En uno de los centros que 'atravesé' en mi vida profesional me encontré con un problema un tanto extraño. En un curso, creo que segundo o tercero de oficialía (estábamos en la FP de la ley 57 en España), había un buen ambiente en general, pero había algo que no 'olía' bien. Un chico que era extraordinariamente educado -es decir, con un correctísimo comportamiento- y que actuaba siempre con una probidad y gran estilo, era visto con un cierto grado de tensión entre sus compañeros.
Si preguntábamos a alguno de ellos sobre qué pasaba, eludían contestar. Se escapaban 'por los cerros de úbeda' como decimos por aquí. Es decir, ni idea del tema.
Yo era tutor del curso y se me ocurrió hacer una experiencia muy curiosa. Dije que íbamos a hacer "roll playing" y, bajo ese epígrafe tan exótico llegué un día a clase con tants cartulinas e imperdibles como alumnos tenía.
En estas cartulinas tenía escrito, con grandes caracteres, el nombre de todos y cada uno de los alumnos. Las repartí con una planificación que había hecho en casa y entregué a cada uno de los chicos y las chicas, sus cartulinas... pero no sus nombres, sino otros cambiados.
El alumno que nos preocupaba -es un decir, porque, en principio no lo hacía- se encontró representado por otro compañero que, me constaba, era un chico bastante serio y solvente.
Se cambiaron las posiciones a los sitios que normalmente tomaban los nombrados como tal.
El alumno a observar se puso nerviosísimo. Miró su tarjeta y trató de ver quién era el que lo iba a 'representar'.
Empecé a hacer una clase normal. El plan era que cada uno se comportara como hacía el que le había 'tocado' en su tarjeta.
En principio risas y aquello prometía ser un rato más divertido que otra cosa, pero dije que hicieran el favor de comportarse como lo hicieran entre clase y clase.
Hubo risas pero ¡sorpresa!. Todos miraron al que iba a representar al observado.
Éste se levantó, empezó a molestar a los compañeros y compañeras, expeler ventosidades y alguna procacidad más.
El 'observado' trató de defenderse. Dijo que él no hacía eso. Todos, radicalmente, le dijeron que sí.
Corté rápidamente el tema. Pedí que me devolvieran las tarjetas, que volvieran a sus sitios 'normales' y aproveché para hacer unas encuests de trámite.
Cuando salimos de clase me llevé al observado al exterior y, después a un despacho que nos prestaron.
No hizo falta ni hablar, le propuse que, si estaba dispuesto a comprometerse a modificar su comportamiento, yo estaría dispuesto a protegerlo de todo comentario.
Volvi a clase y pedí a todos que, olvidaran todo lo que había pasado, porque había pasado ya y no volvería a ocurrir.
Y así fue
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