Segundo día de memorias de nuestro "Insti", aún entonces "Sección Delegada".
Tengo, como cualquiera de vosotros, recuerdos confusos entre caras y nombres pero eso sí, creo no haber olvidado nunca una cara. También, también lógicamente, a qué curso correspondía cada uno de los que componíamos aquellas pandas tan divertidas.
Ojo, en algunos momentos éramos serios.
Por ejemplo, acabando con el tema del frío de las clases. El profe de prácticas de electricidad propuso que los estudiantes se hicieran cargo de la instalación eléctrica del centro. Que se pondrían cables adecuados para ponernos estufas eléctricas y, así, dejar de estar "atufados" por los gases -ya entonces- de efecto invernadero y axfisiantes.
Y los pusieron, y pusimos unas estufas que -decían- eran de "calor negro". Un pequeño lío físico pero que inevitablemente -y mira que luchamos contra eso- hacían que la gente moviera mesas y sillas para estar cerca de los radiadores. Esos, los cercanos, no pasaban frío, pero el resto....nos aguantábamos.
El centro era tan pequeño que, recuerdo, vino un Inspector a vernos y le recibimos en una salita que había como "despacho", al lado de lo que era la "administración". Allí, hablamos con él. Salimos al pasillo y dijo... "y, ¿dónde está la Jefatura de estudios?". Nada, dimos la vuelta -él a nuestro lado- y volvimos a entrar en el despacho del que habíamos salido. Nueva salida y nueva pregunta: "entonces, ¿La secretaría?". Dimos la vuelta, pero esa vez él no cayó en la trampa. Dijo, "vale, me he enterado. Sois lo más pequeño que se despacha en centros de enseñanza".
¡Que si éramos pequeños!. Cuando arreglamos la entrada para hacerlo a traves del patio, por aquella puerta que daba al campo, pusimos la "sala de profesores" en lo que era la "entrada" antigua y allí, uno de los profes se puso a leer el periódico iDEAL, sentado y abriendo las páginas a todo su ancho. Llegó otro y le dijo, "Oye, cierra el periódico a la mitad, que no quepo"....
Pero, lo mejor, lo mejor érais la gente. Una de vosotras, cuando todavía teníamos la puerta que daba al callejón que venía de la plaza del Ayuntamiento, tenía que calcular los pasos antes de llegar porque, como la acera era muy alta, tenía que llegar a ella con los pasos exactos porque, si no, necesitaba dar la vuelta y volver a intentarlo.
En algún momento, supongo que era en tiempos de exámenes, a uno -porque supongo que fue uno y no una- se le ocurrió llamar diciendo que había puesto una bomba en el Insti. Llamamos a la policía y nos dijeron que teníamos que salir todos a la calle, pasar lista para ver quien estaba allí y quién no y estar todos juntos. Llegaron los Guardias Civiles destinados a desactivación de explosivos y dijeron que era necesario que entrara con ellos un profesor y las llaves de todos los armarios y todas las aulas. Entre yo.
Íbamos el Guardia Ciil, un perro y yo. Me dijo que fuéramos al laboratorio. Llegados al sitio donde estaban las cosas de química, el perro se sentó en el suelo, pero de una forma muy rara. El guardia se quedó extrañado y me pidió que fuéramos al armario donde estuvieran las cosas de limpieza. Así lo hicimos y el perro se volvió a sentar de una forma rarísima.
El guardia volvió a mirar al perro más que extrañado. Paseamos por todo el centro, aulas, armarios y pasillos y el perro no se volvió a sentar de ninguna manera.
Bajamos por las escaleras que daban al patio, absolutamente vacío de gente porque todo el mundo estaba en la puerta lejana, que daba a La Vega. Veo que el guardia tumba al perro y le mira su entrepierna. Me llama y dice, "mire usted, el perro se sentaba muy mal porque está escocido" (me había explicado que cuando los perros de explosivos huelen algo, tienen que sentarse correctamente en el suelo). Nos echamos a reir después del medio susto que habíamos pasado y, riendo riendo llegamos a donde estaba todo el mundo.
Nos mirásteis como si fuéramos extraterrestres (al poli y a mi) y cuando explicamos lo que había pasado, pues eso, nos reimos todos y volvimos a clase.
La vez siguiente que llamó el de la bomba -que ya sospechábamos quién era y por qué lo hacía- le dijimos que dejara de hacerse el interesante, que estudiara y que viniera a clase. Ya no "hubo" más bombas.
Seguiremos.
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