Como cualquier grupo humano, y más cuanto más grupo grande sea, más fácil es que haya grandes empatías y no tantas.
Esta es una historiquilla de esas.
Empezó, creo yo porque se me ocurrió comentar a un colega que en el tema de eficacia entre la educación y los resultados que se podrían obtener, convendría preguntar a los curas, que -según creía- llevaban años y años "enseñando" y, a la historia observando resultdos.
Pero... caí en desgracia. Eso de "preguntar a los curas" me hizo ser catalogado como un reaccionario compulsivo.
Y se las arregló el tal colega -que, para mí dejó de serlo porque, evidentemente, noleíamos lo mismo- para que cada vez que le venía a cuento, me señalaba como indeseable conceptualmente.
Y llegó otro.
Que empatizó con él y, claro, fui un reaccionario compulsivo a los ojos de dos ¿cómo llamarlos? co-profesores, que es un decir.
Un día, entra en clase una alumna que, curiosamente era una persona fuera de lo común.
Viene riéndose y con un papel en la mano.
Dice que venía de clase con el "colega-2" y que éste está montando un pequeño homenaje a las mujeres comprometidas que existieron en los años 30-40. Que va a promover una lectura de textos y/o poesías de tales mujeres y que, (dice ella que con cierta sorna), ha manifestado. "¡Hombre, podíamos decirle a Rafa Flores que lea esto!".
Mi alumna ha saltado a recogerlo y le anunció que ella se encargaba de traérmelo.
Nos estuvimos riendo un buen rato. Nos conocíamos lo suficiente como para ella saber lo que hacía y el resultado que podía tener.
El texto era uno de Margarita Nelken.
Pues bien, el día de marras, llegamos al aula. Cada profe -yo creo que era el único convocado- pero el titular estaba en su puesto, y cada cual con su papelito.
Van leyendo hasta que me toca.
Lo leo. No recuerdo la categoría moral, conceptual o política del tema, pero me traía sin cuidado y, acaba el acto.
Bueno, no acaba, aprovecho el silencio final para invitar a los asistentes a que sigamos.
Digo. "Tengo la suerte de tener contacto directo e inmediato con la familia de Margarita Nelken, en México, propongo llamarlos, decirles que hemos realizado este acto e invitarles a que digan algo al respecto".
El profe, que me catalogaba de reaccionario me mira entre sorprendido y socarrón.
Por ello, me levanto, lo cojo del brazo y vamos a Secretaría del Inst.
He calculado que mis amigos Mexicas, están levantados o a punto de hacerlo y llamo al D.F., se pone una familiar directa de la citada y me dice que, como está allí Paul Preston, que hable con él y digamos lo que queramos.
Le paso el teléfono al colega "insultador" y, éste, balbucea, no sabe qué decir. Corto la comunicación y lo miro con cara de de-precio que, creo que me-rece.
Nos fuimos, mi alumna y yo a la calle, a soltar toda la risa que teníamos acumulada.
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