lunes, 18 de febrero de 2019
lios concepcionistas y parteros
Año, aproximadamente 1963 ó 64. Curso: Creo que Cuarto de Bachillerato (14 años). Asignatura, "Religión", con D.Manuel Casares como profesor.
Y lo digo con nombre y apellido porque tengo de él muy buen recuerdo.
A éste hombre le debo -y creo que mis compañeros también- la oportunidad de haberme acercado al concepto de "evolución", de haberme hecho reflexionar sobre temas de fé y razón y, en suma, de hacer que su asignatura, hasta entonces, dogmática y aburrida, fuera, al menos, interesante. Que no es poco.
Recuerdo perfectamente la clase en que estábamos, como siempre, en el Instituto Padre Suárez, de Granada. Desde nuestros ventanales se veía la esquina de la Escuela Normal de Magisterio y algo de los jardines del Triunfo.
Un buen día empieza la clase que, como digo, este hombre la hacía interesante y comienza por una larga introducción acerca de cómo en Granada, en condiciones difíciles, empezó el dogma de la "Inmaculada Concepción".
Estamos atentos, yo al menos, porque esa era una idea que había oído siempre en mi familia, pero que, a decir verdad, no la tenía muy clara.
Hay un intercambio de opiniones y de una forma casi inmediata, sale el tema de la "virginidad de Maria".
Seguimos la clase y se pasa de una a otra idea en varias ocasiones hasta que, en un momento, D.Manuel, nos mira y nos dice:
"¿Tenéis claro de qué estamos hablando?".
Silencio.
Alguno, arguye, "pues sí, .. de eso...", pero no concreta.
D. Manuel lo mira y dice, "tú, tampoco".
Queda en silencio y al final, como reflexionando en voz alta, dice: "Vamos a tener que pedir ayuda".
Como entre unas cosas y otras se va terminando la clase, nos sugiere que le contemos el episodio al profesor de Ciencias Naturales y que él nos "oriente".
Efectivamente, al día siguiente, al entrar en clase de 'naturales', el delegado de curso, hombre formal donde los hubiere, le cuenta a D.Fernando lo que había ocurrido en clase de religión y que D.Manuel nos había sugerido que se lo dijéramos a él.
D. Fernando, profesor mayor, socarrón hasta decír ¡basta!, se rie por debajo, nos mira con cara de cómplice y trata de 'quitarse el mochuelo'. "A ver, a ver, entonces, ¿tengo que hablar de temas que tienen que ver con la virginidad?.¡ Pues vaya!.¡Caray con el encargo!..."
Y, entonces, con una actitud bastante histriónica, proclama. "¡Vale!, aceptado, pero.... la semana que viene. De aquí a entonces, hagan ustedes por enterarse por su cuenta. Es un buen trabajo de investigación".
El caso es que así lo hicimos. Cada uno por su cuenta, en grupos o por amistades, fuimos preguntando algo que mi hijo pequeño lo cifró en una frase magistral. Dijo: "¿alguien, alguna vez, me dirá, exactamente, cómo se hace un niño?".
A la semana siguiente, el profesor de Ciencias nos preguntó: "¿hace falta explicar algo?". Le dijimos que no, que ya lo habíamos aprendido. Y, añadió: "Pues díganle a D.Manuel que ya he cumplido su encargo".
Nos echamos a reir y al día siguiente o al otro, en clase de Religión, D.Manuel nos preguntó sobre si habíamos averiguado algo.
Le dijimos que sí, que, al menos, aquello que tuviera que ver con lo de la virginidad, sí lo teníamos -más o menos, claro- aprendido, que por tanto podía proseguir.
Y empezó a hablar del "Pecado original", de cómo nacíamos con él, etc etc. y que si la madre de Jesús se había quedado sin "mancha" y.....
Empezó el aluvión de preguntas que solía hacer el grupo. A nadie nos gustaba el tema de ese 'pecado' del que teníamos una culpa difusa. Que no era nada claro que "existiera", que....en fin, análisis y discusión como nos correspondía.
El profesor, echándose a reir, nos dijo, "¿Veis cómo yo tenía razón de que empezarais preguntando por ahí?. Al menos me he ahorrado un trozo de explicación y habéis tenido sitio para empezar con las cuestiones interesantes...Y, si ahora, tocamos lo de "antes del parto, en el parto y después del parto", tenemos para un montón de discusiones...
Como se puede colegir fácilmente, el tema me parece divertido por el ambiente que, recuerdo, se generó en clase, la complicidad y coqueteo con los profesores y, si se quiere decir como se hace ahora, el afán "investigativo" que nos provocó.
También se puede colegir que no tengo ningún interés en entrar en el tema en sí. claro.
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