martes, 7 de octubre de 2025

Disfrazado de jeque

 En Atarfe, en nuestro Insti, instauramos hace muchísimo tiempo algo así como  una semana cultural.

Normal y, en ella, cada uno de nosotros aportaba lo que tenía a bien.

En mi caso, lo hice dos o tres veces, daba una charla -cuyo pretexto era el Sáhara Español, pero que ampliaba a recorridos por el Tercer Mundo y algo de geopolítica- y que, en uno de los casos me resulta especialmente grato recordar.

Porque acabé haciendo el gamberro.

A saber. La charla, creo que era la segunda vez que lo hacía, se basaba en mis diapositivas del año 86, en mi estancia en aquellos lares.

Acompañaba con dibujos en la pizarra, algún mapa y demás.

Pero en este caso hice algo especial. 

Me llevé mi darráh. El vestido que más me gusta en el mundo y así como se lo iba enseñando empecé a cavilar una Rafada.

Me lo fui poniendo y tratando de que me quedara lo mejor posible.

Al final de la charla estaba vestido de Saharaui. 

Al ponerme el turbante, los alumnos advirtieron que se me reconocería por los ojos. Pues, nada, unas gafas.

Acabé la charla, salimos y me fui a clase. Ya allí empezó el jaleo. Los alumnos me reconocieron inmediatamente, el profe de guardia no. Y pasó un mal rato porque los alumnos me jalearon estrepitosamente. 

Pero aproveché la ocasión, salí de clase y me fui a buscar a la compañera de Francés. Le invité a que me acompañara a ver a la directora. Que yo iría chapurreando en francés frases inconexas y que ella traduciría diciendo que yo era un jeque interesado en traer a mi hijo al Instituto si la directora me garantizaba buenas notas. Buenísimas notas.

Allá que fuimos, Luisa y yo. Entramos en el despacho de la jefa y, recibidos muy correctamente, la colega se enrolla con el tema que llevamos. La dire, muy comedida, dice que eso no es posible pero que garantiza la máxima atención a mi vástago y que hará todo todo todo lo posible por el éxito escolar. 

Y dale con el latazo. Así varias veces hasta que nos fuimos cansando.

Y me quité las gafas. La jefa dio un salto y chilló. ¡Rafa!¡tenías que ser tú!....

Pero también se rió con nuestra ocurrencia.

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