(Esto ya lo pusimos anteriormente, pero se puede repetir) |
Un recuerdo divertido para seguir con el buen rato que pasamos ayer....
Un cuento -real- que pasó en el edificio de la antigua Formación Profesional. A ver si hay alguien que lo recuerde porque es del año 1984 o por ahí... Teníamos una clase grande -de tres ventanas- para las asignaturas de prácticas de administración y, al fondo, le hicimos un cubículo para poner una mesa grande en la que se dispusieron varios ordenadores. Pues bien. A poco de empezar a introducirse los ordenadores como útiles de enseñanza/aprendizaje tuvimos que iniciar una gama de comportamientos respecto a los mismos. Eran, en principio, objetos mágicos, asombrosos, capaces, de verdad que nos resultaban motivadores y, a veces, desconcertantes. Pero hay que decir que, también, en nuestro ambiente les hicimos coincidir con el bagaje de humor que le echábamos a la acción diaria. Así, recuerdo que en pequeño instituto teníamos cuatro o cinco aparatos, en una especie de aula aparte, auxiliar de la clase de prácticas de contabilidad, y donde también íbamos los profes a tratar de dominar aquél nuevo medio. Un día estoy yo, sólo, en uno de los aparatos. Sé que en veinte minutos van a empezar a llegar los alumnos de prácticas quienes, en una relación de dos chicos por cada aparato, van a comenzar sus apuntes contables. Estamos en los primeros días de un nuevo curso y sé, también, que los chicos son 'novatos'. ¿Qué se me ocurre?. Sacar un pañuelo y ponérmelo en la cara al modo y forma en que hemos visto en las películas del oeste atracar bancos. Llegan los alumnos, me ven y, de reojo, compruebo que me señalan con el dedo y se ríen, modosamente. Pero no se quedan ahí: "Rafa ¿qué haces con el pañuelo?". Reclamo silencio, les digo que se sienten en sus aparatos, que yo ya me voy pero que hagan lo mismo que yo pues en los ordenadores hay "virus" y pueden ser contagiosos. No hay más que hablar, los chicos -y chicas, claro....-, se sientan en sus sitios se ponen sus pañuelos y encienden sus pantallas. Dejo mi sitio, me levanto, me quito el pañuelo y voy hacia la entrada de la clase. Me cruzo en ese instante con mi compañero que está entrando, lo saludo y se dirige hacia donde están los ordenadores. Salgo, pero dejo la puerta un poco abierta. Oigo: "¿Qué hacéis?¿por qué os habéis puesto los pañuelos así?". Le contestan lo que yo les he dicho y, cierro la puerta, para que la carcajada del profe no se oiga en el resto del Instituto.... En el recreo e buscaron los alumnos, muertos de risa por la broma que les había gastado. La disfrutamos durante varios días. |
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