Algunas cosas curiosas que están en el tintero.
Es evidente, este tema no sale porque sí, ha salido porque el otro día estuvimos juntos un montón de humanos conocidos de antiguo.
¿El nexo?. La SaFa, así, un acrónimo mal escrito de la “Sagrada Familia”, institución que nos unió y nos dio a conocer.
Y, ¿por qué sale ahora? Pues porque Lola y yo, cuando veníamos de vuelta a Graná, nos dio por pensar en qué cosas sabía nuestra gente sobre lo que “era” la SaFa.
Por ejemplo, en el plano concreto, internado, clases, talleres, cursos, gentes, amigos, pandillas, pueblos, costumbres, etc., no nos cabía -a Lola y a mí, pienso- otra cosa que atender y aprender, pero, yo le preguntaba como en otras veces,
¿Toda esta gente sabe en dónde estaba?¿Sabe por qué era tan interesante a los ojos de la gente que veníamos de fuera y cosas así?.
Lola no sabía responderme, hacía estimaciones y, en general, suponíamos que sí, pero…
… yo me sentía obligado -que es un decir- a contar algunas cosas. En cierta forma, las que me llevaron a estar entusiasmado de estar allí, de pertenecer a la Safa, aunque fuera un novato entre expertos y todo eso.
Por ejemplo, yo conocí al Padre Villoslada mucho tiempo antes de ir a Úbeda, allá por los años sesenta y pocos. Estaba muy desgastado y se vino de vacaciones al Charcón -antigua estación de tranvías de Sierra Nevada- donde un jesuita había montado un albergue para gente joven y montañera.
De aquí y de allá fui sacando datos.
Al parecer -y no tan parecer, sino que era- había fundado una entidad de enseñanza para atender a las gentes de los campos de Andalucía. Me decían que una familia “bien” de Villanueva del Arzobispo había puesto a su disposición sus bienes y, de ahí y de allá, de unos y otros, se había llegado a poner en marcha una de las instituciones de enseñanza privadas más grande de España. (Cuando yo llegué a ella me decían que teníamos alrededor de 16000 alumnos).
Pero había más, y ya estoy hablando de tiempos más cercanos a los primeros años setenta. Ya fuera por el Concilio, o por cualquier otro movimiento de puesta al día de la Iglesia, había entrado un movimiento renovador y de servicio al pueblo que no se había tenido antes.
Por ejemplo, cuando yo llegué a conoceros, la institución se regía por un Convenio Colectivo que tenía la “banda” de salarios más cerrada que se hubiera podido tener -ni soñar- nunca. 1:2,5.
Es decir, que el que el salario más alto de la empresa era, como mucho 2,5 veces el que menos.
Ello era, para los que veníamos de fuera, interesantísimo. Estábamos hablando de empresas socialistas, socializadas, cooperativas o lo que fuera. Pero aquello era más de lo que se “llevaba”.
Bien es verdad que en comparación con otros sitios pudiera considerarse exagerado y, lógicamente, muchos pensaban o pensábamos que se podría abrir el abanico sin desmerecer. Pero no voy a entrar en ello. Sólo señalarlo.
No sólo eso, sino que además, y también marcaba una atención a los que queríamos entrar allí, el que hubiera voluntad de hacer participar a los alumnos en su vida académica.
Ya no os acordaréis, pero era lo normal el que el delegado de curso entraba en las sesiones de evaluación. Y eso, que yo sepa, sólo se hacía en la Safa. Se instituyó un Sindicato estudiantil que estaba copiado de lo que se entendía lo más avanzado de la Universidad, del Sindicato democrático de estudiantes y eso era, visto desde fuera, más que atractivo para quienes estábamos creyendo en cambiar estructuras de los centros de enseñanza.
Pero nada de eso valdría más que en otros sitios si no fuera porque había que señalar que la Safa, que ya en los años setenta llevaba montones de años funcionado en multitud de lugares de Andalucía, tenía una costumbre docente de primera categoría. Podría ser -a los ojos de los modernos- un poco antigua, pero ¡qué duda cabe!, con una solera, atención a los alumnos y familias que marcaba una pauta a todo el que quisiera conocerla.
Yo aprendí allí, y confieso que metí la pata en bastantes ocasiones, a ver que había gente, antes que yo, que tenía la misma ilusión por la enseñanza que pudiera tener yo. En principio me costó algo, pero poco a poco fui creciendo en estimación a costumbres arraigadas y de gran calidad.
La ventaja que tuve es que, al ser novato, novato, novato, estaba en condiciones de aprender, tanto que casi puedo presumir que mi mayor aportación a lo que ya hubiera era, más que las ideas, el entusiasmo por llevarlas a la práctica.
Es decir, fuisteis atendidos por gente ilusionada, sin horario en muchas ocasiones, ¿recordáis “al” Cañas?...Y, con él, a tanta gente que dedicaba tantas horas a la escuela que, a veces, sus señoras decían que no les conocían.
Repito lo último, fuisteis atendidos por gente entusiasmada. Ilusionada con lo que hacíamos y creyendo, sinceramente, que era lo mejor que se os podía ofrecer.
¿Qué hay aspectos cuestionables?. Sin ninguna duda. Por ejemplo, creímos en la Educación Personalizada, en las famosas “fichas” que, después, con el tiempo, se han visto como que no cumplían todas las propiedades positivas que creímos atribuirles, pero estaban propuestas con lo más adecuado para el momento.
Ahora, después de haberos visto, quedo un tanto a la espera de los comentarios que creáis convenientes. Porque, está claro, puedo enrollarme todo lo que no sea necesario.
Un abrazo a todos, de verdad, fuisteis más profesores míos que yo vuestro y, ahora, con los años, colegas (de los que leímos alguna vez algo juntos, entiendo) y amigos por encima de todo.

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