Año 1964 ó 65, sexto de Bachillerato plan 57, clase de filosofía en el Instituto "Padre Suárez", de granada.
La Profesora es pequeñita, de un carácter fuerte y que exige unas relaciones institucionales y, en cierta forma, rígida.
Está exponiendo aquel cuentecillo de "Aquiles y la tortuga", donde Aquiles echa a correr detrás de la tortuga que le lleva una cierta ventaja y en la que la relación de las velocidades es la mitad, una respecto a otra. La profesora anuncia, con cierto triunfalismo que 'nunca Aquiles pillará a la torturga porque, siempre le queda una mitad por recorrer".
Se me escapa un gesto entre escepticismo y broma. La profesora lo capta al instante y me reconviene: "Sí, Flores (nos llamaban por el apellido), ¿no lo entiende?, siempre le queda la otra mitad...
Voy a levantarme para argüir alguna cosa más o menos lógica (para mí está claro que el ejemplo es válido siempre que traten a Aquiles como punto y a la tortuga como punto, porque, si no, el apato de Aquiles pisa a la tortuga desde "antes de llegar"), pero, en ese momento, suena el timbre.
Noto que la profesora se ha quedado enfadada conmigo y, en el pasillo, me lo confirman los compañeros.
Rafa, prepárate que, mañana, sales a la pizarra.
Llego a casa y, mientras estamos comiendo, suena el teléfono. Lo cojo y "por favor, quisiera hablar con D.Nicolás -mi padre-". Le doy el teléfono a mi padre y le digo, "la profa de Filosofía".
Cuando, al cabo de un ratito, mi padre llega a la mesa, me pregunta ¿Qué le has hecho a Doña Salud?.
Le cuento el caso de Aquiles y la tortuga. Se echa a reir y me dice, 'tendrás que preparar algo para explicarte, porque está que truena'.
"¡No hay problema!", digo yo, "le voy a contar la costumbre de la familia de comerse los pasteles por la mitad, de la mitad, de la mitad, teoricamente, siempre quedaría una mitad por cortar, pero.... el pastel desaparece".
Mi padre se echa a reir y le parece correcto.
Al día siguiente, llego a clase. "Flores, ¡a la pizarra!, a ver, explique qué es lo que no entiende..."
Y, allá que voy. Subo al estrado (teníamos tarima, claro), y dibujo un pastel paralelepipédico. Digo, en mi familia, tenemos la costumbre de cortar un pastel como este, por la mitad, y retirarlo al plato. -Borro la mitad del prisma dulce que hay en la pizarra- . Luego, llega otro familiar, y corta la mitad que queda, por la mitad. -Borro la mitad- , luego otro familiar hace lo mismo. -Borro la mitad de la mitad de la mitad-, y... hay expectación en la profesora, y risas contenidas en la clase. El final está claro. Le digo a la profesora, "hay un momento en el que el cuchillo es ya más grande que la mitad que queda y, como además tiene adherencias, se ha llevado el posible pastel que quede".
La clase riendo, la profesora no sabe qué decir y, entonces, me voy a la piarra debajo del pastel y dibujo una sucesión de puntos gordos y puntos pequeños. Aquiles y la tortuga y asevero mayestático que lo que ella cuenta filosóficamente es totalmente cierto siempre que Aquiles y a tortuga sean puntos.
"Muy bien, Flores, muy bien, siéntese, por favor".
Pero yo ya sé que en el siguiente examen tendré que preparármelo muy bien, porque lo va a mirar punto por punto.
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