Pido perdón, lo que voy a contar a continuación tiene aspectos desagradables. Va dedicado a todos los colegas que ahora, o hace una semana, empezaron a plantear sus planificaciones de curso. Todo lo que haya quedado de los "diseños curriculares base" o como quiera que hayan ido cambiando de nombre.
Yo empecé a trabajar de profe con la recién inaugurada L.G.E del año 1970 Ley sugerida o tutelada, según nos dijeron por el Club de Roma y algunos pedagogos al uso, de la que también se dijo que era una ley tecnócrata cuyo único fin era proveer a las empresas de trabajadores más o menos cualificados. Ley que promovió la escolarización obligatoria -y gratuita- hasta los 16 años y que potenció la evaluación continua, educación personalizada y algunas cosas más.
En ese momento no había costumbre de recurrir a psicologías de la educación que sirvieran de sustento para lo que se hiciera en clase. No obstante, vivíamos en una época en la que la socialización del conductismo estaba en la calle y, de alguna manera, 'todos éramos conductistas'.
No era, pues, incongruente que algunos pedagogos hablaran de los "Diseños Curriculares". Teníamos a un Skinner que no salía en los Simpson, pero que sí escribía libros, teníamos "máquinas de enseñar" y algunos artilugios más, como esperanza de hacer el aprendizaje más cómodo. Pero, repito, en ese contexto (podría puntualizar -y mucho- pero....) era congruente no sólo que los profes hicieramos programaciones pormernorizadas, sino que las hicieran los departamentos, los claustros, y las incipientes autonomías.
Todo tenía que venir encerrado en un "libro gordo de petete" en el que se reúnia todo lo que había que hacer en cualquier momento y situación del año. No olvidemos el aura adjunta al conductismo: teníamos un funcionamiento en el que confiábamos en el principio de causalidad, aún a pesar de que en el esquema E=S-R, ese "igual" era una doble flecha. El Estímulo y el Sujeto se interrelacionaban totalmente.
Pero aquello cayó totalmente. Del conductismo había que huir porque, porque.... era tremendo, fascista, manipulador, etc. y la necesidad de planificar tan tremendamente como antes pasó por una bajada en su estimación.
Pero ¡hete aquí que al cabo de unos años surgen los "Diseños curriculares Base" que todos debemos de hacer, que todos debemos tener presente en todo momento y situación y que regirán bajo peligro de sanción de no hacerlo así, durante todo el curso académico.
Las Editoriales se pusieron las pilas. Si escogías sus textos te daban el Diseño hecho y, entonces, no tenías más que hacer. Seguirlo. Pasarlo al ordenata, corregir la cabeza y el pie de página para que no apareciera la editorial y entregarlo. C'est tout.
Yo empecé a trabajar de profe con la recién inaugurada L.G.E del año 1970 Ley sugerida o tutelada, según nos dijeron por el Club de Roma y algunos pedagogos al uso, de la que también se dijo que era una ley tecnócrata cuyo único fin era proveer a las empresas de trabajadores más o menos cualificados. Ley que promovió la escolarización obligatoria -y gratuita- hasta los 16 años y que potenció la evaluación continua, educación personalizada y algunas cosas más.
En ese momento no había costumbre de recurrir a psicologías de la educación que sirvieran de sustento para lo que se hiciera en clase. No obstante, vivíamos en una época en la que la socialización del conductismo estaba en la calle y, de alguna manera, 'todos éramos conductistas'.
No era, pues, incongruente que algunos pedagogos hablaran de los "Diseños Curriculares". Teníamos a un Skinner que no salía en los Simpson, pero que sí escribía libros, teníamos "máquinas de enseñar" y algunos artilugios más, como esperanza de hacer el aprendizaje más cómodo. Pero, repito, en ese contexto (podría puntualizar -y mucho- pero....) era congruente no sólo que los profes hicieramos programaciones pormernorizadas, sino que las hicieran los departamentos, los claustros, y las incipientes autonomías.
Todo tenía que venir encerrado en un "libro gordo de petete" en el que se reúnia todo lo que había que hacer en cualquier momento y situación del año. No olvidemos el aura adjunta al conductismo: teníamos un funcionamiento en el que confiábamos en el principio de causalidad, aún a pesar de que en el esquema E=S-R, ese "igual" era una doble flecha. El Estímulo y el Sujeto se interrelacionaban totalmente.
Pero aquello cayó totalmente. Del conductismo había que huir porque, porque.... era tremendo, fascista, manipulador, etc. y la necesidad de planificar tan tremendamente como antes pasó por una bajada en su estimación.
Pero ¡hete aquí que al cabo de unos años surgen los "Diseños curriculares Base" que todos debemos de hacer, que todos debemos tener presente en todo momento y situación y que regirán bajo peligro de sanción de no hacerlo así, durante todo el curso académico.
Las Editoriales se pusieron las pilas. Si escogías sus textos te daban el Diseño hecho y, entonces, no tenías más que hacer. Seguirlo. Pasarlo al ordenata, corregir la cabeza y el pie de página para que no apareciera la editorial y entregarlo. C'est tout.
Pues bien, me pasé unos años reflexionando sobre qué era lo que había hecho que los jefes educativos pusieran no sólo énfasis, sino coerción a este respecto.
¿Para qué?, me preguntaba. Si no confiamos en ninguna causalidad, ¿cómo vamos a prever que la clase que yo dé en Febrero, tenga que tener estos elementos y que obtenga -necesariamente- buenos resultados (notas)?.
Pues había que hacerlo. Atentos. Que no falle nadie.
¡Ah!, de otra parte me parecía un riesgo para la eficacia. Si yo planeo con mucha precisión la observación de un fenómeno que tiene su propia dinámica y he de atenerme a los patrones puestos al principio, cuanto m´s larga sea el tiempo de aplicación, más resultados tendré que "echar fuera"... pero eso es otro tema que hablaremos después.
¿Para qué?, me preguntaba. Si no confiamos en ninguna causalidad, ¿cómo vamos a prever que la clase que yo dé en Febrero, tenga que tener estos elementos y que obtenga -necesariamente- buenos resultados (notas)?.
Pues había que hacerlo. Atentos. Que no falle nadie.
¡Ah!, de otra parte me parecía un riesgo para la eficacia. Si yo planeo con mucha precisión la observación de un fenómeno que tiene su propia dinámica y he de atenerme a los patrones puestos al principio, cuanto m´s larga sea el tiempo de aplicación, más resultados tendré que "echar fuera"... pero eso es otro tema que hablaremos después.
Permítaseme que corte aquí. Hago una segunda parte.
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