sábado, 12 de enero de 2019

Los nudos pueden evaluar

No sólo hay humor, bueno o malo, en el tema de qué hacer en el aula, sino también en un montón de tareas y actividades que tienen que ver con la enseñanza.
Así, hace algún tiempo (aproximadamente 40 años, -1978 o por ahí), me encontré con que un compañero, tecnólogo en nuestros Institutos de Formación Profesional, me venía con el siguiente problema.

"Rafa, como sabes, tengo el título de Ingeniero Técnico de Grado Medio y, como también sabes, parece que van a tratar por todos los medios de que el título de referencia para poder impartir las enseñanzas va a ser el de superior. Corro peligro de que me desplacen o me inviten a dejar la tiza.
Es por eso por lo que te voy a pedir el favor de que me ayudes a escribir una memoria para presentarme a Inspector"
.
Este hombre, -gran profesional- era conocido por una serie de reivindicaciones laborales y profesionales que solían tener una línea determinada -en este momento da igual la que fuera- pero, insisto, era muy conocido entre profesores y jerarcas de la actividad docente y también eran estos conocedores de su discurso.
Quedé de acuerdo con él en echar la mano que me pedía, pero, en cuanto empezamos a trabajar al respecto decidimos cambiar -por completo- su propuesta. Ésta iba a ser novedosa y desarrollarse alrededor de estrategias de formación de los docentes, no en atenciones específicas del alumnado, como él venía insistiendo desde antiguo.
O sea, cambiar de papel, de discurso, de rol y de propuesta. Nos parecía muy adecuada para aspirar a ser Inspector de la función docente.
Y, al cabo de un cierto tiempo -poco-, nos dimos cuenta de que, por afinidades políticas, tenía pocas posibilidades de ser designado. Nuestros jefes, en ese momento -como también ha pasado en otros- exigían un sólo color en la administración docente y este hombre no era afín a esas inclinaciones políticas.
No obstante, hicimos la memoria, la trabajamos muchísimo y, satisfechos, la presentamos. Pero, ¡feliz circunstancia!, pedían que el trabajo fuera presentado en forma de legajo. Es decir, los folios estarían encerrados entre unas tapas de cartón y éstas, atadas con unas cintas a propósito.
Nos propusimos investigar si su memoria iba a ser leída o no y, a él se le ocurrió acudir a un señor que sabía de nudos marineros e hicimos unos nudos dignos de un balandro cruzando un temporal en el Pacífico.
Cuando salió la lista de elegidos se confirmaron nuestras sospechas. No estaba elegido y, se decía que había que ir a recoger los trabajos tal día y a tal hora. Hasta tanto llegaba esa ocasión tratamos de preguntar a miembros del comité evaluador qué pensaban de "nuestro" trabajo.
Nos comentaron que el concursante había dicho lo de siempre, que eso era muy manido, que tenía poca originalidad y que no estaba adecuado al momento.
Nos callamos. Fuimos a recoger el trabajo y nos fue entregado por uno de los miembros del comité evaluador.

Al recibir el paquete nos echamos a reír, claramente. Le dijimos: "no habéis abierto el trabajo".
"¿Cómo que no?¿Acaso dudáis de cómo hemos realizado la evaluación?" y, claro, dijimos que sí que no sólo dudábamos de la evaluación sino que manifestábamos que esta no se había realizado.
El evaluador se puso enfadadísimo. "¿¿¿¿cómo podéis decir esa infamia???".
Muy sencillo. Haga usted el favor de deshacer los nudos de las cintas que encierran el trabajo.
Se quedó helado. Miró los nudos y enarcó las cejas. Se sintió pillado y, claro, callado.
Como teníamos todo perdido -políticamente hablando- recogimos el trabajo. Deshicimos los nudos y, ojeando sus páginas -y con evidente sorna, claro- dijimos "esto no lo ha mirado nadie".
Le dirigimos una mirada displicente y nos fuimos.

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