Acabo de tener una conversación con mi mujer sobre algo que puede ser pintoresco (por llamarlo de alguna forma).
Por la mañana nos leemos -cada uno con su terminal- la prensa del país. Mi mujer lee muchos más que yo y, cuando tomamos café, conversamos sobre algunas cosas de las que hemos leído.
Esta mañana hemos sacado una conclusión que no sé si es divertida o tragicómica -que no es lo mismo-. Se trata de que constatamos que los líderes políticos son "lo menos didácticos del mundo".
Es decir, pensamos que se explican fatal, pero no tanto por las palabras -que también- sino que no están siendo capaces de definir los ámbitos, potencias y limitaciones de lo que dicen. (A lo mejor habría que haber estudiado algo más de filosofía básica. Saber qué es lo fundamental y qué es lo accesorio, a qué trozo de población se refieren y a cuál no....
Un ejemplo. Si un político empieza explicando un concepto por los juicios de valor corre un alto riesgo de confundir a sus oyentes sobre a qué se refiere exactamente. Más sencillamente, cuando aplica el epíteto "fascista" y no ha dicho -que no va a decir- en dónde ha empezado a ser real esa calificación, desmerece su calificación y devalúa su denuncia.
Igual pasaría si a otro se le llama "comunista" y tampoco se hace acotación alguna. Sobre todo cuando los epítetos se usan de modo insultante.
En fin, creo que sueño -que soñamos- en que algún gestor de la res-publica o posible gestor futuro, sea capaz de discernir los elementos que forman su discurso, a qué parte de la infraestructura económica va a dedicar su trabajo, qué relaciones económicas y de poder va a reformar....
Y, los sueños, sueños son.
Por la mañana nos leemos -cada uno con su terminal- la prensa del país. Mi mujer lee muchos más que yo y, cuando tomamos café, conversamos sobre algunas cosas de las que hemos leído.
Esta mañana hemos sacado una conclusión que no sé si es divertida o tragicómica -que no es lo mismo-. Se trata de que constatamos que los líderes políticos son "lo menos didácticos del mundo".
Es decir, pensamos que se explican fatal, pero no tanto por las palabras -que también- sino que no están siendo capaces de definir los ámbitos, potencias y limitaciones de lo que dicen. (A lo mejor habría que haber estudiado algo más de filosofía básica. Saber qué es lo fundamental y qué es lo accesorio, a qué trozo de población se refieren y a cuál no....
Un ejemplo. Si un político empieza explicando un concepto por los juicios de valor corre un alto riesgo de confundir a sus oyentes sobre a qué se refiere exactamente. Más sencillamente, cuando aplica el epíteto "fascista" y no ha dicho -que no va a decir- en dónde ha empezado a ser real esa calificación, desmerece su calificación y devalúa su denuncia.
Igual pasaría si a otro se le llama "comunista" y tampoco se hace acotación alguna. Sobre todo cuando los epítetos se usan de modo insultante.
En fin, creo que sueño -que soñamos- en que algún gestor de la res-publica o posible gestor futuro, sea capaz de discernir los elementos que forman su discurso, a qué parte de la infraestructura económica va a dedicar su trabajo, qué relaciones económicas y de poder va a reformar....
Y, los sueños, sueños son.
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