El comienzo del mi relación con este tema está en un puritito accidente.
Recién acabada la carrera soy contratado para currrar en una institución de la que sabía tan sólo un poquito. La Sagrada Familia, institución andaluza que atendía a multitud de zonas en las que la presencia escolar post-primaria era deficiente o no existía. Fundamentalmente de Formación Profesional o, como se llamaba entonces "Escuelas de Maestría Industrial".
En muchos casos con internado en los que se llegaba a tener chicos -no había internado femenino en esos momentos- provenientes no sólo d ela región circundante, sino de toda España.
Pero daba igual, te contratan, te vas a vivir a la residencia de solteros y empiezas de... reuniones.
En ellas, un ambiente acogedor e ilusionante te informa de que la institución se va "a meter" en cambiar los paradigmas del uso diario educativo. Se va a proceder a poner en marcha una educación "personalizada".
Se supone, así, que por ser llamada de esa manera, que se va a tener en cuenta la personalidad del alumno como elemento importante en su propia formación.
Paso a paso vas construyendo tu propio edificio. Se tratará de definir qué objetivos tiene la Institución, el Centro, el tipo de estudios, el curso y.... al final, el tema del que se trate.
O sea, que partes de que el epígrafe de un tema, al modo clásico llamado "programa", tiene unos "contenidos" y, de ellos tienes que inferir qué se puede conseguir con ellos y a través de ellos para enriquecer la formación de la persona.
Y que, en todo esto, el "discente", es decir, el que 'estudia', tiene mucho que aportar porque, si se le dice a dónde tiene que ir y cómo se sugiere que lo haga.... el camino -y el final- lo va a hacer él, a su modo.
Bonito es, o al menos lo parece y lo pareció. Y, con mucho de ánimo, de ilusión y, después, de fatiga, empezamos.
¿Cómo?.
Con "fichas". Es decir... tema I. Magnitudes y Unidades. Te vas al "tema" de un libro clásico, ves sus "preguntas" (epígrafes que trocean al contenido para facilitar una especie de sistema) y ves qué "tiene" que hacer el alumno para retener la información que se da en ellas.
Coges la máquina de escribir -con la que había hecho ya miles y miles de "panfletos" y con uno de los clisés clásicos, perforas letras sobre él. "Objetivos", "Contenidos", "Actividades"....etc.
Salen unas hojas que, contienen, en algunos casos, algún dibujito a modo de "motivación" para lo que se va a estudiar y/o alguna anécdota que conecte el tema con una realidad cotidiana.
Después: una lista numerada de cosas a hacer llevan a que los alumnos, mirando a unos libros de la biblioteca de aula, de observaciones en la calle o en la cocina de casa (sí, ese era el laboratorio de físico-química más próximo), contestaban a lo que se le requiriera.
Acababa la ficha en ser portada de un manojo de 3-4 folios que, convenientemente grapados se entregaba al profe.
O sea, que el profe/la profa Lola, por ejemplo, nos llevábamos a nuestro despacho unos cuantas decenas/centenas de folios.
Allí, leíamos lo que había puesto cada uno y les comentábamos -con lápiz rojo usualmente- alguna apostilla.
Total, pongamos, 3/4 h - 1 h de confección de la "ficha", entregada a multicopista (eso era un paseo, claro), recogida de la misma, entregada en el aula, acompañamiento de la labor de los alumnos en sus trabajos de recogida de datos 3-4 horas en dos semanas (fichas referencialmente quincenales), más no sé cuantas horas de "corrección".... pues... tantas horas.
Después, habría que hacer exámenes y eso, que estaba discutido porque nunca se consideraron significativos -a pesar de que eran insustituibles, claro- pues... eran montones de trabajos que, a unas gentes les parecían -nos- parecían importantes, bien hechos y satisfactorios y a otras, les parecían insuficientes porque no se sabía bien qué aprendían realmente los alumnos. (He puesto parecían, repetidas veces, porque la estimación real de qué eran, creo, aún está por hacer).
Pero lo dábamos por bueno -yo, al menos- porque creíamos que los alumnos, con toda esta mécánica, crecían, también en responsabilidad, participación, manejo de libros, cotejación de datos, etc. Es decir, se estaban formando.
O sea, que todo aquello no era sólo la labor de las "clases" y las "asignaturas", sino parte de un todo en el que actividades, forums, charlas, etc., constituía un conjunto de actos educativos.
Problemas había de variado tipo. Por ejemplo, los profes no tenían en principio máquinas de escribir y la institución facilitó la compra de unas máquinas portuguesas, recuerdo que verdes, que cumplían su función. Hubo que poner en marcha un departamento de reprografía y, además, lo que suponía el costo clásico de los "libros de texto" se aportaba al centro para que hubiera una biblioteca de aula. Esto suponía un choque económico y cultural notorio. Los alumnos no tenían libros y sí, al final del curso, un paquetón de folios bastante gordo.
El que en unos casos aquello fuera continuado o no -según me dice uno de los Ant.Alumnos- no lo recuerdo, pero sí que la voluntad de hacerlo continuó mientras que estuve en la SaFa.
Es verdad que teníamos que soportar una presión grande de los "clásicos". Es decir, profesores de los de siempre decían que así no se aprendía nada -o poco- y eran propensos a abundar en lecciones magistrales. Dicho en su honor tenía que reconocer -y seguí sus indicaciones- de que cuando se diera este tipo de docencia, se prepararan bien. Las clases magistrales, a pesar de la crítica que se les hizo entonces y aún hoy perdura, son fundamentales... bien hechas, no de cualquier forma.
Pero el sistema era inestable por el costo humano y el cuestionamiento de si conseguíamos lo que queríamos. Hubo voluntad, ilusión y estudio de cómo hacerlo mejor, pero no sé si llegamos a evaluarlo realmente.
Por ejemplo, los de Magisterio, que tenían que enfrentarse a una especie de "reválida" en Jaén para convalidar su título, hicieron mucha presión para volver a "clases magistrales" y, al final, confeccionaron una especie de "temas" en los que se recogían los contenidos correspondientes a su examen oficial.
Pero fue, qué duda cabe, un intento de hacer "otra cosa" que, pretendimos, fuera más cualificada que "lo de siempre" y que tuvo consecuencias, para mí, más que positivas.
¡Ah!, tengo que no dejar en el tintero algo curioso.
Los que promovíamos este tema tuvimos claro que las "fichas" las tenían que hacer los profes y no, como ocurrió a nivel nacional un par de años más tarde... las editoriales. Es más, mi sensación fue que cuando las editoriales publicaron esas fichas... el sistema se había ido al diablo.
Nota importante:
Lo que he escrito tiene un carácter sexista notorio. Sólo hay profes y alumnos. -os y os-. Ninguna o casi ninguna "a".
Sólo estaba, en principio, nuestra Lola. Y algo después, Alicia. Y, en general, generalísimo ámbito, sólo había alumnos porque, fundamentalmente, he tratado de hacer historia de lo que ocurría en F.P., de la que hablaremos en otro momento.
En magisterio, habría que hacer algunas notorias excepciones.

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