miércoles, 6 de noviembre de 2019

Historia del "Insti" de Atarfe - 1

Llevo tiempo tratando de sentarme a contar una historia muy larga, tan extensa que en cierta forma me anuncia que me puede cansar.
Empieza en el año 1979. Y, en la parte que nos toca, lo hace en Atarfe, en un viejo edificio que estuvo dedicado a escuela infantil.
Allí "aterrizó" la concesión de puesta en marcha de una "Sección delegada del Instituto Politécnico Nacional", el que había en el Estadio de la Juventud, junto al Camino de Ronda, en Granada.
Se iban a impartir enseñanzas de Formación Profesional. Empezaban con las ramas de Electricidad y Administrativo para los dos niveles de FP I y FPII y darían los títulos de técnico auxiliar y técnico especialista.
Yo llegué a ese centro para comenzar el curso 1980-81. Éramos 9 los profesores destinados a él ya de forma definitiva. Teníamos unos 75 a 80 alumnos y alumnas -que hay que decir así, no por lo del lenguaje sino porque era verdad- Esta gente se agrupaba en clases no muy numerosas. Las del primer curso algo más concurridas que las de los cursos superiores.
Para llegar allí se partía de chicos y chicas que hubieran hecho 8 cursos en EGB, aunque no hubieran alcanzado el Graduado Escolar y teníamos claro que tenían su derecho -y deber, claro- de estar hasta los 16 años, por lo menos.
Empezamos el curso con ánimo. Los de los primeros cursos, más jaleosos y numerosos, quedaban compensados con gente formal y sensata y, también, a través de que los profes -y profas, claro- éramos gente joven y marchosa. Aunque, pienso, tenía bastante que ver el que durante las seis horas que teníamos de clase, no todas eran teórics sino que se alternaban con prácticas y tecnología.
Nuestra clase de prácticas de electricidd se impartía en el antiguo comedor del grupo. Un edificio de ladrillo que estaba en mitad del patio.
Pero todo esto es más serio de lo que quería contar. Yo querría haber empezado por la cantidad de aventuras que ocurrian todos los días.
Así, por ejemplo, a algún graciosillo o graciosilla, se le empezó a ocurrir meter palillos de dientes en la cerradura de la puerta principal.
En un principio tratabamos de sacar el palillo con una aguja o similar, pero, viendo que tardábamos muchísimo, empezamos a contestar con originalidad. Como en el pasillo del local había un montón de ventanas, dejábamos una abierta -sin aldaba por dentro- y, cuando al llegar cada día a clase nos encontrábamos con el palillo, no vacilábamos. Encargábamos a algún voluntario -que siempre hubo- de subirse a los hombros de otro y colarse por la ventana. Como por dentro la cerradura no tenía palillo, abría la puerta y entrábamos a las clases. Al cabo de un par de semanas el "retardador" del palillo -al que nunca descubrimos quién era- dejó de hacerlo.
Problema zanjado
Pasábamos un frío de los de impresión. En mi clase de física, que estaba un poco más avanzada que las otras, había quien se llevaba un vasito de plástico con un culillo de agua.
Puesto en las inmediaciones de la ventana lo teníamos como aviso, si llegaba a cuajarse -de hielo- salíamos al patio a correr hasta que se nos quitaban los tiritones.
Y, claro, tratamos de que el Ayuntamiento -nuestro valedor- nos ayudara a calentar las clases. Nos dio estufas de butano con lo que se cumplía un poquito el servicio pero, al cabo del rato, aquello estaba lleno de esos gases que ahora lían el "cambio climático" y había que abrir las ventanas. La clase se aireaba, se volvía a enfriar. Volvíamos a pasar frío mientras que la clase se volvía a contaminar y así, hasta que alrededor de las doce de la mañana, nuestros calores humanos caldeaban el ambiente y apagábamos las estufas.

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