martes, 18 de diciembre de 2018

Reflexiones sobre enseñanza -1 (1999)










O.- INTRODUCCIÓN.-

            El presente documento no pretende en modo alguno “llevar razón” al modo y uso de las propuestas analíticas sobre un programa político o un análisis sociológico. Es, de alguna manera, el “vaciado” de sensaciones acumuladas durante demasiado tiempo y que han ido formándose a base de conjeturas personales y de lecturas o interpretaciones de la realidad, que por no estar cotejadas con nadie, pueden ser –evidentemente- una suma de subjetividades más cercanas a una experiencia personal que una reflexión en sí.

            Parece obvio, por lo dicho arriba, que el papel que deben cumplir estas líneas es, primero, una concrección, en la reflexión, segundo, constituir un vehículo de cotejación con alguien más ducho o que tenga una visión más libre de lo que aquí se expone.

            En cualquier caso, lo dicho es sentido, fuertemente.

           

I.- ANTECEDENTES.

            Para el que suscribe, gran parte de los problemas que acontecen hoy día a la LOGSE, el personal docente, dicente y mecanismos sociales correspondientes, nace de la crisis política acontecida en el año 1982, a raíz del cambio de gobierno de la UCD al PSOE.

            Es hecho histórico, un hito, según los entendidos, que pocos países vivieron con más esperanza, ilusión y alegría el acceso democrático de un partido socialista al poder. Es bien cierto de la misma manera que una enorme capa de población estaba dispuesta a prestar ayuda, colaborar, apoyar, o lo que fuera, al nuevo sistema que se parecía vislumbrar.

            Igualmente parece ser cierto que el análisis que había hecho el grupo que se subía al poder, respecto a lo que se podía encontrar en él, tenía la misma distancia que puede haber entre Lepe y Las Antillas; es decir, se había accedido a través de un análisis formado más por ilusiones que por realidades y convocado a la voluntad personal de la misma manera. Pero así estaban las cosas y, ¡qué duda cabe!, no hay sino que congratularse con que las cosas fueran así y, sobre todo, que hayan acabado bien.

            Pero ya entonces empiezan a sentirse  cosas que huelen no del todo bien. De un lado el haber coincidido en ese mismo verano del 82, con grupos de antiguos republicanos en México D.F., que estaban molestos porque –decían- habían ido militantes del PSOE a ver al PRI...., pareciendo fácil establecerse la ‘sensación’ de que más que un servicio político la cosa empezaba por diseñar una perpetuación en el poder y no precisamente con un modelo deseable.

            Al poco de estar funcionando el gobierno socialista, empiezan algunas decepciones y, hasta ahí, todo lógico: no se crean  tan fácilmente 800.000 puestos de trabajo y, quizás lo sabíamos así de claro, pero empieza a existir un principio de realidad.

            Y si eso es en el “pueblo” llano, podemos esperar que en las ‘alturas’, tengan tanta decepción o más. El rol histórico que podría pedírsele a un gobierno socialista es que acudiera, fundamentalmente, hacia un esfuerzo en la repartición de la riqueza, al menos a intentarlo.  Pero esto es más difícil –si es que algo puede hacerse al respecto- y, también es histórico que los partidos de izquierda en el poder –según diseño y análisis posterior- tienen que hacer en muchos casos una política más liberal que los propios de derecha.

            Podría seguirse por estos devenires pero parece urgente acudir a lo que nos interesa. En poco tiempo hay que cambiar el énfasis de atención social y, así, de ser el tema de riqueza/pobreza el principal no posible, hay que derivar hacia otros roles políticos que son posibles y, sobre todo, accesibles.

            Está claro. Los grandes avances de las sociedades socialistas (aunque al pasar el tiempo se le han ido viendo sus debilidades en el terreno del reparto de la riqueza, o lo artificial o inestablemente que estaban  definidas sus bases), eran por los papeles sociales de la salud o la educación.

            Y la lectura de lo posible viene marcada hacia la segunda dado que una gran parte de la colectividad de los enseñantes estábamos “por el cambio” y de ella habían salido una enorme parte de los “cuadros” del partido socialista.

            Éramos, por tanto, un  colectivo sensibilizado y, sobre todo, “dispuesto”.

            Había que hacer, por tanto, el gran cambio en la enseñanza. Que, además de poder venderse como alcance de gestión, era –posiblemente- exportable a otros sectores sociales más remisos a la injerencia de una política socialista (léase ‘médicos’ o ‘jueces’)...

            El poderío alcanzado a través de las votaciones era tal que se permitió algún prócer del partido diseñar una nueva forma de Estado, en absoluto deseable, y que se le toleró por ‘ser vos quien sois’ o por la nueva dinámica de ‘como son de los nuestros, algo de razón tendrá...’.

            ‘Montesquieu ha muerto’. Gravísimo, Pero era de inteligentes, como en el cuentecillo famoso, ver el traje que no llevaba el rey.  Poca gente se atrevía a disentir de lo que se dijera por la izquierda socialista. Éramos viejos compañeros de viaje y había que callarse... o quedar como facha o reaccionario ante una enorme multitud.

            Puedo contar anécdotas al respecto a montones, pero no harían otra cosa sino entretenernos.

            El problema empieza a lo grande. Hay que hacer la revolución en la enseñanza. Hay que hacerla bien y perdurable. Hay que pasar a la historia como el gobierno que más ha hecho por la educación en toda la historia de España.

            Tales fines son laudables, el cómo se hicieran y qué se consiguiera a través de ellos es más discutible. Porque el problema –entre otros- y evidentemente para mí, es que alguien tuvo que descubrir en pocos años que siguen al 82 que, aparte  de todos estos servicios,  podían conseguirse otros papeles políticos de altísimo interés: el consolidarse eternamente. El que accedieran al funcionariado, en sitios claves, un montón de militantes atentos y sumisos al partido al que le deberían estar firmemente agradecidos por mejorar sus condiciones laborales y geográficas.

            Se hacen multitud de cosas, con una ambigüedad política notoria. Se multiplican estructuras del estado,  aún a pesar –y me consta- de que hubo gente que acudía a los próceres a decirles lo disparatado de tal gestión. Se quitan así los ICEs, haciéndoles la competencia con los primitivos C.E.P.s. (Ya me dirán cómo ha acabado la cosa)...

            Lo peor, para mí, es que se hizo un análisis de la L.G.E., que lo iban a entender los inteligentes, es decir, todos. Independientemente de que fuera cierto o no, fuera profesional o no, fuera representativo o no.

            Se acudió así a parámetros parciales que tenían mucha resonancia social y que, por su facilidad de asunción, iban a ser cacareados hasta la saciedad: El enorme “fracaso” escolar de la L.G.E.

            En ningún caso se situó el problema con todas sus implicaciones. El partido había dicho que había “fracaso” y ¡ya está!.

            Aquí no valió que hubiera disidentes, que hubiera gente que pidiera se hicieran las correspondientes cotejaciones con problemas culturales  de las familias de los fracasados, que hubiera una crisis cultural hacia el dinero fácil conseguido a través de algo que hasta entonces no había sido tan significativo: las producciones antiguamente marginales y ahora importantes: grupos de canciones, grandes líderes del deporte, del ocio, de la TV, etc., factores todos que no iban precisamente a motivar hacia el estudio...

            ¡Ah! Y otro fenómeno importante. El acercamiento de los salarios fuera cual fuera la preparación de los trabajadores, conseguido a través de una política, o labor sindical, que es fácil aceptar como justa pero que era difícil ver el papel desmotivador que iba a tener para los estudiantes....

            En cualquier caso, aceptado está: Hay un fracaso escolar que conviene arreglar. Por tanto, como hay fracaso, hagámos –qué menos- una Ley nueva que no tenga ese fracaso.

            El problema es que, además, hay que hacerla de manera ‘democrática’ y ‘participativa’. Se van a admitir ideas-piloto, experiencias al respecto, grupos de renovación pedagógica, y toda la parafernalia al efecto.

            Y, para motivar a la gente a que haga experiencias, nada mejor que ‘pagar’ estos servicios. ¿Cómo?. Es bien fácil, concediendo puntos para traslado o favores para acceder a estructuras que se llenan con designaciones a dedo.

            El funcionariado remiso a tal análisis o a esas estructuras o disidente, a fin de cuentas, empieza a quedarse retrasado....por cumplir la Ley en vigor.

            Podemos tocar aquí el  papel que hacen los sindicatos en cuanto a defensa de los trabajadores.... sumisos a un sistema establecido. Los disidentes...., tienen pocos derechos, son reaccionarios.

            Quede señalado de manera clara una aberración política de primera categoría: se premia a las ilegalidades. Se castiga lo legal. 

            El caso es que tal dinámica dura mucho tiempo. Seis o siete años, más o menos desde el 83 hasta el 89-90. Tanto que clama al cielo el no haber podido llegar a una Ley cuando se lleva anunciando desde tanto tiempo la necesidad de desbancar la Ley franquista que es la L.G.E.

            Lo curioso del caso es que tales años no pueden ser señalados más que como un marasmo de propuestas. Se sabe lo que no se quiere hacer, pero no se concreta en lo que se va a hacer. Véanse cómo los “bonzos” de la pedagogía de estos años no se adscriben más que a críticas y a tímidas propuestas nada estructuradas como edificio global. No se puede ser conductista, pero, entonces ¿qué se es?. No se puede ser dirigista, pero ¿cómo se arregla eso?.... Ni Gimeno, ni Serramona, ni otros que tendría que buscar ahora en la memoria y en la biblioteca dicen nada sobre teorías del aprendizaje... sólo la crítica al conductismo... y  a la enseñanza por objetivos, pero...poco más.

            De pronto ¡oh milagro!. Aparece Coll. ¡Alabado sea!. Y ahora se sabe todo.

            Menos mal porque ya casi no quedan puestos por cubrir y la máquina amenaza colapsarse con experiencias piloto, reformas adelantadas, etc...

            Ahora todos son (somos) cognitivistas. Ya hay una teoría del aprendizaje que  dice  cómo se estructura el “coco” ante la enseñanza. Y no hay más que esa. Todos los temas de todas las materias, en todas las edades, en todas las enseñanzas, han de interpretarse según el esquema cognitivista.

            ¡Y nos gusta a todos! (dicen) , porque, a fin de cuentas, los promotores y vendedores del sistema llegan a decir que ‘es lo que siempre hemos hecho’. Pero ¿no es nuevo?.

            En pocos meses, lo difuso anterior, viene a ser concreto. Ya se sabe cómo se va a legislar, decretar  y ordenar para que no exista el fracaso escolar. Vamos a ser el país de Europa que menos fracaso tiene. (Sigue sin tocarse el tema de las influencias familiares, sociales, etc... pero eso no pertenece a un colectivo sensibilizado... por tanto, no interesa... –por lo visto-).

            ¡Nace la LOGSE!. Octubre 1990 –creo recordar-. Y todo el edificio docente se aclara.

            Se aclara, entre otras cosas, que los 200.000 (tiro corto) funcionarios que pertenecen a la docencia, no estamos preparados para este nuevo esquema cognitivo. Nuestras mentes –salvo los elegidos que  optaron ya por el sistema desde muchos años antes- no están  preparadas para este esquema. Los CEPs adquieren una preponderancia enorme y hay que hacer cursillos de la administración. En ningún caso valen los de Lovaina, Harvard, o Nanterre. Nuestra Junta de Andalucía –por ejemplo- tiene más trayectoria pedagógica que cualquier universidad de reconocido nombre. Así, se premian más los cursos ‘sumisos’ al poder que los auténticamente valiosos. Pero esto es algo conocido de antiguo....(desde el 84, p.ej.).

            Entre las cosas curiosas que tiene la LOGSE es la propuesta de un revolucionario proceso de evaluación. Tanto, que –si se quiere decir de manera simple- deja chico al famoso “artículo 23” que se solía aplicar en casos extremos en algunos centros.

            Se dictan normas –que sería prolijo enumerar aquí- para que la ley sea nueva y revolucionaria.

            A los nueve años de puesta en marcha la Ley, he oído decir de insignes miembros del CEP de Granada que, “evidentemente los parámetros con que se medía el fracaso escolar en la antigua Ley no son aplicables en la nueva” (sic) y que “si se aplicaran los parámetros antiguos a los alumnos de ahora, es probable que se tuviera un mayor fracaso escolar “ (sic).

            Luego lo menos que se puede decir es que ha habido una opción fundamentalmente deshonesta al desmontar la vieja ley y montar la nueva. No se iban a arreglar los problemas de la anterior sino, posiblemente, a hacerla servir a intereses espurios.

            Pero, volveremos sobre ello más adelante. El plan, ahora, es elaborar una propuesta “crítica” (¿no se dice así?) sobre algunos aspectos de la LOGSE que pueden parecer difícilmente aceptables y que, deberán servir ante el colectivo de docentes como  el chico que llegó al pueblo y “vio al Rey desnudo encima del caballo”.

 
            En todo este marasmo hay distintas dinámicas de según qué grupos. Así, he conocido Centros de Bachillerato –ámbitos de antiguos y conocidos resistentes al régimen franquista- que  no plantean ninguna resistencia, crítica ni aportación a lo que se les viene encima. Tan sólo –si acaso- el que no se va a poder conseguir en dos años lo que antes se conseguía en cuatro. El planteamiento ante el cúmulo de sinrazones que confiesan prever en la nueva Ley es, tan sólo, que “haremos lo bueno que hacíamos siempre”. O sea, hay búsquedas individualizadas de insumisión, sin clave política y sin trascendencia social.

            En los antiguos Institutos de F.P., la dinámica es más compleja. De un lado,  un gran grupo de profesores de teóricas preven la posibilidad de ser ¡Profesores de Bachillerato!, así, con mayúscula y esto, ¿qué duca cabe? es altísimamente interesante... Otro grupo, de profesores de las distintas áreas tecnológicas piensan –me parece a mí- lo que los marines americanos en la IIª Guerra Mundial ante el altísimo número de bajas en los desembarcos en el pacífico “a mi no me va a tocar”.... la rebaja sustancial de puestos de trabajo que se puede prever fácilmente y hacen “de su capa un sayo”: “pasan”.

            Pues bien, el “coco” ya está aquí. Ya somos todos “Profesores de Educación Secundaria”, ¡qué alegría!: Empezando por lo bueno diremos que tenemos muchos más puestos a donde concursar por traslado. Así  los antiguos prof., de Bach., que quieren acceder a centros de la capital han ganado oportunidades porque son bastante más antiguos que muchos de los ‘antiguos’ de F.P., y están esas plazas para concursar. Los de F.P., porque ya podemos ir a Institutos de Bachillerato, que visten más ymejor que lo que teníamos. Los profesores habilitados, provenientes de la antigua E.G.B., van a dar clase en Institutos... ¡Todos contentos!.

            ¿Sí?, ¿de verdad?. Veamos algunas cosas de las que tenemos ahora.

            Como había que quitar “cuerpos de élite”, indignos en una organización social igualitaria, se eliminan los “cátedros de 200 temas”... Ya se venía haciendo por unos concursos de acceso de Agregados a Catedráticos, pero ahora es más ‘fina’ la cosa: Se socializa la “catedralicidad”, es decir, “todos” podemos ser catedráticos y se encuentra una forma extraordinariamente inteligente . de verdad. Como quiera que nadie o casi nadie lee los panfletos del Ministerio ni de la Consejería acerca de la nueva Ley, se va a premiar no sólo a aquellos que se los lean, sino a aquellos que  los, repitan, comprendan y proclamen. Aquellos que hagan una “memoria” en donde hayan comprendido el decreto 1007, el libro de Coll, el organigrama del nuevo sistema educativo, establezcan una propuesta (sumisa, sobre todo) del curriculum de su asignatura para Bachillerato... serán “catedráticos”, cobrarán –dijeron- alrededor de 16000 pta al mes más y se podrán hacer tarjetas de visita –cierto, hay casos- con el pomposo título –incierto por otra parte- de ser catedráticos.

            Pues bien, esta habilidosa estratagema, que creo entender sorprendió a sus propios autores por su eficacia  ha tenido un éxito considerable. Es más, ha consolidado –dijimos esto más arriba, ¿no?- más puestos de gente a-crítica con todo el sistema. Lo cual es legítimo, ciertamente,  pero al menos conviene cuestionarselo.

            Por ejemplo, hay análisis sobre las listas de la junta de andalucía, de antes de los recursos, que demuestran cómo se utilizó esta convocatoria no sólo para subida personal, sino para defensas corporativas y defensa de corporaciones políticas. Así, he oido decir, puedo decir dónde y por quien, que como quiera que esto estaba avalado por un Sr., de la Junta que provenía de la F.P.,  “estaba claro que iban a favorecer el que los de este sector llegaran al puesto de Catedrático”, lo cual les avalaba moralmente el que hicieran –los de Bachillerato- lo que estuviera de su mano para ‘compensar’ tal premisa. Y así fue en el terreno corporativo: Ganaron los de Bachillerato.

            Pero no sólo esto, sino que había otro sector significativo que concurría a la convocatoria: los antiguos Centros Sindicales. Estos, cuando estuvieron “descolocados” en el organigrama educativo, se sintieron desamparados por razones lógicas y obvias. Se apuntaron mayoritariamente entonces a la FETE-UGT, porque previeron que era el sindicato que más amparo les iba a ofrecer para su inserción en el Ministerio de Educación. Lo cual era lectura política obligada dada las circunstancias y del todo correcta, estratégicamente hablando. Pues bien, este sector salió igualmente beneficiado “comiendo” tanto bocado a los Institutos de F.P., como el que le había cogido bachillerato en su “legítima defensa”.

            ¿Cómo se podía hacer eso?. Bien claro está. En la primera convocatoria se puntuó sobre 4 el valor de la “memoria”. Las materias de Bachillerato y a las de F.P., que no competían entre sí, p.ej., Derecho, se puede pensar que las calificaciones no estuvieron presionadas por intereses de cuerpos ajenos a los que concursaban. Así, otro ejemplo, la filosofía o el griego. En ellas los tribunales tenían gente –digamoslo así- sólo de griego, filosofía o derecho, y sólo tenían que concursar y calificar.

            Las materias “comunes” eran más complicadas. Había que ver que materias tales como el Inglés, donde había profesores más ‘antiguos’ en F.P., que en Bachillerato, hubo que calificar a los primeros con “0” (cero) en la memoria, porque a poco que les pusieran ya superaban a muchos de los de Bachillerato. Y “i want think”  que muchos profesores de inglés no son tontos del todo.

            También, es curioso ver cómo militantes conocidos de FETE-PSOE-UGT, sacaban un 4 en las memorias, porque, si sacaban un 3,70 –que es también una muy buena nota- no accedían a la “condición”.

            De lo anterior tengo datos, nombres y estadísticas, que lamentablemente no tengo al día del todo porque soy incapaz por el momento de estar al día de los resultados de los recursos habidos y por haber.

            En cualquier caso lo descrito sigue formando parte del marasmo que me han permitido llenar 4 folios y medio por el momento.

            ¿Y la situación actual?.

            Esto está escrito en noviembre/diciembre del 99.

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