miércoles, 4 de septiembre de 2024

Si no quieres, no te distraes.

 Parecía ser cierto que hay que estar atentos para... atender  y aprender.

 Que, por tanto, el ambiente en clase ha de estar marcado por un silencio tranquilo, buena visión, movimientos sólo los necesarios, pizarra, iluminación, temperatura adecuada y cosas así.

Por tanto, como se decía del "valor" para los militares, esas cosas, se suponen.

Pero, ¿qué se hace si no se tienen?.

Se buscan. O se marcan, o se imponen, o se exigen, o se.... qué se yo. 

Al final hay casi un proceso de resignación. 

Se consigue material adecuado -sillas, mesas, paredes, construcción, etc-, se tiene ambiente sano, clase nueva en edificio nuevo, buena iluminación, acústica adecuada, pero la base, la base humana, puede ser caótica, que es el adjetivo más descriptivo al momento.

O sea, treinta alumnoas o por ahí. Mesas separadas durante un rato, porque luego, como si tuvieran patas voluntarias acaban juntas según afinidad de sus ocupantes, grupos de amigos jaleosos más que atentosos, en fin, condiciones básicas que no parecen optimizar el esfuerzo.

Pero no es sólo eso. Uno es increpado, después de 30 años de actividad profesional, a que saque el espectro que va desde el encanto personal al malaje andalú. Y, según el día, la hora, el momento del grupo auditor, tiene éxito... o no.

Menos mal que hay esperanza. Y es luminosa.

En medio del caos hay dos personas. Dos mozas, de igual edad que el resto, un poquito más altas que el promedio pero, sobre todo y manifiestamente, están sentadas enhiestas, como pilares, como pilares de lo deseable. 

Ojos perpendiculares a la pizarra, mesa limpia y ordenada, lápices adecuados y oídos esperando escuchar lo que les importa.

Alrededor, caos, caos, mayor de lo esperado, mayor de lo deseable, mayor que lo aguantable. Desesperante.

Ni aún imponiéndote, de la forma que la experiencia te haya dado como más eficaz, consigues crear ambientes positivos de más de ....x, minutos. Pero, por mor de esa profesionalidad, impartes la clase. Es decir, te ves explicando a cuatro ojos y cuatro oidos fijos y algunos esporádicos más.

Y empiezas a observar el fenómeno. 

Es un canto magnífico al interés y a la voluntad. 

Hay quien quiere... y puede, aunque tenga que luchar contra los elementos, como eso que decían de la Armada Invencible. Y, lo que es mejor, ganan.


 

viernes, 14 de junio de 2024

La enseñanza "antigua"- 1

 

Hace unos días comentaba con un colega el "problema" (decía que futuro) de la inserción de la IA en las clases y en toda la problemática educativa.
Me vio tranquilo. (No era verdad, pero simulé). Y, por ello, me preguntó sobre cómo lo veía yo.
 
Y aproveché para contarle la siguiente anécdota.
 
En un momento de las clases de, creo 1º de Bachillerato, hará 16 ó 17 años, salió el tema de cómo era la enseñanza "antigua".
 
Les propuse "hacerla" y dije que estuvieran preparados para todo.
Así, entro en clase, paso lista, algo más despacio de lo habitual y digo "fulanito (por sus apellidos y nombre, claro), a la pizarra".
 
El llamado sale, pensando que es una broma o algún juego de los habituales y sube -yo tenía tarima (otro día lo cuento)- al estrado.
Le pregunto sobre contenidos que dimos el dia anterior. Contesta más o menos adecuadamente, hago anotaciones en sus notas y se sienta. 
 
"Fulanito", id. id. 
 
"zutanito"... id, id. pero, ya creo que se han dado cuenta de que eran tres seguidos en la lista.
 
Al cabo de unos 20-25 minutos, se sienta el último y empiezo la clase "normal", es decir, magistral dialogada con buena participación -usualmente- de los alumnos.
 
Llega el día siguiente y, repito el modelo. "Saco" a otros tres, seguidos por su orden de apellidos. Normal.
 
Pero al tercer día, "saco" a otros tres, que no guardan relación con el orden de apellidos que llevaba antes.
 
Y, una vez "sentados". comentamos la parte de "enseñanza clásica" que han -hemos- representado.
 
Incidí en que unas veces era "previsible" quién "salía" y, por tanto, quién tenía que estudiar "por si acaso", y que otras veces, era aleatorio y le podía tocar a cualquiera.
 
Me dicen. "Entonces, hay que estudiar todos los días 'por si acaso'.
Les contesto. Exactamente.
 
 Clase magistral - Wikipedia, la enciclopedia libre



lunes, 10 de junio de 2024

 Esto va más hacia "EDUCAR CON HUMOR" que propiamente al blog. Pero aquí queda.

Estando en Marruecos, en clase, tuve un aprendizaje significativo y,sobre todo, divertido.

Dada una explicación, cualquiera que fuere, preguntaba a los chicos -sólo tuve alumnos en los dos primeros años-, si tenían "dudas".

Todos decían que no. Normal, pero, al seguir las explicaciones comprobaba que no habían "cogido" del todo lo explicado. Es decir, que no tenían asentado el mensaje y, por tanto, tendrían dudas, decía yo.

También el hecho intrigante en el momento, por el que advertía que algunos sonreían ante mi pregunta.

Un día paré y, menos mal que recordé lo de los "falsos amigos", pregunté qué significaba en Dariya la palabra "duda".

Se echaron todos a reir y uno de ellos, de la forma más amistosa que supo, se levantó y dijo: "... bueno, Rafa, no es exactamente así, habría que escribir 'dudah' y significa "gusano".

O sea, que estaba claro, no tenían "gusanos", pues no tenían "duda".

Recuérdese que la "a" final, en andalú, es una "a" abierta que, puede llevar una "h".

Eso, "dudah", es gusano, aunque no dude de que no lo sea.

Tanto me gustó que incorporé ese juego a la clase y se convirtió en broma usual. Ya, el preguntar sobre si algo se había comprendido constituyó un juego curioso.

Al cabo del tiempo -ya en mi destino granadino- hice un comic, en el que el personaje, un alumno, venía representado por un gusano porque se entendía que una forma de aprender es estar en "duda" continua y, así, investigar hasta dejar de ser... gusano.

 

 

martes, 7 de mayo de 2024

La educación "personalizada"

 El comienzo del mi relación con este tema está en un puritito accidente.

Recién acabada la carrera soy contratado para currrar en una institución de la que sabía tan sólo un poquito. La Sagrada Familia, institución andaluza que atendía a multitud de zonas en las que la presencia escolar post-primaria era deficiente o no existía. Fundamentalmente de Formación Profesional o, como se llamaba entonces "Escuelas de Maestría Industrial".

En muchos casos con internado en los que se llegaba a tener chicos -no había internado femenino en esos momentos- provenientes no sólo d ela región circundante, sino de toda España.

Pero daba igual, te contratan, te vas a vivir a la residencia de solteros y empiezas de... reuniones.

En ellas, un ambiente acogedor e ilusionante te informa de que la institución se va "a meter" en cambiar los paradigmas del uso diario educativo. Se va a proceder a poner en marcha una educación "personalizada".

Se supone, así, que por ser llamada de esa manera, que se va a tener en cuenta la personalidad del alumno como elemento importante en su propia formación.

Paso a paso vas construyendo tu propio edificio. Se tratará de definir qué objetivos tiene la Institución, el Centro, el tipo de estudios, el curso y.... al final, el tema del que se trate.

O sea, que partes de que el epígrafe de un tema, al modo clásico llamado "programa", tiene unos "contenidos" y, de ellos tienes que inferir qué se puede conseguir con ellos y a través de ellos para enriquecer la formación de la persona. 

Y que, en todo esto, el "discente", es decir, el que 'estudia', tiene mucho que aportar porque, si se le dice a dónde tiene que ir y cómo se sugiere que lo haga.... el camino -y el final- lo va a hacer él, a su modo.

Bonito es, o al menos lo parece y lo pareció. Y, con mucho de ánimo, de ilusión y, después, de fatiga, empezamos.

¿Cómo?. 

Con "fichas". Es decir... tema I. Magnitudes y Unidades. Te vas al "tema" de un libro clásico, ves sus "preguntas" (epígrafes que trocean al contenido para facilitar una especie de sistema) y ves qué "tiene" que hacer el alumno para retener la información que se da en ellas.

Coges la máquina de escribir -con la que había hecho ya miles y miles de "panfletos" y con uno de los clisés clásicos, perforas letras sobre él. "Objetivos", "Contenidos", "Actividades"....etc.

Salen unas hojas que, contienen, en algunos casos, algún dibujito a modo de "motivación" para lo que se va a estudiar y/o alguna anécdota que conecte el tema con una realidad cotidiana. 

Después: una lista numerada de cosas a hacer llevan a que los alumnos, mirando a unos libros de la biblioteca de aula, de observaciones en la calle o en la cocina de casa (sí, ese era el laboratorio de físico-química más próximo), contestaban a lo que se le requiriera.

Acababa la ficha en ser portada de un manojo de 3-4 folios que, convenientemente grapados se entregaba al profe.

O sea, que el profe/la profa Lola, por ejemplo, nos llevábamos a nuestro despacho unos cuantas decenas/centenas de folios.

Allí, leíamos lo que había puesto cada uno y les comentábamos -con lápiz rojo usualmente-  alguna apostilla.

Total, pongamos, 3/4 h - 1 h de confección de la "ficha", entregada a multicopista (eso era un paseo, claro), recogida de la misma, entregada en el aula, acompañamiento de la labor de los alumnos en sus trabajos de recogida de datos 3-4 horas en dos semanas (fichas referencialmente quincenales), más no sé cuantas horas de "corrección".... pues... tantas horas. 

Después, habría que hacer exámenes y eso, que estaba discutido porque nunca se consideraron significativos -a pesar de que eran insustituibles, claro- pues... eran montones de trabajos que, a unas gentes les parecían -nos- parecían importantes, bien hechos y satisfactorios y a otras, les parecían insuficientes porque no se sabía bien qué aprendían realmente los alumnos. (He puesto parecían, repetidas veces, porque la estimación real de qué eran, creo, aún está por hacer).

Pero lo dábamos por bueno -yo, al menos- porque creíamos que los alumnos, con toda esta mécánica, crecían, también en responsabilidad, participación, manejo de libros, cotejación de datos, etc. Es decir, se estaban formando.

O sea, que todo aquello no era sólo la labor de las "clases" y las "asignaturas", sino parte de un todo en el que actividades, forums, charlas, etc., constituía un conjunto de actos educativos.

Problemas había de variado tipo. Por ejemplo, los profes no tenían en principio máquinas de escribir y la institución facilitó la compra de unas máquinas portuguesas, recuerdo que verdes, que cumplían su función. Hubo que poner en marcha un departamento de reprografía y, además, lo que suponía el costo clásico de los "libros de texto" se aportaba al centro para que hubiera una biblioteca de aula. Esto suponía un choque económico y cultural notorio. Los alumnos no tenían libros y sí, al final del curso, un paquetón de folios bastante gordo.

El que en unos casos aquello fuera continuado o no -según me dice uno de los Ant.Alumnos- no lo recuerdo, pero sí que la voluntad de hacerlo continuó mientras que estuve en la SaFa.

Es verdad que teníamos que soportar una presión grande de los "clásicos". Es decir, profesores de los de siempre decían que así no se aprendía nada -o poco- y eran propensos a abundar en lecciones magistrales. Dicho en su honor tenía que reconocer -y seguí sus indicaciones- de que cuando se diera este tipo de docencia, se prepararan bien. Las clases magistrales, a pesar de la crítica que se les hizo entonces y aún hoy perdura, son fundamentales... bien hechas, no de cualquier forma.

Pero el sistema era inestable por el costo humano y el cuestionamiento de si conseguíamos lo que queríamos. Hubo voluntad, ilusión y estudio de cómo hacerlo mejor, pero no sé si llegamos a evaluarlo realmente.

Por ejemplo, los de Magisterio, que tenían que enfrentarse a una especie de "reválida" en Jaén para convalidar su título, hicieron mucha presión para volver a "clases magistrales" y, al final, confeccionaron una especie de "temas" en los que se recogían los contenidos correspondientes a su examen oficial.

Pero fue, qué duda cabe, un intento de hacer "otra cosa" que, pretendimos, fuera más cualificada que "lo de siempre" y que tuvo consecuencias, para mí, más que positivas.

¡Ah!, tengo que no dejar en el tintero algo curioso.

Los que promovíamos este tema tuvimos claro que las "fichas" las tenían que hacer los profes y no, como ocurrió a nivel nacional un par de años más tarde... las editoriales. Es más, mi sensación fue que cuando las editoriales publicaron esas fichas... el sistema se había ido al diablo.

 

Nota importante: 

Lo que he escrito tiene un carácter sexista notorio. Sólo hay profes y alumnos. -os y os-. Ninguna o casi ninguna "a".

Sólo estaba, en principio, nuestra Lola. Y algo después, Alicia. Y, en general, generalísimo ámbito, sólo había alumnos porque, fundamentalmente, he tratado de hacer historia de lo que ocurría en F.P., de la que hablaremos en otro momento.

En magisterio, habría que hacer algunas notorias excepciones.


 

 


domingo, 5 de mayo de 2024

Comienzo de curso "personalizado", pero despistado.

 

Aclaro mi inicio de relato de días atrás.
 
A saber. Año 1971, comienzo de curso, en Setiembre. Llevo cinco días contratado y me he introducido en una institución educativa un tanto -muchísimo- muy especial. 
 
Nos convocan los directivos a un Claustro en el que estamos algo así como 120 profes y nos comunican que la dirección de la Institución, en el ámbito de la LGE, va a aprovechar todas las libertades que tal ley establece para hacer renovaciones pedagógicas. En suma, que la institución se decanta por llevar a cabo la enseñanza bajo el paradigma de "Educación Personalizada".
 
Y empezamos, claro, con reuniones con gente que voy viendo tienen -y tenemos, claro- la mejor voluntad del mundo. Es decir, miles de horas al servicio de nuestra ilusión.
 
Pero voy a lo que resulta pintoresco. Montamos un curso en el que los alumnos, los tres primeros días de curso, van a recibir indicciones sobre "dinámica de grupos", "formas de organización de la clase", "tareas de investigación", "bibliotecas de aula", y vamos llegando a algo más concreto: 
 
Les decimos -todo esto rodeado con actividades de grupos, de braimstorming, de phillips 66 y demás-, que recibirán al principio de cada quincena unas hojas -folios- de las que tratamos de rehuir el nombre con el que se acaban definiendo "fichas" y, siguiendo las indicaciones que en ellas les decimos los profes, tendrán que ir redactando sus conclusiones, actividades, resolución de casos, etc. etc. 
 
Y, así, acabamos el "cursillo", digamos que un día, a eso de las 11 de la mañana. Estamos a tercera hora de -pongamos- un miércoles y cada uno de los alumnos tiene su horario en el que se le dice aula y asignatura....
pero vemos, con cierta sorpresa, que se van al pasillo. Salen al patio y de forma bastante formal charlan entre ellos.
 
Los profes, que estábamos cada uno sentados en nuestras mesas vemos cómo se nos 'escapan' los clientes. Estan fuera.
 
Y, claro, salimos a buscarlos. "¿Qué hacéis aquí?¿por qué os habéis salido?"....
 
Clarísimo: No sabían qué hacer. Repito no sabían qué -concretamente- tenían que hacer....
 
A nadie se nos había ocurrido anunciarles que trajeran una carpeta de anillas, algún dispositivo para hacerles agujeros a las hojas que les habíamos entregado y que empezaran -dado que estaba el profe en clase- a hacer las actividades que le correspondieran según su horario.
 
Sorpresa total. 
 
Menos mal que algún colega, con voz adecuada a pasillos y patios tronó: "salid al pueblo a comprar esas carpetas y volved a clase".
 
La más o menos media hora en que tardaron entre sus idas y su vuelta nos dejaron a los profes conmocionados. Teníamos que ser más concretos.
Por más buena voluntad que les pongas a las cosas o te aclaras, o no te siguen, dijimos.
 
Una señora -que no conozco- dice que está fatal escrito....
 

III Convivencia. En Baeza 04-05-2024

 

Algunas cosas curiosas que están en el tintero.

 

          Es evidente, este tema no sale porque sí, ha salido porque el otro día estuvimos juntos un montón de humanos conocidos de antiguo.

          ¿El nexo?. La SaFa, así, un acrónimo mal escrito de la “Sagrada Familia”, institución que nos unió y nos dio a conocer.

          Y, ¿por qué sale ahora? Pues porque Lola y yo, cuando veníamos de vuelta a Graná, nos dio por pensar en qué cosas sabía nuestra gente sobre lo que “era” la SaFa.

          Por ejemplo, en el plano concreto, internado, clases, talleres, cursos, gentes, amigos, pandillas, pueblos, costumbres, etc., no nos cabía -a Lola y a mí, pienso- otra cosa que atender y aprender, pero, yo le preguntaba como en otras veces,

          ¿Toda esta gente sabe en dónde estaba?¿Sabe por qué era tan interesante a los ojos de la gente que veníamos de fuera y cosas así?.

          Lola no sabía responderme, hacía estimaciones y, en general, suponíamos que sí, pero…

          … yo me sentía obligado -que es un decir- a contar algunas cosas. En cierta forma, las que me llevaron a estar entusiasmado de estar allí, de pertenecer a la Safa, aunque fuera un novato entre expertos y todo eso.

          Por ejemplo, yo conocí al Padre Villoslada mucho tiempo antes de ir a Úbeda, allá por los años sesenta y pocos. Estaba muy desgastado y se vino de vacaciones al Charcón -antigua estación de tranvías de Sierra Nevada- donde un jesuita había montado un albergue para gente joven y montañera.

          De aquí y de allá fui sacando datos.

          Al parecer -y no tan parecer, sino que era- había fundado una entidad de enseñanza para atender a las gentes de los campos de Andalucía. Me decían que una familia “bien” de Villanueva del Arzobispo había puesto a su disposición sus bienes y, de ahí y de allá, de unos y otros, se había llegado a poner en marcha una de las instituciones de enseñanza privadas más grande de España. (Cuando yo llegué a ella me decían que teníamos alrededor de 16000 alumnos).

          Pero había más, y ya estoy hablando de tiempos más cercanos a los primeros años setenta. Ya fuera por el Concilio, o por cualquier otro movimiento de puesta al día de la Iglesia, había entrado un movimiento renovador y de servicio al pueblo que no se había tenido antes.

          Por ejemplo, cuando yo llegué a conoceros, la institución se regía por un Convenio Colectivo que tenía la “banda” de salarios más cerrada que se hubiera podido tener -ni soñar- nunca. 1:2,5.

          Es decir, que el que el salario más alto de la empresa era, como mucho 2,5 veces el que menos.

          Ello era, para los que veníamos de fuera, interesantísimo. Estábamos hablando de empresas socialistas, socializadas, cooperativas o lo que fuera. Pero aquello era más de lo que se “llevaba”.

          Bien es verdad que en comparación con otros sitios pudiera considerarse exagerado y, lógicamente, muchos pensaban o pensábamos que se podría abrir el abanico sin desmerecer. Pero no voy a entrar en ello. Sólo señalarlo.

          No sólo eso, sino que además, y también marcaba una atención a los que queríamos entrar allí, el que hubiera voluntad de hacer participar a los alumnos en su vida académica.

          Ya no os acordaréis, pero era lo normal el que el delegado de curso entraba en las sesiones de evaluación. Y eso, que yo sepa, sólo se hacía en la Safa. Se instituyó un Sindicato estudiantil que estaba copiado de lo que se entendía lo más avanzado de la Universidad, del Sindicato democrático de estudiantes y eso era, visto desde fuera, más que atractivo para quienes estábamos creyendo en cambiar estructuras de los centros de enseñanza.

          Pero nada de eso valdría más que en otros sitios si no fuera porque había que señalar que la Safa, que ya en los años setenta llevaba montones de años funcionado en multitud de lugares de Andalucía, tenía una costumbre docente de primera categoría. Podría ser -a los ojos de los modernos- un poco antigua, pero ¡qué duda cabe!, con una solera, atención a los alumnos y familias que marcaba una pauta a todo el que quisiera conocerla.

          Yo aprendí allí, y confieso que metí la pata en bastantes ocasiones, a ver que había gente, antes que yo, que tenía la misma ilusión por la enseñanza que pudiera tener yo. En principio me costó algo, pero poco a poco fui creciendo en estimación a costumbres arraigadas y de gran calidad.

          La ventaja que tuve es que, al ser novato, novato, novato, estaba en condiciones de aprender, tanto que casi puedo presumir que mi mayor aportación a lo que ya hubiera era, más que las ideas, el entusiasmo por llevarlas a la práctica.

          Es decir, fuisteis atendidos por gente ilusionada, sin horario en muchas ocasiones, ¿recordáis “al” Cañas?...Y, con él, a tanta gente que dedicaba tantas horas a la escuela que, a veces, sus señoras decían que no les conocían.

          Repito lo último, fuisteis atendidos por gente entusiasmada. Ilusionada con lo que hacíamos y creyendo, sinceramente, que era lo mejor que se os podía ofrecer.

          ¿Qué hay aspectos cuestionables?. Sin ninguna duda. Por ejemplo, creímos en la Educación Personalizada, en las famosas “fichas” que, después, con el tiempo, se han visto como que no cumplían todas las propiedades positivas que creímos atribuirles, pero estaban propuestas con lo más adecuado para el momento.

          Ahora, después de haberos visto, quedo un tanto a la espera de los comentarios que creáis convenientes. Porque, está claro, puedo enrollarme todo lo que no sea necesario.

          Un abrazo a todos, de verdad, fuisteis más profesores míos que yo vuestro y, ahora, con los años, colegas (de los que leímos alguna vez algo juntos, entiendo) y amigos por encima de todo.

 


 

 

 

EXÁMENES - 3

 Me parece que estoy faltando al rigor hablando de exámenes "sin ton ni son".

En un mundo confuso o complejo -que no es lo mismo, pero es igual- merecerá siempre la pena establecer al menos unas 'condiciones de contorno'. Ver qué elementos hay comunes y cuáles de ellos diferenciadores, pero no llegar a complicar la cosa demasiado. Estamos en un blog cordial que trata de evocar recuerdos o contar anécdotas que puedan ser interesantes.

Pongamos, pues, unas condiciones de contorno simples. En principio algo hemos apuntado al señalar los exámenes de la "ley 57" (que reúne bastante a las anteriores) que sería un "estilo" y una "epoca",  y las que surgen a partir de la L.G.E.

Pero, a la vez, hay otra variable importante. Cada materia a tratar y estudiar tiene su idiosincrasia. En principio, la división más tradicional es entre "Ciencias" y "Letras" y, aún a pesar de esa 'radical' división debemos ser capaces de usarla cuando haga falta y sistematizarla más críticamente en el caso que sea necesario.

Los exámenes tradicionales -avisados, lápiz y papel y alumnos separados para evitar el copie visual- son muy diferentes entre sí bajo el último contorno citado.

No hay más que ver cómo se corrigen. Los profes de ciencias podemos ir a bastante velocidad en la observación de las aportaciones del estudiante en tanto que los de letras tienen que leer más, tardar más y decidir más difícilmente el entorno de su calificación.


Pero, pero algunas cosas de la tradicional separación entre "ciencias" y "letras" no nos resultaban ni claras ni útiles. Observamos con más detenimiento cómo se podrían agrupar las materias de una forma más sistemática. Así, bastó con observar los libros de texto, sin mirar a "quién" pertenecían y aparecieron nuevas similitudes.

Véamoslo. Había libros que tenían gran masa de escrito, algunas fotos ilustrativas, algún esquema (pocos) o algún cuadro sinóptico. Aparecieron muchos parecidos. Por ejemplo, un libro de geografía se parecía bastante a uno de historia, pero también a uno de biología o algo al de legua y literatura. 

Luego podríamos dividir el qué estudiar de distinta manera a las pertenencias tradicionales. Así, había materias cuyo fundamental tipo de examen de lápiz y papel era de preguntas de "desarollo" y otras materias que tenían más grafía específica y mucho mucho más esquemática.

Y, al cabo de esas observaciones y otras cuantas más "caemos" en un término que llegó casi por encanto. Todos estábamos metidos en las "renovaciones pedagógicas", pero no era cierto. Todos estábamos metidos en la "tecnología educativa" y esto fue particularmente motivador. No había que irse a los grandes pedagogos para saber qué hacer en clase, en la actividad docente ni en los exámenes. El término "tecnológico" era actual -años 70- y una vez dilucidado su alcance era muy sugerente. Así, el qué hacer vendría sugerido por una serie de teorías que, acotadas, daban lugar a orientaciones muy operativas.

Por ejemplo, llegó a nuestro conocimiento el esfuerzo de Bloom y sus colaboradores sobre el establecimiento de la "Taxonomía" de objetivos de la educación.

Nos parecía extraordinariamente clarificadora. Como decían los de la escuela de Chicago facilitaría el que "los profesores nos entendiéramos" y, parecía tan racional -a la vez que sencilla- que empezamos a ver en ella solución a viejos 'problemas' educativos.

Binomio "memoria-comprensión". ¿Qué era lo que teníamos que hacer?¿Impulsar la memoria o las comprensiones?.

Pues bien, llega la taxonomía del ámbito cognoscitivo y dice que lo más sencillo-simple entre las 'cosas a conseguir' en el alumnado es el repetir. Lo llamamos "conocer" y se manifiesta a través de que, por lo menos, el alumno repita aquello que le hayamos dicho.

A partir de ahí se complican las cosas y, si te lo dice con otras palabras es porque habrá cogido el núcleo del mensaje y tanto cuanto más lo cambie y a otros ámbitos, más lo habrá comprendido.

Así, 'subiendo' en complejidad se llegaría hasta conseguir que se pudieran emitir juicios cognoscitivos con cierta entidad.