Estará mal decirlo pero en el desarrollo de mis años de tiza tuve un par de aciertos. Creo que originales.
Por ejemplo: Cuando estaban más que recomendados, prohibidos de una forma u otra, el hacer "exámenes finales"... entendiendo por tales un "examen" de papel y lápiz que abarcara en sus posibilidades de preguntas todos los "contenidos" del curso, se me ocurrió un plan pintoresco.
Quedé con los alumnos que me interesaba saber cuál era el "nivel" que les había quedado sobre "toda" la física y química... al final de curso.
Es evidente que si hacía ese ejercicio y hacia valer sus notas máso menos sobre las obtenidas por evaluación continua, podía tener problemas con la inspección. Pero no era plan de pelearse. Yo quería "saber" -yo- qué quedaba al "final" de "todo" lo que se hubiera estudiado.
Pues lo plantee como una encuesta. Es decir, se hacía el ejercicio en forma y modo tradicional (fecha y hora, claro, individuales, separados, eetc. etc), pero, bajo seudónimo.
Es decir, que en la hoja de entrega de resultados no podía -ni tenía- que aparecer el nombre del que lo hacía, sino nombres como "Conejo de la suerte", "capitan Hadock", o cualquier otro al uso.
Y, a la vez, podía quedar claro. Yo daría la snotas que correspondieran a esos seudónimos y, podría darse el caso -como se dio- que un par de alumnos sacaron mejor nota en ese ejercicio que en la que llevaban de "continuo".
No habría problema. Se identificarían quiénes eran y su éxito, pasaba a "oficializase".
Lo gracioso es que en uno de los casos anuncié que "Caperucita Roja" tenía un 8 ... y era un chico. Traté de mantener el secreto pero no hubo forma. La juerga que se armó fue propia del momento.
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