Esto está reescrito sobre recuerdos relativos al tema que fue empezado allá por los años 73 ó 74 del "siglo pasado".
O sea, otra vez estamos en plan "abuelo cebolleta", pero ¿qué le voy a hacer?.
En ese momento estoy destinado en el "séptimo cielo". Recién salido de la Universidad he comprobado a lo largo de todo un curso que "la enseñanza se ha hecho para mí", tal y como me veo de feliz en los quehaceres de la tiza. La vida universitaria con aquello de la lucha por la Reforma Democrática de la Universidad, a través de los "plantes" en los patios, los "no nos moverán" y la clandestinidad inherente a la actividad política en esos años de la dictadura, han creado en muchos de nosotros inquietudes que, ahora, veo como redentoras, pero que aparte de los fallos de formulación política, han supuesto un tono vital de primera categoría.
Vamos a hacer no sólo la revolución democrática, sino vamos a construir el mundo y, si podemos -que vamos a poder- a salvarlo.
Es verdad que no tenemos ninguna propuesta política, en el sentido de configurar una forma de Estado y de relaciones socioeconómicas, pero sí una gran esperanza en que formar a los alumnos en la participación en la gestión del centro, hacerlos comunes a un discurso humanísticoy de valores van a dar, con casi toda seguridad, una mejora en las relaciones humanas.
Sería largo ahondar en qué fue lo que nos indicó que teníamos que revisar también nuestra, nuestra -repito- actitud. Nos pareció que estábamos demasiado lanzados hacia la "redención social" y, en el fondo, era posible que lo que tratáramos de hacer era redimirnos interiormente.
En un momento determinado, una serie de "accidentes" profesionales nos llevaron a tener la asistencia de un profesional, psiquiatra cualificado. Empezamos a hacer lo que se llevaba en aquél momento, las terapias de grupo e imbuirnos en el espíritu del psicoanálisis, de la Gestalt y teorías grupales al uso.
No predicábamos ni practicábamos una en sí. Éramos, por decirlo de alguna manera, bastante eclécticos y, en cada momento seguíamos las pistas intuitivas sobre las explicaciones u orientaciones que nos parecían más adecuadas.
En clase habíamos "roto" bastante con el tema de la autoridad clásica. Todos somos de "tú" porque "somos iguales" y, aunque alguno de los colegas, con una cabeza más asentada, nos va advirtiendo de no jugar con las cosas que no son (por ejemplo una igualdad forzada), se advierte que aquello funciona porque hay un sembrado muy significativo de empatías en todos los sentidos.
Es decir, vivimos un clima tremendamente "afectivo". Todos estamos convocados para estudiar y arreglar las relaciones sociales e institucionales, Seremos capaces de hasta arreglar la desigualdades económicos de cualquier país....en cuanto podamos.
Pero, a la vez que hay cosas importntes las hay, digamos, "menores". Es decir, analizamos y comunicamos el cómo y el por qué tenemos algunas manías sobre unas cosas y otras. Buscamos las causas de las posibles agresividades, el por qué, el para qué salen, qué pretenden esas agresividades y, a la vez, las sublimaciones que proyectamos sobre algunas cosas.
Es un mundo tremendamente psicologizado. Don Sigmundo Freud es, en gran parte el instigador de los modos y medios de trabajar. Las "figuras" materna o paterna son referentes útiles para tratar de arreglar relaciones. Es verdad que vivíamos bajo una figura paterna omnímoda que resolvía de forma fácil contra quién luchar.
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