Parecía ser cierto que hay que estar atentos para... atender y aprender.
Que, por tanto, el ambiente en clase ha de estar marcado por un silencio tranquilo, buena visión, movimientos sólo los necesarios, pizarra, iluminación, temperatura adecuada y cosas así.
Por tanto, como se decía del "valor" para los militares, esas cosas, se suponen.
Pero, ¿qué se hace si no se tienen?.
Se buscan. O se marcan, o se imponen, o se exigen, o se.... qué se yo.
Al final hay casi un proceso de resignación.
Se consigue material adecuado -sillas, mesas, paredes, construcción, etc-, se tiene ambiente sano, clase nueva en edificio nuevo, buena iluminación, acústica adecuada, pero la base, la base humana, puede ser caótica, que es el adjetivo más descriptivo al momento.
O sea, treinta alumnoas o por ahí. Mesas separadas durante un rato, porque luego, como si tuvieran patas voluntarias acaban juntas según afinidad de sus ocupantes, grupos de amigos jaleosos más que atentosos, en fin, condiciones básicas que no parecen optimizar el esfuerzo.
Pero no es sólo eso. Uno es increpado, después de 30 años de actividad profesional, a que saque el espectro que va desde el encanto personal al malaje andalú. Y, según el día, la hora, el momento del grupo auditor, tiene éxito... o no.
Menos mal que hay esperanza. Y es luminosa.
En medio del caos hay dos personas. Dos mozas, de igual edad que el resto, un poquito más altas que el promedio pero, sobre todo y manifiestamente, están sentadas enhiestas, como pilares, como pilares de lo deseable.
Ojos perpendiculares a la pizarra, mesa limpia y ordenada, lápices adecuados y oídos esperando escuchar lo que les importa.
Alrededor, caos, caos, mayor de lo esperado, mayor de lo deseable, mayor que lo aguantable. Desesperante.
Ni aún imponiéndote, de la forma que la experiencia te haya dado como más eficaz, consigues crear ambientes positivos de más de ....x, minutos. Pero, por mor de esa profesionalidad, impartes la clase. Es decir, te ves explicando a cuatro ojos y cuatro oidos fijos y algunos esporádicos más.
Y empiezas a observar el fenómeno.
Es un canto magnífico al interés y a la voluntad.
Hay quien quiere... y puede, aunque tenga que luchar contra los elementos, como eso que decían de la Armada Invencible. Y, lo que es mejor, ganan.

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