domingo, 3 de marzo de 2019

Miedo a los ordenadores

Para "Educar con Humor", el 03 / 03  / 2019

Esto ocurrió hace 17 ó 18 años. Salgo de una clase de primero de la ESO donde hay un número significativo de repetidores, gente que ha venido de otros centros y algún que otro inmigrante de otro país. Ha sido una clase difícil porque ha habido lucha de idiosincrasias, algún descoloque, un inicio de discusión gorda entre un chico y una chica y una decepción mía porque el tema que llevaba era -a mi juicio- la mar de interesante.
Me encuentro con que mi amigo Jose Luis Destrieux (lo pongo como homenaje), que está de administrador en mi centro y con el que me une una sincera amistad, viene corriendo hacia mí y me dice: "Rafa, acaba de llegar un correo electrónico de la Junta de Andalucía que te va a gustar, ven conmigo a la secretaría".
En esos momentos estamos iniciando las nuevas tecnologías y, claro, expectantes ante ellas.
Voy a su despacho y tiene abierto en pantalla un correo.
La sección tal o cual de la Consejería de Educación nos invita a que desarrollemos un pequeño ensayo sobre si los profesores TEMEMOS que los ordenadores nos puedan llegar a quitar el trabajo.....
¡Je!, me siento en la mesa y les arreé una contestación de varios folios. Evidentemente les dije que no, por el momento y desafiaba a que en el futuro me lo volvieran a preguntar porque... entre otras cosas. No creía que un ordenador, puesto al frente de una clase, supiera discernir si una cuestión de un alumno era para peguntar o para incordiar, si cuando algún chico o chica hiciera una aportación fuera para decírsela al profesor, para agredir a alguno de sus compañeros o para vengarse de que el día anterior lo habían dejado callado. Tampoco el que un tratamiento de imágenes pudiera interprerar adecuadamente las caras, mohines, tics o arrugas de boca o fruncimiento de ceño para dirigir alguna consideración al sujeto. También negaba al ordenador la velocidad de respuesta ante una alteración del ruido de fondo de la case, discerniendo a la vez si conviene reprimirla o, por el contrario, dejarla ir.
En suma, que "ordenadores a mí", en clase y, en caliente, para el curso del que acababa de salir.
O sea, pasé un rato estupendo
Al cabo de quince días nos vino, por la misma vía, un saludo y reconocimiento del organismo que había emitido la encuesta diciéndonos que habíamos sido los que más rápido habíamos contestado y más extensos. Decían que "¿Cómo era posible que lo tuviéramos tan claro?".
No les contestamos, pero hubiera sido interesante.

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