EXÁMENES -2
Un ligerísimo recorrido por los "exámenes de la Ley 57"...
La "disfruté" en mis primeros años de Bachillerato y finales de la preparatoria.
Eran exámenes de "lápiza y papel" en los que te ponían unas prguntas -que copiabas, claro, nada de fotocopias- y luego desarrollabas las respuestas como pudieras.
Si hacias todas las respuestas, podrías sacar un "10" dependiendo de la calidad de las mismas y, a partir de ahí, si hacías la mitad un "5" y cosas así.
Lo curioso era que eran -diríamos- que 'formales'. Es decir, tenían un protocolo insalvable. Materia explicada, materia estudiada y materia vertida.
Tan sólo la capacidad de copie -no descubierta por el profe- podría darte alguna ayuda exterior. Pero si bien quien tuviera esa capacidad la tenía a buen recaudo y, claro, no solía compartirla con nadie.
Pero su propia formalidad era, también, un prestigio. La sociedad aceptaba y admiraba -consideraba- a aquellos que, con diez años hubieran acreditado manejar las "cuatro" reglas fundamentales de las matemáticas, hubiera sabido tomar un dictado sin más de tres faltas de ortografía y alguna otra cosa más.
El título conseguido "ingreso" era un escalón en el curriculum laboral y personal.
Por aquellos años (antes de los sesenta y pocos) veía cómo mi padre se ponía delante un paquete de exámenes de Física -de Bachillerato, svp- y con todo rigor y sistema iba calificándolos.
Permitía preguntas y, a veces, a él mismo se le escapaba algún comentario.
"este está para...." o, al contrario, "magnífico" y ponía una señal de admiración en la respuesta escrita en el papel que tenía delante.
Él fue el que me hizo caer en la "falacia" del 5. Por aquel entonces se decía que quien contestaba a la mitad de las cuestiones estaba cercano al 50 % de la población y, por eso, era admisible como positivo para continuar adelante con los estudios. Claro, quien estaba por debajo, tenía que intentarlo de nuevo.
Los exámenes, en aquellos entonces -y, por ende, los suspensos- tenían cualidades de moral familiar. Así, si en una familia numerosa había un miembro -miembra- suspenso en los finales, hacía peligrar la posibilidad de vacaciones fuera de casa. A mi no me cabe duda de que esa presión -no perturbar el descanso de los hermanos- era un acicate para apuntarse a trabajar aunque no te gustara. Eso, creo, se perdió.
Pero, vuelvo a los exámenes del "57". Se ponían notas numéricas. Todos satisfechos con el método: 10, perfecto, 0, nulo y, claro, conseguir algo dentro de esos extremos tenía su enjundia. Sobre todo si era sobre un paqueton de temas dentro de un paquetón de asignaturas.
El peor problema de las "notas", desde el punto de vita cualitativo....Que se solían utilizar para castigar. Así, vi alguna vez cómo un colega ponía un "0 en, pongamos, matemáticas, porque el chico se había portado mal".
La L.G.E. trató de solucionar algo el tema. En lugar de 0 a 10, puso seis 'bandas' cualificadas en las que la mostración de aprendizaje el alumno era calificada como MD, Ins, Su, B, N y Sob. Al parecer, se pretendió discernir la solvencia de un aprobado y la banda de en medio se dividió en dos.
Aparte de ello, para no caer en la utilización espúrea de la nota de "conocimientos" en amedrentar el mal comportamiento, se pusieron 5 notas en "Actitud" que, de menor a mayor eran E,D,C,B,A.
Pero eso lo dejamos para mañana.
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