miércoles, 10 de febrero de 2021

Las mudanzas ilegales y los civiles

 Me reclama alguna "antigua Atárfida" que cuente algo al grupo, dice que os tengo abandonados.

Pues bien, contemos una pequeña "gamberrada".
Resulta que no cabíamos en el centro primigenio. Nos peleamos con tirios y troyanos para que nos hicieran un centro nuevo. No lo conseguíamos.
Pero ocurrió un evento pintoresco. Los "de Agricultura" ampliaron sus instalaciones y se fueron a un centro en mitad de la Vega. Así, los locales que hoy ocupa el "Vega de Atarfe", se quedaban vacíos.
A algún jefe se le ocurrió que podríamos ocuparlos y, allá que fuimos.
Es verdad que era un latazo. Dabas unas clases -a unos grupos- en el centro chico, el de "arriba" y, a la siguiente hora te tenias que ir al "de abajo". Y, al rato siguiente, al revés.
Pero quería hablar de la mudanza.
Había que llevar un montón de cosas y, como el instituto no tenía dinero, le pedimos ayuda a la Junta, quien nos dijo que no, al Ayuntamiento que, en vez de decir algo... nos prestó un camión, pero sin conductor.
Era un M.A.N., "grande", ocho toneladas. Magnífico y, ¿quién conducía eso?.
Yo, -sin el carnet necesario- pero, había que hacerlo y se hizo.
Un día, están los civiles en la puerta del centro pequeño y salimos con un montón de cachivaches en la caja del camión.
La verdad es que íbamos bastante "ilegales". Chicos en la caja y yo, en la cabina, claro.
Nos miran "los de la pareja" y nos paran. Les explicamos el tema y, muy condescendientes, dicen que "somos estupendos", que ¡vaya trabajo!¡y tan desinteresado!...
Pero les contestamos estupendamente.
Les dijimos que los estupendos eran ellos.... porque nos estaban dejando hacerlo.
Y así, quedamos tan amigos.


martes, 2 de febrero de 2021

El escritor de cartas

 En una ocasión, años setenta y pocos, empezaron a llegar a la dirección del centro unas cartas admirablemente escritas, correctamente expresadas, con los signos de puntuación en su sitio, que expresaban claramente las peticiones del alumnado.

La dirección del centro se puso nerviosa. Y más que por lo que decían, por lo bien que lo decían. Entonces, en sus nervios, acusó al profesorado de que estaba utilizando a los alumnos para llevarle la "contra" a la dirección.
Los profes, entre divertidos y sorprendidos, disfrutábamos del fenómeno. Algún escritor novel estaba desarrollando sus capacidades de una forma sorprendente.
Tratamos de averiguar quién era y al final, él mismo, muchacho honesto como pocos, se dió a conocer.
Entonces, para callar al director le invitamos a una reunión con TODO el profesorado. Le pedimos que dijera unas condiciones determinadas sobre un escrito de petición.
Hizo eso, dijo que se hablara de tal o cual cosa.
Uno de nosotros salió de la sala de reuniones, le llevó las condiciones marcadas por el director al alumno que estaba en una habitación próxima.
Esperamos unos quince minutos y salimos a buscar el escrito.
Una vez más lo había bordado. Decía correctísimamente argumentos sobre las condiciones marcadas por el director.
Luego, no eran los profesores los que escribían esas magníficas reivindicaciones.
Y ahí empezó otra batalla.
Le dijimos al director que, una vez salvado el escollo de su acusación contra el profesorado que "torpedeaba" las labores de director, tenía que hacer frente a las 'cosas' que decían las cartas.
¡Ah!, a nuestro alumno le propusimos que hiciera alguna carrera de tipo letrado, abogado, administración del Estado o de letrado mayor del reino.
Me gustaría saber qué ha sido de él y de su magnífica cualidad.