprendernos cuando alrededor de la LOGSE vimos nacer una parafernarlia tremenda alrededor de los objetivos. Nos parecían ambiguos, mal redactados, excesivamente complicados y en algunos casos fuera de contexto y de eficacia.
A tal fin, se confeccionó un chiste que reza de la siguiente manera:
El objetivo prescrito es "Aumentar la sensibilidad de los chicos hacia la música clásica, el arte y las manifestaciones de la sensibilidad humana (más o menos)"
Decíamos que, según ello, la evaluación debería estar clara.
El que se durmiera oyendo la sexta sinfonía de Beethoven: suspenso.
Al que mirara al techo de la clase, Insuficiente.
El que en algún momento moviera la cabeza ante algún compás, suficiente.
El que mirara por la ventana con aire romántico, bien.
El que suspirara o jadeara, Notable.
El que llegara al orgasmo. Sobresaliente.
Era un tanto borde, si se quiere, pero denotaba una especie de cansancio de los profes ante el cúmulo de objetivos difusos e inobjetivables que nos hicieron llegar.

El saber crítico

En los comentarios generalizados que se hacen sobre educación y, también, política, hay un vocablo demasiado repetido.
Se trata del saber "crítico". Y a partir de ahí se denuesta a cualquier saber institucionalizado.
Se dice de estos que son "sometidos", "alienantes", o cualquiera de los otros epítetos que pueden desacreditar fuertemente a lo que se trate.
Se supone que debes llegar a clase y hacer énfasis en la "crítica", fomentar que los alumnos "no se crean" lo que les dices y que "investiguen por su cuenta".
Lo cual es altamente interesante, claro.
Siempre que el alumno lo haga cuandro lo crea conveniente. En el uso racional de su sabeer y de su voluntad.
Si no, corre el riesgo de que el alumno repita lo que el profesor ha dicho como patrón de pensamiento.
O sea, que habrá repetido. No lo oficial, pero sí otra cosa. Pero habrá repetido.
Es sencillo. Cuando estábamos en tiempos de Franco, había un discurso "oficial", y otro "crítico" -el antifranquista-.
Entonces, los que decíamos el discurso antifranquista, éramos críticos.
Pues ya estaba el tema resuelto. Había dos esquemas en lucha y te apuntabas o a uno o a otro.
Pero cuando se aumenta el saber se llega a que no hay dos saberes, o no hay dos versiones de un mismo saber. Hay más.
Y ahí, cada uno -cuando pueda y sepa (que no es pronto ni, tampoco a edades demasiado juveniles)- irá escogiendo aquello que más le convenza.
Y, en ese escoger habrá un conjunto de sometimientos a esquemas anteriores y otro conjunto de elaboraciones nuevas. Unas serán críticas y otras, distintas a lo anterior.
O sea, que criticar -con fundamento- es una de las categorías más altas del aprendizaje. Se consigue pocas veces y después de un núcleo de saber/aprendizaje, sólido.
Si no, lo que has hecho es repetir esquemas, otros, claro, pero repetirlos.
Lo he puesto en este muro porque puede ser una muestra de educar con humor, aunque sea con mal humor.