miércoles, 1 de agosto de 2018

orígenes de la química

En más de una ocasión, en los inicios de los estudios de la química, formulación y nomenclatura, allá por 3º de ESO, me encontré con que el gentío que poblaba mi clase no estaba nada motivado para aprender nombres, claves ni ningún tipo de sistematización de los mismos.
Se me ocurrió ser un poco guarro, bueno, digamos que retorcido en el uso del lenguaje y conté una historia, que anuncié como novelada en parte, sobre cómo y por qué había que tener símbolos y nombres claros para las distintas sustancias.
Imaginad, decía yo, "que en un castillo feudal hay un antiguo pastor que, gracias a las observaciones que hacía sobre el distinto comportamiento de las ovejas según las hierbas que hubieran comido, llegó a aprender cómo se podían usar éstas para distintas dolencias de los humanos.
Llegó a saber tanto que escribió un libro y estaba contento por ello. Pero, un día, su dueño y señor empezó una lucha con el señor del castillo de al lado.
La guerra continuó durante algún tiempo y el pobre "físico" del que estamos hablando vio que sus conocimientos podían perderse y, también, su puesto de trabajo porque cualquiera que conquistara el castillo, se apoderaría de su libro y sabría tanto como él.
Entonces, empezó a reescribir lo anterior, pero poniendo otras sustancias en lugar de las que él sabía como ciertas, de tal manera que si se utilizaba el libro así, tal cual, los enfermos empeorarían y tendrían que llamarlo a él para interpretar sus símbolos y dichos".
A partir de ahí el libro pondría "caca de vaca" en lugar de "genciana", "orines de perro" en lugar de "aceite de alcanfor" y cosas así.
Imagínense los lectores la cantidad de cosas que se les ocurría a los alumnos que oían esto para describir las sustancias que les rodeaban. Llegamos a llenar un par de pizarras con nombres cambiados, sucios y peligrosos si se aplicaban tal y cual se describían.
Y, entonces, con todos los disparates dichos sobre lo que estábamos hablando, me tocaba impartir la sensatez del futuro.
¿Tenía sentido el que cada experimentador escribiera sus hallazgos como le viniera en gana?. Contestación general: "Nooooo", (bueno, alguno seguía diciendo que aquello hubiera resultado divertido).
Luego, yo, "¿Hace falta poner nombres claros?", Juerga y risas en las contestaciones..."...depende de lo que queramos conseguir", "depende de si queremos tener un puesto de trabajo exclusivo..." y cosas así.
Bueno, pues, entonces, empezamos. Al hidrógeno se le conoce bajo el símbolo de H, al Helio bajo el He, y, describía unos cuantos elementos del S.P.
¡Ya estábamos metidos en él!.

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