Aclaro mi inicio de relato de días atrás.
A saber. Año 1971, comienzo de curso, en Setiembre. Llevo cinco días contratado y me he introducido en una institución educativa un tanto -muchísimo- muy especial.
Nos convocan los directivos a un Claustro en el que estamos algo así como 120 profes y nos comunican que la dirección de la Institución, en el ámbito de la LGE, va a aprovechar todas las libertades que tal ley establece para hacer renovaciones pedagógicas. En suma, que la institución se decanta por llevar a cabo la enseñanza bajo el paradigma de "Educación Personalizada".
Y empezamos, claro, con reuniones con gente que voy viendo tienen -y tenemos, claro- la mejor voluntad del mundo. Es decir, miles de horas al servicio de nuestra ilusión.
Pero voy a lo que resulta pintoresco. Montamos un curso en el que los alumnos, los tres primeros días de curso, van a recibir indicciones sobre "dinámica de grupos", "formas de organización de la clase", "tareas de investigación", "bibliotecas de aula", y vamos llegando a algo más concreto:
Les decimos -todo esto rodeado con actividades de grupos, de braimstorming, de phillips 66 y demás-, que recibirán al principio de cada quincena unas hojas -folios- de las que tratamos de rehuir el nombre con el que se acaban definiendo "fichas" y, siguiendo las indicaciones que en ellas les decimos los profes, tendrán que ir redactando sus conclusiones, actividades, resolución de casos, etc. etc.
Y, así, acabamos el "cursillo", digamos que un día, a eso de las 11 de la mañana. Estamos a tercera hora de -pongamos- un miércoles y cada uno de los alumnos tiene su horario en el que se le dice aula y asignatura....
pero vemos, con cierta sorpresa, que se van al pasillo. Salen al patio y de forma bastante formal charlan entre ellos.
Los profes, que estábamos cada uno sentados en nuestras mesas vemos cómo se nos 'escapan' los clientes. Estan fuera.
Y, claro, salimos a buscarlos. "¿Qué hacéis aquí?¿por qué os habéis salido?"....
Clarísimo: No sabían qué hacer. Repito no sabían qué -concretamente- tenían que hacer....
A nadie se nos había ocurrido anunciarles que trajeran una carpeta de anillas, algún dispositivo para hacerles agujeros a las hojas que les habíamos entregado y que empezaran -dado que estaba el profe en clase- a hacer las actividades que le correspondieran según su horario.
Sorpresa total.
Menos mal que algún colega, con voz adecuada a pasillos y patios tronó: "salid al pueblo a comprar esas carpetas y volved a clase".
La más o menos media hora en que tardaron entre sus idas y su vuelta nos dejaron a los profes conmocionados. Teníamos que ser más concretos.
Por más buena voluntad que les pongas a las cosas o te aclaras, o no te siguen, dijimos.
Una señora -que no conozco- dice que está fatal escrito....
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